María Cristina Camilo “La Gran Soberana”

Por Yissus Taveras lunes 11 de marzo, 2019

EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- Por ser la primera mujer en hablar por un micrófono en la República Dominicana, más de 70 años de trayectoria en la televisión, teatro, comedia y la locución, abogamos porque María Cristina Camilo sea galardonada con el título de “La Gran Soberana”.

La destacada comunicadora que hoy tiene 99 años de edad, recibió el primer Gran Micrófono de Oro dado en el país en 1991. Fue condecorada con la orden de Duarte, Sánchez y Mella por el extinto presidente Joaquín Balaguer, 1977.

Sus inicios

María Cristina Camilo dejó su natal San Francisco de Macorís en 1949 para venir a Santo Domingo a buscar trabajo tras renunciar de la clínica donde había sido enfermera por doce años, luego de que su patrono, un médico, le negara un aumento salarial. Ganaba 20 pesos mensuales.

Atrevida, como toda pionera, María Cristina, recién llegada a la capital dominicana, se presentó a La Voz del Yuna luego de que escuchara, en voz de un reputado locutor, el fallecido Ramón Rivera Batista, un anuncio de que la emisora necesitaba contratar cinco locutores con títulos de bachiller y correcta dicción.

Aunque nunca había tenido experiencia ninguna en el oficio, solicitó una entrevista a Petán Trujillo, dueño y director de la planta y a quien había conocido en San Francisco de Macorís, donde el hermano del tirano Rafael Leónidas Trujillo tenía una de tantas novias. Se le concedió la entrevista, en la que virtualmente comenzó el trabajo de María Cristina en el mundo de las ondas hertzianas.

María Cristina Camilo hizo la historia de su historia en la radio, la televisión y el teatro en una entrevista que concediera a la periodista Emely Tueni publicada en la sección Areíto de ese diario el domingo 26 de enero pasado. Del diálogo entre ellas salieron los datos base de esta crónica.

Origen

La Escuela Héctor J. Díaz, de la antigua Voz Dominicana, emitió su carné número uno a María Cristina, quien debutó como presentadora en el primer programa difundido por la recién inaugurada era el primero de agosto de 1952 Voz Dominicana, canal cuatro. Su primera tarea ante las cámaras fue presentar el programa Romance Campesino, en vivo y directo.

El espacio tenía como protagonistas a dos personajes que hicieron historia en la televisión criolla: Felipa y Macario, encarnados por la actriz Toña Colón y el actor Luis Mercedes Miches.

Tras su debut, María Cristina siguió con otras tareas, incluyendo la lectura de comerciales, con su voz en off.

El día que la recibió, Petán Trujillo le preguntó, extrañado: ¿Muchacha, qué tú haces aquí? y ella le respondió contándole su aspiración de trabajar como locutora. Entonces él le inquirió si ella era locutora. María Cristina le dijo que no, pero le precisó que tenía condiciones para trabajar en la radio y le solicitó una audición.

Encontró la oportunidad. Trujillo la mandó ante el jefe de grabaciones de la planta, Francisco Montelli, quien, junto al señor Pedro Piña, grabó su voz y luego le recomendaron irse a su casa.

“De regreso a la casa donde estaba viviendo, ni siquiera llegué a quitarme la ropa cuando me dijeron que Petán Trujillo me había mandado a buscar en un jeep de la empresa para que fuera nuevamente a la emisora”, contó.
Y dijo que regresó rápidamente a la Voz del Yuna, donde se le informó que estaba nombrada como locutora con un sueldo de 75 pesos. “Me quise volver loca de alegría, porque apenas ganaba 20 pesos como enfermera. Ese dinero era una fortuna en esa época”, refirió.

Cree que el visto bueno para su contratación lo dio el propio Trujillo, porque dice a él y a Abraham Santamaría, director general de la emisora, eran las personas a quienes se llevaban todas las grabaciones. “A los quince días de estar trabajando, mi sueldo fue aumentado a 100 pesos, que era un dineral”, dijo.

El mismo día en que se inició como locutora, en 1952, La Voz del Yuna fue rebautizada como La Voz Dominicana y posteriormente se la denominó Radio Televisión Dominicana, su nombre actual.

“Como yo tenía esas condiciones (para ser locutora), porque las monjitas de la Inmaculada Concepción me habían enseñado a hablar correctamente y, además, tenía dos títulos de bachiller, uno en Ciencias Naturales y otro en Filosofía y Letras, de inmediato pensé que podía obtener ese empleo”, fue la reflexión que hizo María Cristina cuando escuchó el anuncio en la voz de Rivera Batista. Y no se equivocó.

Su vida

María Cristina Camilo nació en 1921, pasó parte de sus infancia y adolescencia en su pueblo de origen y a los seis años de edad fue enviada por su familia al Colegio Inmaculada Concepción, en La Vega, donde cursó hasta el octavo grado, para regresar luego a su pueblo natal para completar el bachillerato en la escuela Ercilia Pepín.

Graduada de bachiller se inscribe en un instituto de estudios comerciales y participa en clases de Enfermería que impartían aquí varios estadounidenses. Se gradúa de enfermera quirúrgica y se emplea en la clínica donde trabajaría por doce años y de la que renunciaría por la negativa de su dueño a aumentarle el salario.

Comenzó, como por influjo de su plan vital, del destino, la labor de pionera de esta mujer que se asume como una monja frustrada. “Soy una monja frustrada; siempre me ha gustado la vida religiosa, pero no podía tomar esa decisión, porque tenía que mantener mi casa y luego mi hijo, que ha sido para mí un gran regalo que Dios me dio y que me ha coronado con varios nietos y biznietos”, indicó.

María Cristina ingresó a la Escuela Héctor J. Díaz, fundada por Petán Trujillo para formar locutores, artistas del baile, el teatro y el canto, antes de salir al aire por la emisora.

“(Las clases) eran verdaderas cátedras, muy rígidas; se lograba una formación amplia en todo lo que es cultura, como historia universal del arte, historia patria, así como geografía universal y dominicana. No todos lograban un título, aunque tuvieran buena voz y dicción. Para los profesores eran de mayor importancia los conocimientos generales y, sobre todo, el título de bachiller”, comentó.

Su primera presentación fue en un programa junto al veterano Rivera Batista, en el que ella debía limitarse a realizar comerciales.
Concomitantemente entró al Departamento de Arte Escénico y tres años después se tituló como locutora y actriz.

En su debut como actriz, trabajó bajo la dirección del español Emilio Aparicio, luego pasó a formar parte del espacio Felipa y Macario, en donde personificó a Sinforosa, la mujer que provocaba los celos de Felipa, y laboró en El Suceso de Hoy, espacio radial popularísimo en su época y que era narrado por Manuel Antonio Rodríguez (Rodriguito), así como en la radionovela Kazán, El Cazador.

La totalidad de las producciones eran directo y en vivo, porque en República Dominicana era impensable entonces contar con la tecnología hoy disponible para grabaciones diferidas.

Cual gacela, María Cristina se convirtió rápidamente en actriz de primera, una de las principales figuras del Cuadro de Comedias de la Voz Dominicana, dirigida por Aparicio, Divina Gómez y Antonia Blanco Montes, entre otros.

En fin, estamos en frente de una leyenda viva del arte popular y la comunicación en nuestro país, quien rumbo a los 100 años de edad no pierde la cordura.

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