Motes, apodos y sobrenombres

Por Alcides Pimentel Paulino martes 16 de octubre, 2018

Muchos de ustedes se habrán preguntado de donde proceden los motes, apodos o sobrenombres. Al investigar sobre el asunto, resulta un tema de lo más interesante, que como tantas cosas en la vida, damos por supuesto, cuando en realidad no sabemos demasiado.

Un apodo es un sustituto del nombre. Son una especie de simplificación para definir a las personas. Según el diccionario de la lengua española, “es el nombre que se le da a una persona o cosa, basada en alguna característica remarcable de la persona aludida”.

La mayoría de los motes proceden de características físicas o de la personalidad. Son una especie de códigos verbales que se crean para generar vínculos afectivos, de confianza o de odio entre parejas, padres e hijos, amigos, hermanos, compañeros de clase o de trabajo y por los medios de comunicación. Los apodos negativos son los que más persisten en el tiempo, porque es más fácil destruir que construir, criticar que dar buenos consejos.

En muchos casos se hace difícil saber quien o quienes fueron los autores de los apodos, motes o sobrenombres. Según los principales diccionarios en castellano, un apodo, es el nombre que suele darse a una persona, tomado de sus defectos corporales o de alguna otra circunstancia. El mote, es un sobrenombre que se da a una persona por una cualidad o condición suya. El sobrenombre es un nombre que se añade a veces al apellido para distinguir a dos personas que tienen el mismo nombre, pero también es el nombre calificativo con que se distingue especialmente a una persona.

Los apodos, motes, sobrenombres u alias son sinónimos, aunque existen sutiles diferencias entre ellos. Se suelen llamar también hipocorístico, que es la forma diminutiva, abreviada, deformada o infantil del nombre habitual, y que se usa como apelativo, familiar o eufemístico. Los hipocorísticos son muy habituales en diversas culturas, quizás porque el lenguaje tiende a hacerse más eficiente. Se trata de comunicar el mensaje de la manera más clara y rápida posible.

Los apodos son una especie de etiqueta, un atajo que nos permite no perder el tiempo con descripciones largas y monótonas. Según el sociólogo, Chalo Flórez, decirle a un ser amado un apodo es para dejar claro que no es cualquier persona, es alguien especial. Hay que tener en cuenta que a la persona en cuestión le guste el apodo.

Cuando se trata de una pareja, el mensaje subliminal es que nadie te llama así, por tanto eres especial para esa persona. Según algunos sicoanalistas, es algo parecido a los “mimos” de personas a las que apreciamos. En particular, a muchos hombres les cuesta expresar sus emociones, de ahí que sean menos propensos a poner motes a las parejas.

Los motes o apodos se pueden clasificar en positivos y negativos. Los motes, en general, se relacionan con la cultura de cada país, y en muchas ocasiones se utilizan con ánimo de burla. En Latinoamérica y en Andalucía (España) es muy frecuente su uso. Cuando son positivos, realzan nuestra autoconfianza, pero cuando son negativos pueden degenerar en bullying o moving.

Los apodos pueden ser dinámicos y evolucionar con el tiempo. Cuando los padres llaman “mi pequeño” a un hijo/a, pueden provocar que terceras personas lo utilicen para atacar a la persona por su inmadurez, por no abandonar el nido o por estar sobreprotegido. Los apodos, como los nombres, marcan a la persona.

Los apodos son códigos verbales que se crean para generar vínculos afectivos. Muchos padres utilizan apodos como “princesa” o “príncipe” para referirse a los hijos. En pareja se utilizan otros como “bebé“, “cielo“, “cari” o “bombón“.  Son apodos para denotar amor, cariño y confianza. Existen otros que hacen referencia a características físicas como “gordito” o “flaquito“. En ocasiones hacen referencia a violencia o inconformidad, como por ejemplo, “gruñona” o “cascarrabias” , “bruja“, “bicho“, “gamberro“, “puta” o “loco“. Se trata de realzar los defectos o errores de las personas. El “tartamudo“, “el manco“, “el cojo” , “el gago”, “el jorobado”, “el greñas“,etc. Suelen hacer referencia a la autoridad, el dominio, la violencia o la posesión.

