Meditaciones

Por Manuel Hernández Villeta

La Semana Santa  abre un buen período para la meditación. Desde los templos, los religiosos deben abordar los problemas dominicanos, y el hombre de la calle, en largos días de descanso, pasar revista a todo lo que está a su alrededor.

En los últimos dos años la Semana Santa ha sido casi a puertas cerradas, por estar la pandemia en su máximo avance. Ahora que ha bajado su incidencia, y no hay medidas obligatorias, ni siquiera con la vacunación y el uso de mascarillas, cientos de miles van a viajar a playas, montañas, ríos y otros pueblos.

Se tiene que rescatar la Semana Santa como días para la reflexión y no para el ron. Le toca al liderazgo político cumplir su papel de orientador, y sobre todo, a los religiosos, sean curas o pastores.

La gran influencia que tiene la religión en el país, sean católicos  o cristianos evangélicos, prácticamente les obliga a que orienten a la población sobre males que lastran nuestro desarrollo y el vivir en paz.

Se necesitan sermones que planteen soluciones al alto costo de la vida, a bajar los índices de violencia y criminalidad, a que no comience a destiempo la campaña política, a que se produzca un gran diálogo nacional, que tanto los empresarios como el gobierno  deben  comprender que se necesita más seguridad social y hospitalaria, ambientada en una línea de creación masiva de empleos.

En el papel son temas urticantes, pero difíciles de solucionar. Ningún gobierno en solitario le puede encontrar soluciones a las causas que generan el mantenimiento de la exclusión social y el subdesarrollo. Semana Santa es buena etapa para predicar el surgimiento del diálogo.

Los estremecimientos del mundo globalizado, que van desde la pandemia, la guerra armada entre Rusia y Ucrania, y el enfrentamiento económico entre Rusia, Estados Unidos, China y Europa, presenta una profundización en la crisis interna de los países en desarrollo.

El pequeño mundo dominicano es sacudido hoy por los efectos colaterales y lejanos de la guerra entre Ucrania y Rusia. El universo está globalizado, las grandes potencias libran sus guerras, y las naciones pequeñas conocen de los sacrificios.

Parte de la crisis económica se multiplica con  la guerra, pero también se deben citar los inconvenientes generados por el covid 19. No se puede dejar a un lado a los malos gobiernos, la corrupción, los manejos turbios, la falta de metas en pasadas administraciones públicas y las trabas del subdesarrollo.

Hay que levantar la bandera de la concertación y del diálogo. El país necesita dar un salto adelante, y ello se torna difícil con soluciones individuales. Es hora de dejar egoísmos aparte y unir hombros por el desarrollo nacional. Que los que tienen  se sacrifiquen, menos el gran pueblo que conoce los estragos de la miseria. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

Comenta

Apple Store Google Play
Continuar