“Más allá del Coronavirus” 

Por Manuel Cruz domingo 5 de abril, 2020

Desde que se anunció la aparición del coronavirus muchos líderes y millones de personas a priori le restaron importancia, resulta que ahora esta hecatombe sanitaria nos tiene a todos viviendo la “retrotopía” de Bauman y añorando un pasado que no siempre mejor. Empero, aunque parezca en este momento una visión displicente estoy convencido que la mejor forma de enfrentar el COVID-19 es agendando el futuro. Y, muy conscientes de que el mundo que conocimos antes de esta crisis ya no existe, pues como dijo el gran filósofo griego Heráclito de Éfeso “nadie se baña en el río dos veces porque todo cambia en el río y en el que se baña”.

Las Catástrofes y los Cambios

Dentro de todos los aportes que nos ha legado el psicoanálisis, legendarias figuras de la estirpe de Dostoyevski, Freud y Ferenczi en sus postulados nos probaron que el hombre desde que adquiere los primeros vestigios de comprensión y reflexión se resiste a los cambios; toda vez que, está convencido y se aferra a que el mundo y las cosas que le rodean deben evolucionar y avanzar a la misma velocidad de su imaginación. Sin embargo, aunque estén ofuscados con esta “Simiocracia” como la describió el historietista español Aleix Saló tendrán que humanizarse y reinventarse; pues el COVID-19 ridiculizó el distópico y mordaz sistema capitalista.

De igual forma, la historia nos muestra con axiomática claridad que desde la Plaga de Atenas en el 430 a. C., la Peste Antonina en Roma en el 165, la de Cipriano en el 249, la Bubónica o de Justiniano del Imperio Bizantino en el 541, la Peste Negra en 1346 en Europa, la viruela que diezmó a los mayas y los aztecas en 1520, el cólera etc. Todas ellas hicieron colapsar los sistemas sanitarios, los modos de producción y cambiaron la lógica holística del orden político que imperaba en esas épocas. Por tal razón, sin querer creerme el Yuval Harari ni el Alvin Toffler dominicano hay que hacer un maridaje entre los protocolos de seguridad y sanidad junto con la proyección de los cambios que nos esperan.        

Resiliencia del Coronavirus

Más allá de este holocausto sanitario, de la Sociofobia y del economiclismo que ha generado el coronavirus; todos debemos estar conscientes de que el mundo va a continuar y, por consiguiente, hay que aferrarse indefectiblemente a una nueva utopía antropocéntrica para producir e inducir a dinámicas sociales propositivas y emprendedoras. Y, que rompan de raíz con esa fragilización globalizada de nuestras nómadas vidas fundamentalmente refugiadas en la epifanía de un pesimismo inexorable. Por ello, debemos darle paso al concepto psicológico de la resiliencia y que al mismo tiempo superponga la vida de las personas frente a la economía global.

En ese sentido, hay que ponerle fin a ese consenso ideológico y fetichista de que el neoliberalismo popularizado por el legendario politólogo estadounidense Francis Fukuyama; es la suma de todas las virtudes posibles y único terruño económico y político de la sociedad poscapitalista. Por eso, no tenemos otro camino que entender que estamos precisamente ante ese “mundo desbocado” que en defensa de la globalización y la democracia de libre mercado describió el sociólogo británico Anthony Giddens. Casualmente en dirección contraria a todos esos postulados, pues la hegemonización de reclamos sociales y el coronavirus lo probaron.

El Mundo que nos Espera. 

A todos aquellos que hemos tenido la osadía de presagiar y proyectar escenarios futuros, casi siempre nos describen de manera peyorativa como individuos que creemos saberlo todo. Desde esa perspectiva, aun muchos solo estén pensando en que comerán en esta cuarentena y contabilizando los muertos e infectados; el COVID-19 traerá desafíos posteriores a los cuales tendremos que enfrentar. En efecto, el más grave de esos retos será lo que he denominado el funeral de los empleos a través de la aceleración de la disrupción tecnológica y la inteligencia artificial. A tal punto, que aquellos que no lo crean también serán aniquilados por su propio glaucoma.

En consecuencia, quienes se resistan a ese cambio de paradigma les pasará igual que a esos que se resistieron en 1914, en 1929 y en 1991. Aferrarnos a un sistema conocido, nos impide adentrarnos a otros espacios de nuevos descubrimientos y evolución. Por ejemplo, vamos hacernos las siguientes preguntas, ¿cuánto se están ahorrando las empresas que están operando virtualmente? ¿Acaso la reducción de costos no es una premisa perpetua de la economía? ¿Se detendrá el desarrollo tecnológico para respetar los empleos de los humanos? Parafraseando a Calderón de la Barca, “los sueños son sueños y siempre lo serán”.     

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