Miguel Aníbal Perdomo

Por Ramón Saba

Nació el 1 de febrero de 1949 en Azua, pero lleva muchos años viviendo en Estados Unidos de América.

Narrador, poeta, ensayista, educador y gestor cultural. Hizo una licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD); continuó con una maestría en Literatura en la Universidad de Illinois, Chicago; luego prosiguió con una maestría en Filosofía y Letras en la City University of New York (CUNY) y finalmente completó un doctorado en Filosofía y Letras en esa misma universidad. Estudió, además, inglés, francés e italiano y ha tomado numerosos cursos intensivos, incluyendo uno de literatura en la Universidad de Santiago de Cuba. Fue profesor, y posteriormente coordinador en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Universidad de Illinois y en la City University of New York (CUNY); además del Sarah Lawrence College y gestor literario en el Comisionado Dominicano de Cultura en Nueva York. Ha sido conferencista, charlista o disertante en numerosas actividades en Santo Domingo, Chicago, Nueva York, Caracas, París, Granada (Nicaragua) y en San Juan y Mayagüez (Puerto Rico.

En el haber literario de Miguel Aníbal Perdomo descubrimos títulos de diferentes géneros, los cuales detallaremos por los mismos. Novelas: Cuatro esquinas tiene el viento, Cornalina y Bachata rota. Poesía: Los pasos en la esfera, El inquilino y sus fantasmas, La colina del gato, Noche oscura nacida del carbono y Afiches. Cuentos: La estación de los pavos reales, Los violines gemelos y Puertos de origen. Ensayos: La cultura del Caribe en la narrativa de Gabriel García Márquez y Ensayos al vapor. Traducción: The Twin Violins.

 

Miguel Aníbal Perdomo ha sido receptor de importantes reconocimientos y premios, tales como haber obtenido la beca de estudios de la Fundación Fulbright); además ha recibido cinco veces el Premio Anual de literatura en diferentes géneros, entre los que podemos resaltar el premio en poesía 2003 por su obra La colina del gato; el premio de ensayo 2006 con La cultura del Caribe en la narrativa de Gabriel García Márquez y en cuento 2007 por La estación de los pavos reales. También fue merecedor del Premio Personalidad Cultural 2007 de parte de la entonces Secretaría de Estado de Cultura. No forma parte de ningún círculo literario en particular, aunque goza del aprecio de todos sus generacionales y es ampliamente estimado por otras.

Su vasta y sobresaliente obra literaria figura en valiosas publicaciones y antologías, habiendo sido bien ponderado por críticos y colegas suyo de la talla de José Acosta, Franklin Gutiérrez, Soledad Álvarez, Rei Berroa, Alberto Baeza Flores, Alexis Gómez Rosa, Daisy Cocco de Filippis, Frank Moya Pons, Alejandro Paulino, Rafael Molina Morillo, José Rafael Lantigua y Cándido Gerón, entre muchísimos más.

El escritor José Alcántara Almánzar considera que en la obra Los violines gemelos de Miguel Aníbal Perdomo, este pone de relieve su dominio del difícil género del cuento. Su imaginación y pericia técnica, aborda temas que escapan a los lugares comunes para sumergirnos en el misterio de la condición humana y los intrincados laberintos del ser y la conciencia.

La escritora y profesora norteamericana Kathryn Johnson estima que los protagonistas neoyorquinos de origen dominicano de Miguel Aníbal Perdomo ven el mundo a través de la lente de varias culturas que, en vez de competir entre ellas, enriquecen y complementan su vida de norteamericanos que escogen mantener una fuerte conexión con sus raíces.

Finalmente, el escritor Mateo Mórrison opina   que Miguel Aníbal Perdomo es un escritor fundamental, que resume en su obra poesía, narrativa y ensayo, y que, además, unida a su condición de auténtico creador enlaza la de académico de fuste. Obras como La colina del gato (poesía), La cultura del Caribe en la narrativa de Gabriel García Márquez (su tesis doctoral) y La Estación de los pavos reales (cuentos), todos premiados, —agregaríamos sus lúcidos trabajos recogidos en el libro Ensayos al vapor—, le conceden el nivel para cualquier reconocimiento nacional e internacional. Leer su obra es valorar la consagración de una vida ejemplar en lo ético y en lo estético.

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un fragmento de un cuento de Miguel Aníbal Perdomo.

 Los violines gemelos

 Mi primer encuentro con Alberto fue en San Petersburgo, en la calle León Tolstoi. Yo leía un libro de cuentos en un parque y él tocaba el violín. De vez en cuando levantaba la vista de las páginas y miraba a Alberto que se sabía observado. Las notas apenas subían por el aire de agosto porque el ruido de la multitud las apagaba; pero conservaban fuerza suficiente para convencer de que Alberto era un músico excepcional. De vez en cuando pasaban por mi mente detalles de la construcción de aquella ciudad que Pedro el Grande arrebató al Neva, cuyas aguas se rebelaban en invierno y deshacían lo que el Zar había hecho en verano. Cerré el libro y Alberto desapareció de mi vista; pero las notas del violín siguieron resonando desde entonces en mi cerebro. Después le hablé de Alberto al crítico norteamericano Seymour Menton, cuando hice de edecán suyo en un congreso dedicado a Pablo Neruda en 1983 en Santo Domingo. Asistía yo en ese tiempo al taller literario de la Universidad Autónoma donde era profesor de sicología colectiva, disciplina que estudié en la Universidad de Moscú. Le dije a Menton que Alberto le había servido a Tolstoi para hacer una breve disección del temperamento artístico. Menton me miró sorprendido, creyéndome un profesor de literatura. Hace unos meses vi a Alberto en Port Authority en la 42.

Por Ramón Saba

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