¡Muy difícil separarlas!

Por Rolando Fernández martes 7 de enero, 2020

Democracia representativa, tal como ahora se concibe, “ayúdame a subir, y después, si te vi se me olvidó”, ¡qué representación del carajo!, y corrupción generalizada, siempre van de manito agarrada. ¡De eso no cabe duda alguna!

Luego, cuando uno se encuentra con titulares periodísticos así: “La lucha contra la corrupción en RD parece una tarea imposible”, periódico “HOY”, del 26-12-19, la pregunta que de inmediato asalta es, ¿y cuándo ha sido posible en este país?, a partir del derrocamiento de la famosa dictadura de Trujillo, principalmente, debido al sistema de gobierno que rige desde entonces, caracterizado por un mayúsculo libertinaje solapador, ¡innegable!

Mientras aquí los políticos alcancen el poder por votos logrados en las urnas, o acotejados al momento de contarlos, en favor de un determinado candidato, amén del condicionado patrocinio de los sectores económicos patrocinadores de campaña electorales, la lucha contra la corrupción, no es que parece imposible, sino que lo será siempre.

Más que demostrado está, dentro de ese sistema: todas las actividades de carácter político se tienen como negocios. Nadie invierte grandes frioleras de dineros para ir a servir desde los cargos públicos, incluida la primera magistratura del Estado.

Se va a los mismos en busca de beneficios; recuperar con creces lo que se tiene que gastar para llegar al poder, y demás, ya sean recursos de su propio peculio, como los que aportan los grupos que apadrinan candidaturas; y que, obviamente, después van en busca de las recompensas de estilo; lo de ellos, por participar en las actividades electivas apoyando.

Por tanto, en ese marco, la orquestación gobernante se estructura muy bien, para que no se produzcan sonidos disonantes; que los acordes se den a la perfección, para el logro de los objetivos propuestos, personalizados o grupales que se tengan, a partir de alcanzarse el poder. ¡Valga la analogía con lo musical!

De ahí que, se trata de evitar la independencia de los tres poderes públicos en que se cimenta esa forma de gobierno: Legislativo, Ejecutivo, y Judicial. Los tres se hacen uno, para asegurar componendas, maridajes, e impunidad mutua. En consecuencia, podrá haber así combate a la corrupción. ¡Jamás!

Evidentemente, todo se coordina, como es programado en el seno mismo de los negocios llamados partidos políticos, en cuyas labores está incluida la fórmula para procurarse los votos necesarios favorables de la población; y, las repartideras de cuartos, como dádivas diversas, a los fines de comprar conciencias ciudadanas.

Ningún Gobierno Central, como Congreso de la República, en Dominicana, que surjan a partir del llamado voto popular en las urnas, va a combatir el flagelo de la corrupción en este país, a través de los mecanismos de control pertinentes, con el concurso de las acciones judiciales conexas que procedan; a menos que, se dejen de lado los compromisos que se hayan hecho en el contexto del proceso electoral “catapultador” previo.

Otra forma lo sería, que se pueda llegar al poder sin ataduras de ninguna especie, lo cual solo es posible de lograr, mediante la instauración de un régimen de fuerza, de derecha o de izquierda, del lado que sea, encabezado por alguien que respete los derechos ciudadanos, y al mismo tiempo se haga respetar, pensando como estadista en todo el sentido de la palabra, no como político, jefe de grupo.

A pensar seriamente en esa última manera, que es por la que se está forzando a inclinarse la sociedad dominicana, como la única opción salvadora, frente a tan lacerante mal de la República: ¡corrupción por todo lo alto, sin castigo alguno!

 

Autor: Rolando Fernández

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