Música, alabanza y adoración a Dios

Por Enrique Aquino Acosta sábado 15 de febrero, 2020

El Antiguo y el Nuevo Testamento  contienen referencias sobre  la  música. La primera aparece en Génesis 4:21. Se habla de “todos los que tocaban  arpa y flauta”.  La  segunda,   cuando Labán se quejó de  Jacob,  porque  no pudo  despedirlo, junto a sus mujeres, hijos y criados,  con alegría, cantos, tamboriles y arpa (Génesis 31:27)  y una tercera referencia  fue cuando la  profetisa María, hermana de Moisés, celebró  con pandero y danzas,  junto a  otras mujeres,  la victoria que Dios  les había dado al cruzar el  Mar Rojo en seco, mientras  huían  de la persecución del Faraón.

Se  puede apreciar, que la música  se  utilizaba  con diferentes propósitos. Se usaba para celebrar los prodigios y maravillas que Dios hacia,  para expresar acciones de gracias, para  celebrar  victorias militares  y   para compartir  en  momentos de duelo.

Según los registros bíblicos, David utilizó su  talento  para componer  y cantar  salmos a Dios, para  fabricar  instrumentos musicales  y  para organizar una orquesta y un coro. Incluso, quiso construir una casa para alabar, adorar y glorificar el Nombre de Dios, pero su iniciativa  fue rechazada  por el Todopoderoso, debido a  que había derramado mucha sangre.

Sin embargo, a raíz de su muerte Dios  permitió  que  su  hijo Salomón construyera  esa casa en Jerusalén. Este  ordenó que trasladaran  a ese lugar santo el Arca del Pacto y que solo los levitas o sacerdotes tocaran los instrumentos musicales que había construido su padre  para alabar, adorar y glorificar el Nombre de Jehová dentro del  Tabernáculo, junto a los miembros de la congregación (2 Crónicas 7:6)

Entre  los instrumentos musicales que utilizaban los israelitas  se mencionan  el  arpa, el salterio, el tamboril, el pandero, el címbalo y  la trompeta, aunque se cree que  incorporaron algunos instrumentos musicales de otros pueblos a los suyos.

Por otra parte, las personas que Dios utilizaba como compositores actuaban inspiradas por su Santo Espíritu. Por eso, las alabanzas, los salmos  y  los   himnos  que encontramos  en la Biblia transmiten un mensaje espiritual  que nos  motiva  a  la  reflexión.

¿Qué se debe entender por la inspiración del Espíritu Santo? Es la iluminación que Dios pone en  el corazón y la mente del compositor de música cristiana. Es ese fervor espiritual que se siente  cuando se escribe con  fe, devoción  y  veneración a Dios.

En el caso de los músicos y  los cantantes, se habla de la unción del Espíritu Santo. Esta tiene que ver con  la fuerza o  poder interior que  mueve a una persona a  tocar un  instrumento  o  a cantar una alabanza, que conmuevan  e impacten el corazón y la mente de los oyentes.

Por tanto, componer, tocar y cantar para Dios requiere la unción del Espíritu Santo, la cual reciben  las personas que viven en santidad, o sea,  libres de sentimientos carnales o mundanos. Ella da discernimiento, entendimiento y  sabiduría espiritual.

Cuando  un compositor, músico o cantante de música cristiana alaba  o adora  a nuestro Señor Jesucristo necesita hacerlo  en espíritu y  verdad. Además,  con  corazón contrito, sincero y humillado ( Juan 4:23-24)

Es necesario explicar  el significado de  estas tres últimas actitudes espirituales.  Una  persona se presenta ante Dios con corazón contrito, si muestra arrepentimiento, aflicción, dolor y tristeza por haber pecado. Muestra  que tiene  corazón sincero, si  confiesa sus pecados a Dios  libre de hipocresía, mentira  o fingimiento  y  muestra que tiene corazón humillado, si  después de haber pecado o delinquido, se  avergüenza  y  se  subordina  ante Dios y su prójimo. De  esas condiciones  espirituales  carecen  muchas  de las  personas que son acusadas ante los tribunales.

Por todo ello,  al orar y confesar nuestros  pecados a Dios  necesitamos  hacerlo  con sinceridad y  fe. A ambas actitudes espirituales  debemos  agregar  alegría, gozo, entendimiento y  sabiduría espiritual  cuando  alabamos  y adoramos  a nuestro Señor y salvador Jesucristo. Si  procedemos como se ha indicado, el Señor oirá y  aceptará  lo que les expresemos.

Por último,  deseo sugerir a  las iglesias, que dediquen más tiempo a la predicación y enseñanza de la Palabra de Dios, que a la música, la alabanza y  la adoración.  ¿Por qué lo sugiero? Porque la misión fundamental de la iglesia no es entretener a la gente con la música y los cánticos. Su tarea principal es predicar y enseñar el mensaje del Evangelio, para que todas las personas  lo oigan, reflexionen, entiendan, se arrepientan de sus pecados,  crean y sean salvas.

 Por: Enrique Aquino Acosta

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