Más sobre mi respuesta al artículo del BC acerca del modelo económico dominicano

Por Víctor Manuel Peña lunes 14 de enero, 2019

En su artículo sobre el modelo económico dominicano: ¿Cambio o ajustes?, el Banco Central se jacta de que la tasa de desempleo es de 5.3%

Pero resulta que la tasa de desempleo ampliada está por encima del 16%. Situación ésta que debe llamar más a preocupación que a jactancia!

Otro fallo de la estrategia de desarrollo de los 90 es que no ha logrado, en 27 ó 28 años, que la tasa de crecimiento del empleo se aproxime a la tasa de crecimiento de la oferta de fuerza de trabajo.

Y resulta que la tasa de crecimiento de la población dominicana ha sido menor en ese largo período de 27 ó 28 que lo que fue en los 60, en los 70 y en los 80, porque a partir de 1991 hasta la fecha se han visto mejoradas las condiciones de la población dominicana en general, por lo que ha disminuido la tasa de mortalidad y también las tasas de natalidad y de fecundidad.

Recordemos que producto de esos elevados índices de crecimiento de la población dominicana, nuestro país pudo agotar a principios de los 80 la transición de sociedad eminentemente rural a sociedad urbana: el 60% de la población dominicana pasó a residir en la zona urbana.

No obstante esa disminución en el crecimiento de la población dominicana en los últimos 27 ó 28 años, la estrategia de desarrollo de 1991 no ha logrado que el índice de crecimiento del empleo se aproxime, repito, a la tasa de crecimiento de la oferta de fuerza de trabajo.

De ahí la gran masa de desempleados y subempleados que pululan en la sociedad dominicana sin expectativas de vida ni horizontes claramente definidos.

Pero en el contexto de la globalización, que arrancó en firme a principios de los 80, el problema se ha agravado y se ha multiplicado con creces debido a los efectos inevitables derivados del uso de tecnología de punta.

¿La estrategia de desarrollo vigente en la República Dominicana desde 1991 está en capacidad de revertir a favor del crecimiento del empleo en la economía dominicana los efectos que produce sobre el desempleo, de manera inmediata, el uso de tecnología de punta?

Es lógico que nuestro país no puede sustraerse del proceso globalizador porque éste es ínsito al mundo y a la comunidad internacional, y nuestro pais es miembro activo de la comunidad internacional y del mundo y, además, porque el Estado como sujeto colectivo no puede impedir que el sector privado emplee tecnología de punta en sus actividades económicas, las cuales no podrán ser modernizadas sin hacer uso de la tecnología de punta.

Pero el mismo Estado dominicano está llamada a modernizarse haciendo uso permanente de la tecnología de punta porque, además, vivimos en la era de la modernidad y de la posmodernidad, era del Estado sabio.

Como no se puede evitar, y no se debe evitar, ese proceso modernizador marcado por el uso de la tecnología e impuesto por el paradigma predomiante en la globalización, ¿cómo enfrentar los efectos perversos producidos por ese proceso y por la misma globalización sobre el desempleo en el mundo y en los países?

La estrategia de desarrollo implementada desde 1991 no tiene una respuesta frente a ese tormentoso, atormentador y conflictivo dilema al que se enfrentan actualmente los países en el mundo.

Por esa otra poderosa razón el país urge y necesita que se defina y se aplique una nueva estrategia de desarrollo para afrontar el agravamiento del desempleo tomando en cuenta la ciencia, la educación y la cultura.

Otro asunto grueso que la estrategia de desarrollo de 1991 no ha podido resolver es el insuficiente dinamismo, escasa competitividad y diversificación de las exportaciones de bienes.

Ahí hay un problema estructural pero también un problema coyuntural porque las políticas aplicadas por el lado de la oferta agregada y de la demanda agregada que no han producido efectos dinámicos y notables en términos de mejorar significativamente en el largo plazo de 27 ó 28 años la competitividad de las exportaciones de bienes y la suficiente y progresiva diversificación de las mismas y de los mercados externos.

