El movimiento verde y su ruta crítica-disyuntiva: ¿movimiento social-reivindicativo o partido político?

Por Francisco S. Cruz miércoles 5 de julio, 2017

 Por años se ha cuestionado al sistema tradicional de partidos políticos (PRD-PRM, PLD, PRSC) en nuestro país, precisamente, por el tema financiamiento y el dinero que “cotizan” y se agencian por, como se dice, la izquierda. De modo que no pueden, los organizadores de la Marcha Verde, salir ahora con bravuconadas, descalificaciones ni insultos ante la confesión de algunos empresarios que han dicho y sostenido que daban dinero para cubrir o costear las actividades de la Marcha Verde. Lo dicho por el Sr. Campos de Moya y la Sra. Circe Almánzar, ya no son palabras-sospechas ni especulaciones de sectores de la opinión pública ni de detractores del movimiento verde, sino declaraciones públicas hechas a la luz del sol.

 

Honestamente, las reacciones del comentarista Ricardo Nieves y la del Sr. Mario Borges, al respecto, no han sido las más ecuánimes ni las mas esclarecedoras que se hubiese querido escuchar, y más bien lucen desafiantes e intimidatorias lo cual refleja dos cosas: a) que niegan –o quizás ¿ignoran?- el evidente elemento-factor multisectorial del movimiento verde; y b) lo que es peor, han reaccionado igualito a algunos líderes-candidatos de los partidos políticos tradicionales cuando se les cuestiona sobre los orígenes de los recursos que exhiben en sus campañas. Y eso es grave y sintomático a la vez, pues, se trata de líderes-organizadores de un movimiento ciudadano que viene abogando por el fin de la impunidad y la corrupción. ¿Y entonces?: se puede demandar y exigir rendición de cuentas y transparencia pública; pero, al mismo tiempo, se reacciona acre y destempladamente cuando se cuestiona o se pide cuentas. Sin duda, tal postura, de los organizadores de la Marcha Verde, deja mucho que desear…

 

Pero hay una pregunta que se cae de la mata: ¿es que, acaso, los organizadores de la Marcha Verde creían que todo el mundo se iba a tragar el cuento chino de que la “logística” de sus actividades –casi siempre provinciales-barriales- provenía -toda- de colectas espontáneas? ¡Por favor!

 

Tal creencia, niega, como ya escribí, lo multisectorial del movimiento y la vieja trayectoria “revolucionaria” de algunos de sus actores políticos harto conocidos en el arte de armar y desamar partidos y movimientos de “izquierda”, y porque no, de viejos zorros “hacedores de opinión publica” –políticos de la “secreta”  que encabeza Juan Bolívar Díaz.

 

No obstante, e independientemente de quién (si ¿los líderes  “redentores”, los líderes de los partidos de la oposición, los partidos emergentes, los “izquierdistas-revolucionarios”, los líderes-voceros mediáticos, o la sociedad civil –que también recibe el situado de agencias extranjeras-?), entonces, recibía el dinero que los citados empresarios dicen que daban. Pero ese, definitivamente, es y será un barullo de ellos.

 

Lo que si marca la ruta critica del Movimiento Verde, es la disyuntiva-definición, temprana y por culpa de esos viejos zorros políticos que cohabitan en el, de ser partido político o movimiento social reivindicativo. Ese, tal cual lo ha planteado el sociólogo perremeísta Cesar Pérez, es el nudo gordiano o la Espada de Damocles que pende sobre la cabeza de la Marcha Verde.

 

Mientras tanto y, en mi opinión, el Movimiento Verde esta herido-desafiado en sus propias entrañas –y por sus propios líderes-, esto es: 1) se define rápidamente partido político lo que lo obliga a presentar un líder, y también, a  plantearse lo político-electoral –de cara al 2020-; y/o 2) se sacude de sus dos errores políticos recientes: el manifiesto o desaguisado que, prácticamente, a su nombre o en su dinámica levantó un grupo de de “intelectuales” pidiendo la renuncia del Presidente y la reacción intempestiva de dos de sus organizadores respecto al dinero que reciben –según reciente confesión de empresarios-, y ahogan-neutralizan a sus voceros políticos-mediáticos –como también, a los “redentores sociales”, a los frustrados amargados otrora “izquierdistas:, igual que a intelectuales y cientistas sociales atrapados en odios y viejas rencillas política-ideológicas acrecentadas por derrotas electorales; y, en consecuencia, se enfoca en ser Movimiento social reivindicativo en procura -estratégica-coyuntural- de lograr-empujar por un gran pacto político-social nacional que conjure o aminore –sin descartar una reforma constitucional vía constituyente o Asamblea Revisora- viejas falencias históricas (corrupción pública-privada, fin del sistema judicial de cuota o reparto de partidos políticos y poderes fácticos, altas cortes saneadas, ley de partidos políticos, reforma a la ley electoral,  procurador –vía elección popular- independiente, planificación de un Plan Nacional-Integral para encarar y reducir, a su mínima expresión, delincuencia e inseguridad ciudadana, entre otros).

 

De modo tal, que el movimiento verde esta auto-desafiado: por sus propios errores; pero más que ello, por la disyuntiva-urgencia de definirse (partido político o movimiento), y porque ni siquiera sabe –¡algo difícil de creer!- quién lo financiaba ni tampoco quién recibía los recursos económicos que los empresarios Campos de Moya y Circe Almánzar han confesado recibían de algunos empresarios.

 

De seguir por esos derroteros –de desafíos-disyuntivas- el movimiento verde empezará –sino ya- a pasar de su etapa ofensiva a la defensiva, y de allí, al reflujo y repliegue –con su sentida prédica y consignas-, solo hay un paso. Será cuestión de tiempo. A menos, que corrijan el curso y puedan proyectar-aquilatar: sus reales posibilidades de logros tangibles –el de lograr-empujar por un gran pacto político-social nacional-, en mi opinión –y por los actores políticos de su convergencia política-ideológica y mediática-periodistica, la de Movimiento social re-invindicativo. Porque el de partido político, me temo, le será de casi posible-seguro fracaso.

 

En definitiva, el paso de Movimiento social-reivindicativo ha partido político, solo beneficiaría y complacería: a la oposición –llámese: PRM –de líderes y figuras caducas, entre ellos, Hipólito Mejía, que ya mal gobernó -2000-2004-, Alianza País –Guillermo Moreno-, Opción Democrática –Minou Mirabal-, Alianza por la Democracia –Max Puig– que tienen la firme creencia de que el Movimiento Verde será su plataforma política-electoral de cara al 2020-, y por supuesto, a los periodistas e intelectuales –políticos de la “secreta”- bocinas mediáticas-periféricas del mismo PRM. Ni más ni menos.

 

En otras palabras, que el Movimiento Verde (ya partido político) terminará trabajando política y electoralmente: para beneficiarios ex peledeístas, para una oposición política caduca-disloca y, finalmente, para una retahíla de periodistas-intelectuales e “izquierda burra” frustrados-amargados que Joaquín Balaguer malogró (1966-78 y 1986). ¡Piénsenlo!

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