Narcisazo: suicidio y cadáver

Por Oscar Lopez Reyes jueves 23 de mayo, 2019

Diez años han pasado desde que formulamos la hipótesis del suicidio atípico y racional del paradigmático maestro  Narciso González (Narcisazo), aguardando la opinión sustentada –a favor o en contra- de ex generales y coroneles comisionados, dos médicos y ex procuradores generales de la República y fiscales del Distrito, dos de ellos abogados de la familia del desaparecido.

Pena me da cuando oigo a vocingleros radiofónicos emitir juicios sin haber leído el expediente ni el libro de  nuestra autoría “Narcisazo: ¿homicidio  o suicidio. Las dos caras de una ausencia misteriosa” (287 páginas), a colegas decir que “se suicidó y él mismo escondió su cadáver”, y a prejuiciados ensacados de la Corte Interamericana de Derechos Humanos dictar una sentencia sin conversar con cinco amigos íntimos del maestro desvanecido, tampoco con su neurólogo ni su psiquiatra.

Ese libro partió del método deductivo y se cimentó en datos de los antes citados, en el expediente , y en indagatorias  de cinco comisiones, una de ellas auxiliada por el FBI. Y fue revisado, amparado en el secreto profesional, por dos jueces y dos fiscales en ejercicio; por tres periodistas-abogados, tres juristas litigantes y dos viejos camaradas que activaron con Narcisazo en la izquierda.

Razones de la posible autoaniquilación: deudas, trastornadores problemas hogareños, frustración política, pensión en la UASD inconsulta y sin un acto de reconocimiento, despido del Show del mediodía por Roberto Salcedo, y enfermedad cerebral. Cadáver: sospecha de  íntimos de su arrojo al mar Caribe: pudo ser devorado por tiburones si despidió sangre, o transitía por una conocida corriente marina hacia las inmensas, igual que los periodistas Carlos Luciano y Bernardo Pratt,  quien sabe si Alci de la Rosa y el cantautor Chico González.

La hipótesis del suicidio de Narcisazo está a la espera de que alguien la desmonte o apruebe, en un tribunal ordinario, con el anexo de la carta que dejó, con datos de 15 pasquines anónimos,  18 denuncias, 23 imputados pertenecientes a 8 cuerpos policíacos-militares, 5 pesquisas de 22 misionados oficiales, cuatro presidentes de la República del PRSC, PRD y PLD, 11 procuradores de la República y cinco procuradores adjuntos, 10 fiscales, cinco fiscales adjuntos actuantes, 194 interrogados y 946 piezas del expediente acusatorio.

Ojalá que  uno de las decenas de policías y guardias de servicio  en los ocho sitios donde habría sido llevado, que ahora son pensionados, suministre informaciones valiosas y, se gane el millón de pesos que ofertó la Fiscalía del Distrito.

O, si tiene usted cerebro para razonar, ¿todo esto no le parece extraño?

Por Oscar López Reyes

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