En ocasiones, los apodos se utilizan como estrategia. Decirle a una persona “Hermosa“, “linda” o “bella” puede significar que no recordemos su nombre, pero también que tenemos buenas intenciones. La belleza puede ser subjetiva. Cuando llamamos a alguien “linda“, le estamos diciendo que aunque no sea verdad para la mayoría, para nosotros sí que lo es.

El nombre del famosos filosofo griego, Platón, era Aristocles. Este filósofo practicaba lucha, y su entrenador lo bautizó como “Platón” porque tenía un cuerpo robusto. Era una manera de no llamarle gordo. El verdadero nombre de Calígula era Cayo Julio Cesar Augusto Germánico. Stalin, el despiadado político ruso, era más conocido por su apodo, que por su verdadero nombre de difícil pronunciación: Iosif Vissarionovich Dzhugashvili. Stalin significa “Acero”.

Wild Bill (Bill el Salvaje) en realidad se llamaba James Butler Hickok. Era un pistolero y alguacil muy famoso en los EE.UU. del siglo XIX. Sus partidas de póker solían acabar en tiroteos porque tenía mal perder. Si hablamos de Henry McCarty, muchos no sabrán quien es, pero si le decimos que se trata de “Billy The Kid” (Billy el Niño) muchos sabrán de quien se trata. Los mitos y leyendas de este vaquero norteamericano han sido llevados al séptimo arte en numerosas ocasiones. Era uno de los personajes más temidos del Salvaje Oeste. Se dice que su aspecto físico le hacía parecer más joven de lo que era, de ahí el mote.

Pocahontas, el personaje creado por la factoría Disney, en realidad se llamaba Matoaka. Era hija del jefe indio Powhatan. En la vida real era una mediadora entre su tribu y los colonos ingleses. Se la conocía así para preservar su verdadera identidad. Cuentan los cronistas que su nombre significaba “Juguetona” o “Mujer de cascos ligeros”. Un nombre poco adecuado para tratar temas serios.

En la política, uno de los casos más conocido es el de Ernesto “Che” Guevara. Este revolucionario argentino, nacido en Rosario, fue uno de los principales líderes de la Revolución cubana. Se cree que el mote se lo puso el revolucionario, Nico López. “Che” es una expresión utilizada frecuentemente en Argentina sin ninguna especificación, que sirve para acentuar alguna expresión. Resulta habitual que determinados personajes tengan más de un mote.

Ernesto Guevara era conocido también como “Teté” o “Chancho”. El Zar Iván IV de Rusia es más conocido como “Iván el Terrible” por su personalidad cruel y despiadada. Desde su infancia se divertía tirando animales al vacio. No dudaba en emplear la violencia con tal de conseguir sus objetivos. Asesinó a adversarios y familiares sin ninguna piedad. Entre ellos a su propio hijo Iván Ivanovich a bastonazos tras un ataque de ira.

Al dictador cubano Fulgencio Batista le apodaban “El Hombre“. La alta sociedad le llamaba con desprecio “El Negro“. A Fidel Castro, el histórico líder de la Revolución cubana, le llamaban “El Comandante” y “El Caballo“. El Caballo por el juego de la charada china, en donde el caballo es el número uno.

También se le conoce como “Esteban“, por las palabras “este bandido”. Es común que un apodo termine por referirse a varias personas. A Hugo Chávez se le conocía como “Mi Comandante“. Cuando era pequeño sus compañeros le llamaban “Tribulín“. También era conocido como “El Innombrable” o “El Comandante Eterno”. Al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador se le conoce como “El Pejelagarto” o simplemente “El Peje“. A Enrique Peña Nieto le conocían como “Golden Boy“, como al boxeador Oscar de la Olla.

A Gustavo Díaz Ordaz, ex presidente de México, se conocía como “Chango“, debido a que en 1966, El Diario de México intercambiara su imagen con la de un simio. Aunque ordeno el cierre del periódico, nunca se pudo quitar el mote. Al revolucionario Francisco I. Madero, le llamaban “El Enano del Tapancoya” por su baja estatura.

