Necesitamos construir un estado capaz que impulse el desarrollo humano

Por Edgar Marcano jueves 28 de mayo, 2020

Solo la paz de Dios calma nuestros paisanos, desolados reanudamos las actividades ante un paro insostenible, dirigentes nada repúblicos dictan protocolos insostenibles, la muerte viaja sobre nuestras piernas, esa es la cara de la miseria, nuestros códigos son simples postulados de letras muertas, nuestros caudillos no nos dispensan sino problemas, jamás hacen lo que les corresponde, es usual el azote de los desórdenes y la violencia, RD merece mejor suerte y líderes sensatos.

Deben dejar votar a la diáspora, somos el 8% del padrón y decidiremos las elecciones, es menester disponer de control sanitario para los pacíficos invasores haitianos, mientras la apatía de nuestros caudillos ateístas ha desatado la ira del infierno, se han ganado la animadversión, el odio y el asco de los depauperados que son la gran mayoría dominicana, ahora para remesar la diáspora huele, pero para votar hiede, según nuestra despiadada cleptocracia, mientras bajan la guardia sanitaria contra el Covid, los empresarios quieren sus beneficios y los políticos quieren sus votos, ante la reapertura chocan autoridad y sentido cívico, impera la anarquía, nos resistimos a aprender, a pesar de la peste, la muerte viaja en el transporte colectivo, nadie teme naufragar, el pavor es general, en tanto la autoridad yerra, dándo palos a ciegas al menejo viral, ceñirse a las limitaciones impuestas no es un juego de niños, no sabemos hasta cuándo, ignoramos el retoño, ni para cuándo la normalidad, del antídoto ni se diga, mientras la peste se expande, cada muerte es una tragedia, nuestros códigos apuntan al bien común, pero en los hechos nuestros caudillos nos dispensan un autoritarismo feroz, cuasi tiránico, cada gestión es más medalaganaria y desconcertante.

Sus tratados, sus acciones, sus credos parecen ser actos de rebeldía de la plebe, basta citar el 3% de los ingresos del oro, no tiene perdón de Dios, eso de estancar deliberadamente el desarrollo y distribuir miseria es negar la vida, detener la producción y resistirse al avance de la sociedad, eso es desentenderse de los problemas del pueblo y enrriquecerse una élite minoritaria.

Hoy Covid nos sorprende fallidos de seguridad, sanidad, producción y mucho más, nuestra actual miseria dimana de actuar al márgen de los ODS, ODM y END, eso de privatizar la salud y abandonar las comunidades a su suerte es un acto de lesa humanidad, explotar los recursos naturales sin impulsar el desarrollo es un acto criminal.

RD está compelida a construir una economía resilente, productiva e incluyente, una crematística que genere suficiente desarrollo humano, es hora de superar la precariedad, la vulnerabilidad y la cruel informalidad, debemos levantar una nación técnicamente fuerte, con capacidad financiera, un país institucionalizado, una patria libre que cumpla con sus códigos sin el protagonismo de la discrecionalidad de sus caudillos, es hora de erigir un estado capaz y democrático, enfocado en el bienestar de la gente, ser crítico de un país y cronista de sus múltiples miserias no es agradable, pero siendo objetivo salta a la vista que el cuello de botella de la RD dimana de vivir a espaldas de las ondas energéticas de la globalidad, esa ley del embudo practicada por nuestro funcionariado y nuestros poderes fácticos es un anacronismo inadmisible, basta ver nuestros mapas de la pobreza, de la extrema pobreza y el del hambre en RD, nos averguenza el cuadro de miseria en pleno siglo XXI, en un territorio dotado de tantas riquezas naturales.

Por Edgar Marcano

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