Está harto demostrado que por el lado de la depreciación de la moneda, que es un asunto coyuntural, no es posible romper el cuello de botella –un problema estructural- que impide mejorar progresiva, significa y notablemente la competitividad y la diversificación de las exportaciones de bienes.

Este tema cobra suma importancia ante la amenaza real o no de Trump – un gobernante que siempre actúa en base a instintos y no a razones- de excluir o segregar a República Dominicana del DR-CAFTA. Y en este caso no importa el motivo, injustificado o no, que tenga Trump para protestar ese acuerdo, del cual Estados Unidos es el principal beneficiario. La República sí debería protestar ese acuerdo, habida cuenta de que nuestro país no discutió ni negoció ese tratado de libre comercio, sino que se adhirió en el gobierno de Hipólito Mejía.

Pero todo parece indicar que esa estrategia de desarrollo no le permitió al país y al Estado dominicano prepararse para protestar, en ejercicio de su soberanía y de su independencia, ese acuerdo de libre comercio. Los principales beneficiarios de ese acuerdo han sido Estados Unidos y algunos países de Centroamérica.

Otro asunto medular y nodal es que esa estrategia de desarrollo de los 90 no le ha permito a la economía y al país aumentar sensiblemente el ahorro interno y los flujos o corrientes internos de financiación de los procesos económicos y sociales en el corto, mediano y largo plazo, estableciendo, claro, una obvia diferenciación entre los mercados financieros locales para la financiación a corto plazo y la financiación a mediano y largo plazo.

Los recursos para financiar y sostener en el mediano y largo el proceso de crecimiento y de desarrollo económico y social no los puede aportar todavía el mercado nacional de valores porque aún es un mercado en desarrollo, el cual sigue siendo esencialmente un mercado de valores, no de capitales, porque la mayoría de las empresas dominicanas todavía tienen la cultura de no colocar en el mercado de valores su capital accionario.

Otro asunto que la actual estrategia de desarrollo vigente no ha abordado creativa y eficazmente es el relativo a la trípode de ciencia, tecnología e innovación.

Donde se evidencian también las grandes limitaciones, vacíos y baches de la estrategia de desarrollo vigente es en lo que respecta al rol de la ciencia, de la tecnología y de la innovación en todos los procesos que tienen lugar en la sociedad, mucho más en estos tiempos de hegemonía de la globalización.

¿Cómo es posible que la actual estrategia de desarrollo basadas en las políticas de mercado y la apertura externa haya descuidado el papel de la ciencia, de la tecnología y de la innovación no obstante la existencia en la ciencia económica de los modelos de crecimiento con desarrollo endógeno de la tecnología y de la innovación desarrollados en los 60, en los 70 y en los 80 en Estados Unidos y otros países desarrollados?

Baste señalar que es totalmente insignificante e intrascendente lo que el Estado dominicano ha estado dedicando de por vida a la investigación en ciencia y tecnología: mucho menos de 1%.  Pero el sector privado dominicano tampoco tiene presupuestos significativos dedicados a tan revolucionaria materia.

Sin presupuestos significativos dedicados a la investigación en ciencia, tecnología e innovación no es posible modernizar los procesos económicos y sociales, multiplicando por n la producción corriente y la producción potencial, permitiendo al mismo tiempo redimensionar y aumentar progresiva y sostenidamente la productividad y la competitividad de las exportaciones de bienes y de servicios y su diversificación.

La estrategia de desarrollo defendida por el Banco Central, basada en políticas de mercado y la apertura externa, no es una verdadera estrategia de desarrollo.

Por las razones aludidas en mi primer artículo y por las razones aludidas en el presente, en respuesta al artículo del Banco Central sobre el modelo económico dominicano, es que consideramos que nuestro país debe abocarse ya a definir y aplicar una nueva estrategia de desarrollo en la línea de superar todas las debilidades estructurales, coyunturales y sociales señaladas y para hacer posible la conversión del crecimiento económico en desarrollo económico y social.

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