Miles de marroquíes recurren a fecundación artificial, pese a elevado coste

Por EFE miércoles 10 de octubre, 2018

EL NUEVO DIARIO, RABAT.- Miles de parejas marroquíes con problemas de fertilidad recurren cada año a los centros de procreación médicamente asistida o fecundación artificial, pese a las lagunas en la regulación de este sector y el coste elevado de los tratamientos.

Hay en todo Marruecos 20 centros, de los que solo dos son públicos, y el coste de cada operación, tanto en el sector privado como en el público, puede llegar hasta 18.000 dirhams (1.650 euros), en un país donde el salario mínimo mensual es de 2.570 dirham (235 euros).

Durante décadas, las clínicas de fertilidad han sido un negocio privado, pero establecieron la base para el desarrollo de la fecundación artificial en Marruecos que luego permitió al sector público crecer y mejorar los estándares de calidad, explica a Efe el director del Centro de la Salud Productiva (CSP), que alberga este departamento, Rachid Bezad.

Dentro del sector público, el Centro de la Procreación Médicamente Asistida (CPMA) de Rabat aspira a ser una referencia nacional y de hecho acaba de firmar un convenio con la Organización Mundial de la Salud (OMS) para convertirse en su colaborador regional junto a otros 800 centros en el mundo dentro del mismo ámbito.

En sus dos años de vida, el CPMA ha recibido a más de 3.500 parejas, en su mayoría marroquíes, que se beneficiaron de sus servicios con un porcentaje de éxito de 27 %.

El CPMA, el primer centro público en ofrecer este servicio en Marruecos, se inauguró en 2016 tras diez años de trabajos, investigaciones y formación del personal. Hoy en día, es el centro con mayor nivel de rigor del país.

Pese al aumento del número de las parejas que recurren a la fecundación artificial (sin que se conozca una cifra o estimación total) todavía no existe en Marruecos una ley que regule esa práctica a la que puedan acogerse el 15% de las familias marroquíes que tienen problemas para tener descendencia.

El Gobierno marroquí ha preparado un proyecto, que espera la aprobación del Parlamento, para organizar este sector, sobre todo en lo referente la protección de los datos y la criminalización de las prácticas que atenten contra la integridad humana (como la venta de embriones) y el modo de conseguir las autorizaciones necesarias para trabajar.

Bezad detalla los tres requisitos que se exigen a toda pareja en busca de tratamiento de fertilidad: estar casados, demostrar que llevan entre seis meses y un año con dificultad para procrear y que han recurrido de manera fallida a métodos naturales y tradicionales.

La ginecóloga en la clínica Al Boustane (privada) de Rabat Buchra Yenen explicó a Efe que el número de marroquíes que recurren a la fecundación artificial sería “mucho más grande” si hubiera estrategias claras para reducir el coste de los medicamentos.

Precisó que solo su centro recibe una media de 2.000 parejas anuales desde que lanzó el servicio de la procreación médicamente asistida a finales de los años 80, con un porcentaje de éxito de 30 %.

Además de las miles de parejas que buscaron la solución en los centro marroquíes, un gran número se van a países como la vecina España en busca de “mayor eficacia y calidad”, según Bezad, y también para alejarse de su entorno cultural que mira con malos ojos la fecundación artificial y estigmatiza como “débil sexual” al hombre o la mujer estéril.

El médico explicó que su centro emplea tres técnicas diferentes de fecundación artificial: la inseminación intrauterina, la fecundación in vitro con ICSI (técnica de microinyección espermática) y la IMSI (inyección intracitoplasmática de espermatozoides morfológicamente seleccionados), que es la más costosa pero también la más eficaz.

Además, el centro ofrece otros dos servicios complementarios que son el diagnóstico preimplantacional de los embriones y la posibilidad de congelarlos para volver a utilizarlos en el caso del fracaso del primer intento.

 

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