Necesitamos más trabajo remoto (para todos)

Por Arturo López Valerio

La capacidad de trabajar en línea no debería ser algo agradable para unos pocos, sino una opción para todos.

Una promesa de la tecnología es que es un gran ecualizador. Pero la realidad no ha sido tan simple.

La infusión de tecnología en más industrias es un factor que ha llevado a una división de la fuerza laboral estadounidense entre trabajos prometedores con buenos salarios y trabajos de salarios bajos con menos posibilidades de progreso.

El New York Times reportó el año pasado sobre cómo la pandemia provocó que más empresas utilizaran la automatización, lo que podría eliminar puestos de trabajo y erosionar el poder de negociación, en particular para los trabajadores de servicios con salarios más bajos.

El trabajo remoto podría ampliar aún más la brecha si se mantiene como otro legado de la pandemia. Los profesionales con trabajos de escritorio pueden tener la opción de desconectarse, al menos a tiempo parcial, de un lugar de trabajo físico. Pero aún no podemos trabajar en ganadería, cuidar niños o pavimentar una carretera a través de Zoom.

Apple y otros gigantes tecnológicos exploraron planes que podrían mostrar un camino más democrático para el trabajo remoto. Estos experimentos permiten a los empleados de tiendas y oficinas trabajen parcialmente fuera de la ubicación de la empresa. Es una señal intrigante de que la tecnología podría hacer que la opción del trabajo remoto esté disponible para más que solo profesionales, que son una minoría de la fuerza laboral en Latinoamérica.

Según una encuesta realizada por Deloitte en 2020 en Centroamérica y República Dominicana, el 57 por ciento de las organizaciones no tenían empleados trabajando de forma remota antes de la pandemia de COVID-19. Sin embargo, debido a la crisis sanitaria, más de la mitad indicó tener entre el 75 y el 100 por ciento de su fuerza laboral operando de forma remota.

Empresas como Apple pueden ofrecer asesoramiento técnico o manejar las ventas en línea sin estar cara a cara con los clientes. Eso no es tan fácil para las personas empleadas en la mayoría de los demás trabajos en Mipymes, o en atención médica, manufactura, construcción y restaurantes.

La gran lección que debemos sacar de esta pandemia es que lo más probable es que no sea la última crisis que interrumpa la vida normal. Desde ahora las personas, empresas, gobiernos y tecnólogos deben estar pensando ahora en cómo hacer posible realizar más actividades temporalmente en línea, no como algo agradable para unos pocos, sino como una necesidad para todos.

Eso requiere abordar el sistema de Internet desigual e ineficaz de la República Dominicana y cambiar la mentalidad de los empleadores y empleados acerca de trabajar lejos de una oficina. Es posible que no tengamos otra opción si futuras pandemias, huracanes u otras emergencias vuelven a interrumpir la escuela, el trabajo y la vida.

La buena noticia es que desde el congreso se ha trabajado un marco legal para que el teletrabajo sea una realidad en el marco jurídico local. Esta semana el Diputado Orlando Jorge Villegas depositó el Proyecto de Ley de Teletrabajo, una pieza en la cual se manifiestan los aprendizajes que debemos mantener pendientes en la memoria institucional de las organizaciones.

Debemos evitar la amnesia institucional y operativa que afectó al país, a fin de prepararnos para un futuro que podría verse empañado por más crisis que nos obliguen a separarnos. Debemos centrarnos en las tecnologías que hacen posible que las personas estén separadas y sigan “echando pa’lante” a través de mejores servicios en-línea.

Por Arturo López Valerio

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