Nepotismo, ¿Problema político o problema humano?

Por Carlos McCoy martes 21 de mayo, 2019

La definición de nepotismo, en el diccionario de La Real Academia de la Lengua, es la siguiente: “Desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las concesiones o empleos públicos”.

Resulta que, como casi todo en nuestro país, de vez en cuando ponemos algún tema de moda y, como dicen ahora, “se hace viral en las redes”.

La chercha actual es “el nepotismo en el gobierno”

Salen informaciones de que perencejo, hijo de sutanejo, está nombrado en tal o cual estamento del Estado Dominicano.

No vamos a discutir si esas publicaciones son ciertas o no.  Lo que sí queremos destacar es lo siguiente.

¿Se han preocupado, esos que le tiran lodo a un familiar de un funcionario que trabaja en el estado, por saber si esas personas están capacitadas para ejercer el puesto que ocupan?

El hecho de usted llegar a ser un ejecutivo en el estado o ser un oficial electo, ¿Debe condenar al resto de la familia a no ser parte del gobierno, aunque tengan todos los méritos académicos para serlo?

Si tomamos la familiaridad como parámetros para vetar a un ciudadano de acceder a una posición en alguna instancia de la administración pública, Vicente Celestino Duarte, no hubiera sido diputado, solo porque era el hermano mayor de Juan Pablo Duarte.

¿Se imaginan no haber podido contar con los conocimientos y la intelectualidad de Frank, Pedro, Max y Camila, ¿solo porque eran hijos de Salomé Ureña y Francisco Henríquez y Carvajal, quien había sido ministro de relaciones exteriores y presidente de la república?

¿Podríamos cuantificar las cantidades de cerebros que desperdiciaríamos si se aplica a rajatablas este concepto?

Debemos ser vigilantes de que el estado no se cualquierice, como nosotros mismos, de manera irresponsable, hemos cualquierizado el congreso y las alcaldías, votando por corruptos, bandidos e ineptos que todos sabemos a que van a esos puestos.

Pero, en ninguna circunstancia podemos castigar la capacidad de una persona, regularmente joven, por el simple hecho de ser pariente de un funcionario.

Además, y esto es sumamente importante, no debemos perder de vista que, desde tiempos inmemoriales, la tendencia humana es a proteger y tratar de que nuestros hijos, familiares y hasta los amigos, progresen.

Aquellos que ostentan una buena posición, desde donde pueden ayudar, sin romper la ética, a su entorno familiar y no lo hacen, se ganan el repulso de la sociedad y es muy común oír en boca del pueblo lo siguiente: “Ese es un desgraciado, no ayuda a nadie”. ¡Ni siquiera a su propia familia!

Los Estados Unidos de América, país con el que mayormente los dominicanos hacemos comparaciones, han hecho caso omiso de la palabra nepotismo y van a la maquinaria del estado cada miembro por sus propios méritos, sin importar familiaridad entre ellos.

John F. Kennedy era el presidente de esa nación, mientras sus hermanos menores, Robert “Bob” Kennedy era el procurador general y Edward “Ted” Kennedy era el senador del estado de Massachusetts.

La familia Bush es otro ejemplo y hay muchos más.

Como colofón, no hacemos esta defensa por motivos personales.

Nuestra familia es bastante pequeña.  McCoy, es un apellido poco común en la República Dominicana.

No somos funcionario del gobierno ni tenemos ningún familiar directo trabajando en el mismo.

Pero aquellos que sí lo son y tienen parientes, como eficientes y capacitados colaboradores de este excelente gobierno, deben sentirse orgullosos.

Los lazos sanguíneos nunca pueden convertirse en un valladar.

Por Carlos McCoy

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