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Nadie invierte, ni respalda, sin rendimiento alguno

Por Rolando Fernández Sábado 25 de Febrero, 2017

Ese es el sentido actual de la actividad política en la mayor parte de mundo. En cualquier ámbito del ejercicio, partidarista, o grupal simplemente, se tiene una actitud “mercantilista” muy enraizada en dicho orden.

Tal disciplina la han convertido en un burdo negocio, donde se procede sin ningún tipo de reparo ético. De ahí el gran descrédito de la práctica, como de todos cuántos la llevan a cabo, con las excepciones que confirman la regla, claro está.

Todos los puestos de alto nivel, ya sean estatales, o los correspondientes a instituciones descentralizadas, de esas que mal se dicen autónomas, por estar subvencionadas por los Estados, y que se deben alcanzar a través de votos electivos populares, los han convertidos en empresas lucrativas, para recuperación con creces de los dineros invertidos, amén de tener un salario fijo para seguridad existencial, y pantalla pública también.

Y es que, nadie invierte cuantiosas sumas de dinero para meramente ir a servir a una sociedad, de la naturaleza que se trate, generalizada o grupal, a cambio de emolumentos salariales netos nada más. ¡Ya ese sentimentalismo patriótico, o institucional, pasó de moda!

Ni mucho menos se verifica tal propensión loable, en la gente que subvenciona económicamente, o trabaja para catapultar candidatos a posiciones cimeras. Todos van después, adicionalmente, en busca de recuperar con creces lo aportado, u obtener las reciprocidades de estilo.

Ahí está el origen principal de la corrupción estatal, obvia entendida – sobresueldos, prebendas, contratas, y demás yerbas aromáticas -, como en algunas de las entidades descentralizadas que se tienen, dizque autónomas, como señaláramos más arriba, tal es el caso que se da en nuestra la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), entre otras.

Para lograr alcanzar las principales posiciones públicas de una nación, como ocurre aquí, a través del proceso eleccionario que por lo regular se sigue, en el marco de la llamada democracia representativa (Presidencia de la República, cargos congresionales, Diputados y Senadores, Alcaldes, etc.). se tienen que hacer fuertes inversiones económicas.

Pero, además, cuando de la rectoría de la UASD se trata, por mencionar otro caso referenciable en Dominicana, como de las otras posiciones jerárquicamente descendientes de dicho cargo (vicerrectorías, decanatos, directores departamentales), son bastantes significativos los dineros que se deben gastar. ¡No son cheles! La búsqueda de la recuperación aumentada después, por consiguiente, “se cae de la mata”.

En adición, a los que desde fuera aportan recursos financieros, y aquellos que hacen el trabajo proselitista, hay que buscarles lo de ellos, cuando al final se alcanzan las posiciones esperadas.

En ese tenor, las declaraciones que ofreciera la profesora Virtudes de la Rosa, y que aparecen publicadas en el periódico “HOY”, edición de fecha 19-2-16, página 3ª, respecto de lo que se registra en la UASD, en relación con lo tratado más arriba, y la creación de un movimiento profesoral “como espacio de reflexión y de análisis” con la finalidad de presentar propuestas para lograr el saneamiento de la institución en todos los aspectos, resultan más que edificantes.

“Profesores crean movimiento buscar sanear UASD”.” Hay que leer la reseña complementaria, para formase una idea, diríase parcial, del porqué esa institución pública de educación superior, tiene que enfrentar problemas tan acuciosos de orden financiero como los actuales. ¡Muy connotadas las razones que allí se exponen!

Se habla de unos 200 profesores uasdianos, para procurar el trabajo enmendatorio de lugar. Ojalá que algo significativo puedan lograr los docentes, en el marco de tan amplio escenario político que allí rige, pincelado con un tráfico de influencia alarmante que se registra, como de los grupismos que rigen las actividades administrativas y docentes a cargo.

Qué la suerte les acompañe, profesores preocupados por los derroteros de la academia. ¡Hay que aprovechar la presente coyuntura para aportar!, a los fines de acabar con el desastre allí hecho público.

Finalmente, preciso es recalcar que, mientras el ejercicio de la política se considere como un negocio altamente lucrativo, con mínimos riesgos probables de pérdida, se continuará invirtiendo en la actividad, y la eliminación de la corrupción estatal, o institucional, ¡se hará muy difícil!

Y agregar: ¡política, democracia, negocio, e impunidad, son hermanitos de padre y madre! Solo, bajo otras formas para alcanzar gobiernos, sin comercio alguno en sus bases, se pueden hacer desaparecer la corrupción estatal, o institucional.