Manuel del Cabral

Por Ramón Saba jueves 7 de marzo, 2019

Motivado en la llegada 112 aniversario de su nacimiento, TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS rinde homenaje a la memoria de uno de los más sobresalientes poetas dominicanos del siglo pasado, y quizás de todos los tiempos.

Nació el 7 de marzo de 1907 en Santiago de los Caballeros bautizado con el nombre de Manuel Cabral Tavárez. Falleció en Santo Domingo el  14 de mayo de 1999. Cambió su nombre por el de Manuel del Cabral porque en Santiago había un poeta al que él consideraba de baja estatura literaria, que también se llamaba Manuel Cabral y él no quería que lo confundieran con aquel.

Poeta, narrador y diplomático dominicano. Ha sido considerado una de las voces más importantes de la poesía afroantillana. Tuvo una exitosa carrera diplomática que se extendió por casi tres décadas. Receptor de múltiples reconocimientos entre ellos haber sido designado Premio Nacional de Literatura en el 1992.

Su Antología Tierra, publicada en España por el Instituto de Cultura Hispánica, consolidó su fama de gran poeta. Publicó de modo constante sus obras en la editorial Losada. Fue poeta de corte socialista en buena parte de su obra, y aprovechó el tema de las guerras civiles para componer Compadre Mon, un poema que se ha comparado con Martín Fierro, del escritor argentino José Hernández. En su poesía puede encontrarse la temática política, amorosa, social, metafísica. La poesía negra tuvo en Manuel del Cabral, una de sus voces más significativas, junto a Nicolás Guillén, Luis Palés Matos y Aimé Cesaire.

Junto a Pedro Mir y Franklin Mieses Burgos conforman la trilogía de poetas más representativos de nuestra nación. Su poesía política y social, especialmente su afamado poema “Compadre Mon”, lo ha situado al lado de los grandes poetas de Latinoamérica como Vicente Huidobro, Pablo Neruda, César Vallejo y  Octavio Paz.

Del Cabral se caracteriza por la fuerza y la belleza de sus imágenes. La contundencia y originalidad de su discurso poético, la variedad y profundidad de los temas que aborda, la intensidad lírica que logra en su poesía, la ternura mágica en sus cuentos y prosas poéticas, la claridad y fortaleza de sus denuncias sociales y la vocación reflexiva de sus introspecciones. Transitó las palabras con lenguaje simple y profundo. Buscó y encontró la musa, en los panoramas del mundo, por eso, frente a los retos sociales, se autoproclamaba el poeta internacional.

Entre sus obras poéticas más importantes están Pilón, Color de agua, Biografía de un silencio, 12 poemas negros, Trópico negro; Compadre Mon, Los huéspedes secretos; La isla ofendida; Sexo no solitario, además de haber incursionado con notoriedad en otros géneros como la novela (El escupido y El presidente negro), el cuento (Los relámpagos lentos y Cuentos cortos con pantalones largos), el ensayo (Historia de mi voz) y el teatro (La carabina piensa), publicó una autobiografía titulada Historia de mi voz… sólo para mencionar parte de su obra. Viajó por Europa y América, y residió mucho tiempo en Buenos Aires, donde publicó la mayoría de sus trabajos literarios que suman unos setenta libros editados.

En una ocasión, cuando Juan Bosch lideraba en 1959 y 1960 la lucha contra Trujillo, se encaminaba a Chile a participar en un congreso y al llegar al aeropuerto de Buenos Aires, para hacer el trasbordo se encontró con Manuel del Cabral, en ese entonces ministro consejero de la embajada dominicana, quien le esperaba con un fuerte abrazo. Bosch le dijo Bosch: “Cunito pero tú te estás volviendo loco, si Trujillo sabe que tú viniste a recibirme eres hombre muerto y Del Cabral le respondió, “Ay Juan, ¿qué carajo sabe Trujillo de literatura y de poesía?”

Por otra parte,  el poeta Tony Raful siendo diputado, recomendó en el congreso que Pedro Mir fuera proclamado Poeta Nacional, Manuel del Cabral le reclamó airado que a quien le correspondía ese mérito era a él; pero Raful inteligentemente le respondió diciéndole “Maestro, usted no es el poeta nacional, usted es el poeta universal” y eso lo tranquilizó.

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS con un poema en versos dodecasílabos de corte negroide, como muestra del gran caudal poético que nos legara Manuel del Cabral:

AIRE NEGRO

Cantan los cocolos bajo los cocales.
Ya la piel del toro muge en el tambor.
Los temibles lirios de sus carcajadas:
sus furiosas lunas contra el nubarrón.

Está fiero el cielo que cayó en sus ojos.
Lucha con ancas de la hembra el son.
Por entre pestañas de los cocoteros
cuchillos de vida le clava ya el sol.

Nórticos turistas mascan voces negras;
piel color de rosa trópico quemó;
pipas neoyorquinas, tufo de cerveza;
(se tragó la kódak los Papá-bocó).

Las cocolas cantan cánticos calientes,
cantos que retuercen vientres de alquitrán,
y entre sus corpiños tiemblan cocos negros
que a los cocolitos vida blanca dan.

Recia risa, a ratos, hace heridas blancas.
Hoy su noche alumbran, y anda por su piel
ya borracho el son. Mas, la borrachera
que entra por sus belfos, sale por los pies.

Y los dulces huesos de la dura caña
no tienen más mieles ni más duros son,
que la carne negra de la negra alegre
que se alegra a golpes de tambora y sol.

Sube por su cuerpo de bestia divina
fuerte olor a tierra. Su respiración
viene como un viento del ciclón del Cosmos,
(la emborracha el rito mucho más que el ron).

Sale ya del vientre del tambor la selva.
Ya la piel del toro muge en el tambor.
Y contra el silencio de sus ruidos roncos
la negra desnuda parece una voz.

 

Por Ramón Saba

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