Musicólogo no; musicalizador, mezclador etcétera

Por José Santana Guzmán

Una parte fundamental del proceso de movimiento y evolución de la lengua, consiste en el nacimiento o la creación de nuevos conceptos, vocablos o palabras. Sin embargo, su génesis raras veces se le puede atribuir a una persona o institución en específico, salvo algunos casos en donde cierto escritor o escritora, persona de gran influencia escribe o pronuncia en algún discurso, ya sea oral ya sea escrito, cierto término, y este, a su vez, se convierte en repetitivo en la comunidad hablante hasta llegar a incorporarse a una lengua determinada. Por consiguiente, en este caso, es cuando suele decirse tal o cual término fue acuñado por fulano de tal.

En tal sentido, vemos en la actualidad cómo en los últimos años se ha venido nombrando a las personas –mayormente hombres– que hacen uso de los llamados Kitipó (carros con bocinas potentes que generalmente se utilizan para realizar competencias) con el nombre de musicólogos, de forma errónea, tal vez sin saber el significado de este término discreto. Aunque debemos reconocer que no se trata de un pecado su uso en este contexto, sino que, de acuerdo a las normas gramaticales, cuando un objeto posee su equivalente para nombrarlo, no es necesario utilizar otro con el que se nombra a otros, como veremos al final del texto.

¿De dónde proviene el vocablo musicólogo?

Primero, vamos a ver el significado de musicología, el cual, según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), el término musicología es el resultado de la unión de la palabra música y el sufijo o elemento compositivo logía, que a su vez significa ‘tratado’, ‘estudio’, ‘ciencia’. También se refiere al estudio científico de la teoría y de la historia de la música. Por tanto, es simple deducir entonces, que a la persona que se dedica a esta práctica científica, se le haga llamar musicólogo o musicóloga.

Por consiguiente, hechas estas puntualizaciones, se podría afirmar que no resulta adecuado nombrar como musicólogos a quienes se dedican a la práctica de colocar música encima de autos con fines de realizar competencias con otros que de igual forman utilizan los mismos mecanismos. En cambio, más adecuado sería llamarles musicalizadores, mezcladores, que se ajusta más a la actividad que realizan. Igual posición mantienen otros analistas lingüísticos, entre ellos el maestro José Joaquín Colomé Reyes, por ejemplo.

Por José Santana-Guzmán

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