Náufragos

Por Carlos Martínez Márquez lunes 20 de febrero, 2017

‘’se puede engañar a parte del pueblo todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo. ’’ Abraham Lincoln.

Cuando suelo escribir de aspectos que tocan la fibra sensible de la sociedad, lo hago con una profunda convicción y responsabilidad social y patriótica. La carga moral, que a través de mis años de existencia, herede de mis ancestros, me permitió asimilar, de lo bueno que ha sido vivir, en un hogar de grandes conquistas, para preservar la salud y la honra de la familia.

Eran otros tiempos. Y, una sociedad distinta a la que me ha tocado continuar viviendo hoy. Crecí en un ambiente humilde, en términos espirituales – de mucho cariño y sobre-protección. Logramos sobrevivir a los gobiernos de la época, en donde imperaba la represión, cuyo mecanismo o misión, era la de menguar las ganas de luchar por una mejor sociedad. No obstante a ello, pudimos disfrutar del orden que no nos fue ajeno, debido a que ningún ciudadano de aquel entonces, se aventuraba a improvisar a delinquir o violar las normas sin que se les aplicaran sanciones.

El comunismo, la Democracia o Socialismo, (llamémosles como queramos), son dictaduras que en ciertas medidas pueden ser buenas y malas. Ya no hay comparación de cual es mejor de dichos regímenes. América Latina, ha venido haciendo experimento con métodos que manejan el Estado de modos dictatoriales, que en nombre de la democracia o el socialismo o comunismo, han sometido a los pueblos a una flagrante odisea nefasta de vivir laberintos de inseguridades económicas y sociales, generando pobrezas, mucho peor, que cualquier enfermedad indeseable; en donde sus instituciones, son frágiles y vulnerables, para generar una cultura decente en el Estado.

Los pueblos pierden la fe por ese manto oscuro que genera la corrupción. La misma, ha reducido a los pueblos a niveles insoportables de pobreza. No tiene sentido ya, para aquellos que luchan por una vida digna: ‘’vivir para trabajar y no trabajar para vivir. Estamos compelidos a honrar los arbitrios, pero hacen uso de esos recursos para otros propósitos, con un sentido de pertenencia que los obnubilan en cuanto llegan al poder. La delincuencia y la inseguridad ciudadana, es fruto de ese flagelo abominable.

Estamos viviendo acontecimientos inenarrables, en la que nos encontramos, en un punto incierto, de cambios geopolíticos de nuevo orden, en la que se impondrían sanciones probables, por los altos niveles de corrupción que impera en toda América Latina. La sed de poder y la generación de riquezas ‘’mal habida’’, nos está llevando a la deriva en alta mar, donde cada día nos convertimos en náufragos, por la indiferencia de quienes se adueñan del Estado. Los pueblos son sabios, y saben despertar en su justo momento para cambiar de rumbo, en los instantes de incertidumbre e impotencia. Todo lo que hasta ahora estamos observando, se ha echado por la borda, en cuanto a libertades nos referimos. El orden de los factores, si altera el producto. Y que la tanta corrupción hace a los pueblos naufragar en aguas profundas, implorando que le echen una cuerda para sobrevivir en la superficie.

 

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