Medía 1.48 metros. Tenía que subirse a un caballo para disimular su estatura. Algo parecido le ocurría al narco Joaquín Guzmán Loera, más conocido como “El Chapo Guzmán” por su baja estatura (1.55m). Al ex presidente argentino Néstor Kirchner, le apodaron “El Pingüino” por su parecido con el personaje del cómic de Batman.

Margaret Thatcher, ex primera ministra del Reino Unido entre 1979 Y 1990, era conocida como “La Dama de Hierro“, debido a su firmeza para dirigir los asuntos de Estado. Vladimir Putin es conocido como “El Zar“, “La Mole” o “El Señor de las Guerras”. La Mole” le venía de su etapa del KGB. Es el indiscutible señor de las guerras, ya que ha intervenido en cuatro conflictos: Chechenia, Georgia, Ucrania y Siria. Al ex primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, se le conoce como “Il Cavaliere” o “El Octavo Enano” por su baja estatura.

Al ex dictador español,  Francisco Franco, se le conocía como “El Generalísimo“, “Paquita” y “Marica“. Este último por cortesía de su padre. Franco perdió un testículo y el sexo no le interesaba. Canalizó sus deseos en el ánsia de poder. Según la periodista, Pilar Eyre, fue víctima de un complejo de Edipo. Su padre le maltrataba. Se comenta que cuando Franco nació, su padre, Nicolás Franco Salgado, estaba en una casa de putas. Su progenitor, además, era alcohólico. Su padre le llamaba “marica” debido a su voz atipada consecuencia de una sinusitis crónica.

Benito Mussolini era conocido como “Il Duce“. A Adolph Hitler le llamaban “Führer“. Es una palabra alemana que significa “líder”, “jefe” o “guía”. Cuando se refería a Hitler quería decir “el guía del pueblo alemán”, espiritual, política y militarmente. La palabra correspondería más al “todopoderoso”, ya que concentraba todos los poderes en su persona.

Rafael Leónidas Trujillo era apodado “El jefe“, “El Benefactor” y “Chapita“. Estuvo 31 años en el poder. Tenía 10 hermanos y su familia era muy pobre. Cambió el nombre de La Capital de la República Dominicana (Santo Domingo) por Ciudad Trujillo. Obligaba a poner en las casas una foto suya, junto a la imagen de Jesús. Le llamaban “Chapita” por la gran cantidad de condecoraciones que lucía. Nombró a su hijo de 10 años general del Ejército. Todos los dictadores tienen unos rasgos comunes muy definidos: proteger al pueblo por orden divina, mantener la pureza étnica y hacer creer que actúan por el bienestar de la mayoría de la población.

En el mundo eclesiástico, Juan XXIII era “El Papa Bueno“. Ángelo Giuseppe Roncalli, salvó la vida de muchos judíos durante la Segunda Guerra Mundial proporcionándoles documentos para huir de Europa. Alfonso X era apodado “El Sabio“. Se ganó su apodo porque tuvo la habilidad de rodearse de un excelente grupo de científicos, expertos, poetas, magos, traductores y eruditos de varios orígenes.

En el mundo del deporte es muy común la utilización de motes o sobrenombres.

El mítico jugador de futbol brasileño “Pelé” se le apoda también como “O Rei“. Pelé se llamaba en realidad  Edson Arantes do Nascimiento. Sus más allegados también le llaman “Dico”. La versión más extendida sobre ese apodo es la que afirma que a su padre, también futbolista, le apodaban “Bilé”, y fruto de la distorsión los conocidos le terminaron llamando “Pelé” que no significa nada en particular en portugués.

Diego Armando Maradona, el famoso y controvertido futbolista argentino, también era conocido como “El Pelusa“. El apodo le venía porque cuando era joven llevaba una larga cabellera rizada que parecía una bola de algodón o pelusa. A Michael Jordan, probablemente, el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, se le conocía como “Air Jordan” por su capacidad de salto. A Ervin Johnson le llamaban “Magic Johnson“, a Alfredo di Stefano “La Saeta Rubia“. Al extraordinario jugador holandés, Johan Cruyff le llamaban “El Flaco”. Al maravilloso boxeador estadounidense, Floyd Mayweather se le conoce como “Money” (Dinero), por las millonarias cifras que mueven sus combates. A otro buen boxeador, Oscar de la Hoya se le conoce como “Golden Boy” (Chico de Oro) por su facilidad de convertir en dinero todo lo que tocaba.

