Mi pueblo está feliz

Por María Hernández miércoles 20 de mayo, 2020

Mi gente está feliz y así lo expresa en cada rincón de mi barrio. El lunes 18 de mayo de 2020 será recordado por muchos que han sentido un gran respiro con la posposición del horario del toque de queda a partir de las 7:00 de la noche y no a las 5:00 de la tarde como estaba pautado. 

Ya a las 4:45 de la tarde “el Chuape”, como le dicen al dependiente del colmado más cercano, recogía su abanico y se iba a recluir a su casa, distante a unos 500 metros de donde tiene el colmado. 

A las 4:30 había que llamar corriendo al colmado para que les llevaran el agua embotellada a los clientes, pues de lo contrario tenían que esperar a las 7:00 o 7:30 de la mañana cuando de nuevo abrieran el negocio. 

No sé si a usted le ha pasado como a mí, que, en algún momento, pensé que tenía en mi casa algo tan imprescindible como la sal, y que va, se me había terminado y ya el colmado estaba cerrado a las 5:00 de la tarde. 

Otra cosa, vivo frente a un residencial de 24 apartamentos y a las 4:50 estaba el parque lleno de vehículos, todos en sus hogares compartiendo con la familia. Por fortuna el servicio energético es permanente y la gente se divierte viendo televisión y los niños estudiando y mirando sus muñequitos. Tenemos 59 días en cuarentena, igual cantidad de tiempo tenemos sin ver a los niños jugar en el parqueo. 

Faltando 5 minutos para las 7:00 la gente ya se ha recogido de nuevo, este lunes, en mi sector. Verdaderamente mi pueblo es obediente y disciplinado porque sabe que nuestras autoridades lo han hecho bien. No lo decimos nosotros, lo reconocen otras naciones que se mantienen evaluando, desde adentro, el desempeño de quienes nos dirigen y para los que lo más importante es la salud de la gente y el bienestar colectivo de la nación. 

Continuemos en cuarentena y toque de queda hasta que por fin el fantasma de la pandemia del coronavirus haya desaparecido o como dice el presidente de la República, Danilo Medina, nos hayamos acostumbrado a vivir con tan peculiar y mortífera enfermedad, que nos ha llevado a detener todos los proyectos que teníamos pendientes hasta tal punto que muchos solo pensamos en que mañana hay que levantarse a comer, si hay. 

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