Manolo, o las alas del heroísmo

Por Ling Almánzar lunes 21 de diciembre, 2020

Manolo Tavárez Justo fue un sueño perdido. Quiero decir, además, que fue una bella ilusión de heroísmo. Sus anhelos se estrellaron contra la fuerza y terminaron despedazados. La muerte del héroe fue un triunfo de la maldad y de la sinrazón. Los tropiezos que siguieron ensangrentaron a la desdichada República. Todo fue un vértigo: guerra, carnicería fraticida, lucha vana. El sacrificio fue una semilla estéril: los verdurgos de la patria impusieron el terror y estrangularon las libertades.

Ese heroísmo nació en Montecristi, creció en Santo Domingo y murió en Las Manaclas. El pueblo de Manolo era una aldea provinciana. Allí tenía privilegios rurales. Claro, su padre era un próspero hacendado: dueño de enormes extensiones de tierra, gran propietario y terrateniente distinguido.

El muchacho hizo travesuras y se transformó en pequeño poeta y gran soñador. La ilusión empezó a echar alas y a volar alto. Era un bohemio enamorado y romanticón: un verdadero seductor. (Ofrezco más detalles en mi libro, que pronto nacerá.)

Su juventud inquieta lo metió en la militancia política. Así, incursionó en la Juventud Democrática, distribuyó el mensaje revolucionario y predicó la libertad. Se convirtió en un pequeño redentor. Los camadaras eran osados, de Leo Nanita Cuello a Rafael Cocuyo Mieses y Oscar Torres Soto.

Con ellos calentó su conciencia revolucionaria y engrasó su espíritu heroico. Así, con vocación de martirio, ensambló el Movimiento Revolucionario Clandestino 14 de Junio, y combatió al trujillato hundido en las tinieblas de la tiranía. Las expediciones de junio de 1959 fueron una gran inspiración. Los 198 expedicionarios quedaron reducidos a 6 (dos cubanos y cuatro dominicanos), pero mostraron una brillante solidaridad internacional para redimir a Santo Domingo.

Sufrió el horror en las ergástulas trujillistas. Lo trituraron en las cámaras de tortura, sacándole uñas, dándole latigazos y lacerando su cuerpo. Chorros de sangre, gritos y dolores espantosos: todo eso lo vivió él. Empero, no delató a sus camaradas y aguantó con estoicismo las terribles vejaciones.

Manolo, excarcelado en 1961 tras el asesinato del Jefe, emprendió nuevos episodios históricos y nuevas rutas patrióticas. En efecto, fundó la Agrupación Política 14 de Junio, llevando en sí las marcas de la dictadura, y exigió la destrujillización total. Lo hizo con arrojo y abnegación.

Apuró la revolución, pensando que la guerrilla era necesaria para lograr la redención última. Emprendió su aventura última, animado por la Revolución cubana, y vislumbró un porvenir luminoso. Cuba era la gran utopía. Santo Domingo anhelaba su libertad.

Manolo recogió ese afán de redención y se fue a las montañas, cargado de fusiles y de ilusiones. Claro, no lo hizo solo: se llevó a un grupo de revolucionarios que instalaron 6 frentes guerrilleros en busca de la liberación nacional. Pero naufragó en su intento, y se hizo añicos su gran proyecto revolucionario.

Lo fusilaron el 21 de diciembre de 1963, hace hoy 57 años. No murió solo: con él también murieron la utopía y la libertad. Las Manaclas fue la tumba de los sueños.-

 

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