Al delantero inglés, Peter Crouch se le conoce como “El Espárrago” por su altura y delgadez. A Leonel Messi como “La Pulga“, a Cristiano Ronaldo como “CR7“, a Zinedine Zidane como “El Mago“. Al jugador de futbol argentino, Ariel Ortega, le llamaban “El Burrito Ortega“, unos dicen que por su aspecto y otros que por su miembro viril. A Carlos Tevés “El Apache” por su fisionomía andina. Al ex futbolista y entrenador, Diego Pablo Simeone, se le conoce como “El Cholo“. El mote indica que es mestizo, descendiente de blancos e indígenas. Uno de los apodos más acertados es el que hace referencia al piloto finlandés de Formula 1, Kimi Raikonen, al que se le conoce como “Iceman“, por su frialdad fuera de las pistas. A Michael Schumacher le apodaban “El Káiser” debido a sus 7 títulos mundiales y su origen alemán, en el que esta palabra significa emperador.

En el mundo de la música, al fallecido Michael Jackson, se le conocía como “El Rey del Pop“, a Elvis Presley, “El Rey del Rock“, a The Beatles como “Los Cuatro Fabulosos”, Madonna “La Ambición Rubia“, Frank Sinatra, “La Voz“. A David Bowie le conocían como “El Duque Blanco“, a los Rolling Stones, “Sus Satánicas Majestades“, Bruce Springteen “The Boss), a Eric Clapton se le conoce como “Slow hangs” (Mano lenta). Tom Jones es conocido como “El Tigre de Gales“.

A Al Capone, uno de los mafiosos más conocidos de todos los tiempos en Estados Unidos de principios de siglo, era conocido como “Scar-face” (Cara Cortada), ya que poseía una gran cicatriz en la cara. Al actor John Wayne le apodaban “The Durke). A Naomi Cambell se la conocía como “La Pantera Negra” o “La Diosa de Ébano” y a Lola Flores como “La Faraona“.

Mención aparte merecen los hipocorísticos. Estos nos explican por qué José terminó siendo Pepe o Francisco, Paco. Este último es el nombre con más apodos. Los Franciscos también tienen como sobrenombre: Pancho, Pacho y Curro. Otros de los hipocorísticos más curiosos son: Federico (Quico), Concepción (Concha), Enrique (Quique), Rosario (Charo), Dolores (Lola), Manolo (Lolo), Gregorio (Goyo), Antonio (Toño) y Ariadna (Tita).

Los José se apodan Pepe por influencia de la religión. José era el padre de Jesús, pero en el catolicismo se referían a él como “Pater Putativus” (padre supuesto) o P.P. en una época de persecución cristiana, de ahí derivó en “Pepe”. En Castellano antiguo, una de las formas de José era “Josep”, que derivó en Pepe por afinidad fonética. Algo parecido ocurrió en Italia, en donde Giuseppe derivó en “Beppe”.

Lo de Paco hace referencia a que el Francisco más conocido de la historia era el de Asís, que era conocido copo Pater Comunitaris o Padre de la Comunidad francisca. Paco se compone de las dos primeras sílabas de cada palabra. Dentro de los hipocorísticos, uno de los más importantes es el de José Bonaparte, hermano del emperador francés, Napoleón Bonaparte. Este personaje era más conocido como “Pepe Botella” por su alcoholismo. Decidió abolir en España, el impuesto sobre bebidas alcohólicas.

Los apodos entran en una fase contradictoria. El crecimiento demográfico demanda que se creen nuevos apodos, ya que la repetición de nombres será inevitable. De momento, los apodos son cada vez menos frecuentes en la actualidad debido a que surgen del conocimiento y la confianza entre las persona, algo que las redes sociales no permiten de una manera directa.

Por Alcides Pimentel Paulino

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