Memorias en trocitos       

Por Carlos Martínez Márquez lunes 2 de octubre, 2017

‘’Recordar es fácil para quien tiene memoria. Olvidarse es difícil para quien tiene corazón’’. Gabriel García Márquez

La vida, es simplemente un poema, que cada instante trascurrido, registra las líneas importantes de lo que vamos viviendo. El recordar hace bien, porque podemos generar una referencia de episodios, que describen, imágenes inéditas de como nuestras personalidades se han ido forjando.

Muchas veces, nuestro cerebro hace ajustes de recomposición, de todo aquello que ha estado disperso en nuestra memoria y por eso, de repente, nos llega esa chispa que destella los relatos oportunos, que describen el sentir del pasado y que tal nos va, en esos instantes que nos pasan en breves segundos por nuestras mentes.

Yo, cada mañana al despertar, hago un ritual de limpieza mental, de todo lo que ha transcurrido en mi memoria. Aún poseo el privilegio que de vez en cuando, mis neuronas emiten una alerta, de que en ese momento, debo procesar algún evento que me haya causado frustración, pesar y alegría; los archivos son muchos, porque siempre me llegan como relámpagos y empiezan a darme trocitos desordenados de recuerdos, para así, poder darle prioridad… a aquella antología de sentimientos, conforme a mi estado de ánimo. El ‘’choco-choco era una especie de turrón edulcorado de leche, muy parecidos a los cubitos para los caldos, de gran consumo en las bodegas de los barrios periféricos, se vendía a tan solo un centavo; claro está, eso fue en la década de los años sesenta; se vendían además,  la pulpa de tamarindo y los helados caseros, que eran vertidos en potecitos de compotas: muy deliciosos.

A mediado de esa década de los años sesenta, se registraron productos importados, como la leche condensadas, envasadas en latitas en miniaturas, cuyo precio era de diez centavos, se vendían también, en bodegas; las galletas saladitas de la marca ‘’Nabisco’’ y que venían con su quesito incorporado, si mal no recuerdo. Los chiclets Double Bubble, de franquicia americana, con sabor único que duraba mucho tiempo en el paladar, los mismos venían en envolturas con muñequitos, el cual llegue a coleccionar muchísimos.  Dejaron de traerlos, posteriormente. Al parecer, la franquicia, le cede el mercado a la compañía Roco Capanno, quien le dio continuidad a su comercialización, pero con sabores distintos, no apegados a los mismos estándares de calidad de aquella franquicia, pero, los chiclets de fabricación local tenían buena calidad y eran los que habían en el mercado, compartiendo con la Warner Lambert y sus legendarios chiclets ‘’Adams’’ con sabores a menta, canela y yerba buena.

Mi madre solía darle sabor a las habichuelas con el llamado ‘’petit sale’’que se vendían, también, en las bodegas o colmados. Era vendido al detalle por el colmadero, sin ninguna precisión en su peso, ya que al detallarlo, lo cortaban al ojo por ciento, dependiendo del monto deseado por el consumidor. Ciertamente, le daba un sabor único a las habichuelas, que todavía recuerdo el sabor casero que le daba mi madre.

En aquellos años maravillosos, disfrute de productos, que hoy ya no están en el mercado, como el ‘’salchichón el torito’’ y la mortadela, producida por la embutidora stefanuti- los de hoy- nada comparable a aquellos embutidos de muy buen  sabor y calidad. La cerveza presidente es nuestra marca país, que todavía preserva nuestra identidad, aunque su precio en aquel entonces no guarda similitud al de ahora. Su precio nada más y nada menos era de cincuenta centavos. El embriague era casi de gratis y las fiestas se encendían con poca cosa. Imaginémonos aquellos tiempos. Es demasiado cosas que tengo documentada en mi mente, que no me alcanza el tiempo para plasmarlo de un solo plumazo; pero, si de lo que puedo dar testimonio, es, que viví una época hermosa, de mucha calidad de vida y sosiego. Nada mejor que estar disfrutando el presente, acompañado de un pasado reciente que me entusiasma recordarlo.

Si bien es cierto que el pasado no volverá, no menos cierto, que el presente pueda tener la oportunidad de enmendarlo.

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