Militares en las calles

Por Manuel Hernández Villeta

Es positiva, la integración de las Fuerzas Armadas a la lucha contra el crimen,  en el apresamiento de los delincuentes y el  desmantelamiento de las bandas.  Las autoridades no pueden dejar que el crimen  doble el pulso a la sociedad, y que en cada rincón del país se note el miedo y la impotencia.

Pero hay algunas aristas periféricas que es necesario tocar. Los militares tienen una hoja intachable de servicios, por lo que llevarlos al asfalto es un paso importante para tratar de retornar la calma a la ciudad. Empero hay que tener en cuenta que la llegada  de militares no puede pasar de un golpe de efecto,  de rápida acción, el que no debe durar más de dos semanas.

Los militares no están entrenados ni tienen la paciencia para tratar con civiles en momentos de crisis. Su formación es de resolver de inmediato un problema, por los métodos que demanden las circunstancias. Soy contrario a que los guardias salgan en patrullas normales por los barrios.

La misión de los militares debe ser de tropa de choque. Actuar cuando se detecta a un banda en su madriguera, en el momento en que se está cometiendo un delito, en ser la punta de acción de los trabajos de inteligencia e investigación de la policía.

Cuando los hombres de chamaco salen a las calles, se le respeta, pero una prolongada presencia militar lleva una idea distorsionada a la población, al tiempo que se van crispando los nervios de los agentes. Lo ideal, y es lo recomendable, es que los militares se utilicen un par de semanas para desmantelar la espina dorsal de las bandas y de los delincuentes, y que luego retornen a sus cuarteles.

También de cara al turismo se crea una imagen distorsionada. El visitante no gusta de ir a países donde los militares están en las calles con sus armas de alta potencia. Somos uno de los principales polos turísticos del continente y tenemos que tener mucho cuidado con los guardias  tirados en los barrios y residenciales.

Tiene que haber, eso sí, una lucha frontal contra el crimen,  utilizando todas las herramientas necesarias. Desde el fuego letal, hasta la fundita de comida. Cuando sale una patrulla mixta de policías y militares a vigilar las calles, tiene también que estar presente el programa de asistencia social y comunitaria.

La miseria extrema de los barrios es un caldo de germinación de la delincuencia. No es solo matar o apresar, también se tienen que buscar soluciones a la exclusión social, la deserción escolar, la falta de empleos y el subsistir en un hábitat marcado por las carencias.

La policía y los militares están para proteger a la comunidad y deben mostrar su mejor rostro, su  sonrisa amigable, una  mano suave, mientras tienen la otra con  el dedo en el gatillo para disparar si es necesario. En esos planes sociales hay que utilizar a policías y militares, para que las comunidades observen que no solo está el puño que golpea, sino también la mano que lleva paz, comida, seguridad y esperanzas. Si no se da esta mezcla, podemos perder la pelea. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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