Manejo de datos personales, aplicaciones digitales y la imperiosa necesidad de su regulación

Por Francisco Álvarez Martínez jueves 13 de enero, 2022

En nuestro país, casi en su totalidad, la discusión sobre la regulación (o no) de plataformas digitales se ha circunscrito al elemento impositivo, o la competencia desleal. Sin embargo, el manejo de los datos personales de los usuarios, y la manera en que dichas plataformas se benefician del mismo, parece ser de mayor importancia para los ciudadanos.

Las aplicaciones, en su centro, basan prácticamente toda su operatividad en la ciencia aplicada a la información, la cual se genera gracias a la interacción con los usuarios y que, como decía Thomas Redman, aseguran el “fuego” del negocio gracias al humo estadístico obtenido.

Entonces, en un mundo digital donde la data es lo que promueve el negocio, y este avanza en la captación, interpretación y aplicación de esta información personal de cada usuario, llega un punto donde ya el capital humano no es suficiente para procesar la data y allí es donde se integran, por necesidad, las herramientas tecnológicas (automatización).

Empresas como Netflix, gracias a la inteligencia artificial aplicada, dejó de ser proveedor de material audiovisual, a producirlo.

El mejor ejemplo de esto es la famosa serie de Netflix, House of Cards. El duo Kevin Spacey – David Fincher fue sugerido por el estudio de estas estadísticas de sus usuarios, como una garantía de que el producto sería consumido. Es decir, el éxito “estaba asegurado”.

¿Y exactamente de qué se nutre Netflix? Cuando pausamos, retrocedemos, adelantamos, cerramos, dejamos de ver o vemos dos veces, toda la interacción que se hace dentro del entorno digital de la plataforma Netflix genera información que se adjudica al usuario, sus gustos y acciones.

¿Cómo se hace esto? Ese universo de información se depura de manera “automatizada” por programas creados no solo para leer, sino para aprender y reaccionar, identificando patrones. Estos patrones traducen el comportamiento del usuario a información estadística. Todo esto ocurre tras bastidores. El usuario no se entera, y probablemente ni se lo imagina.

Vamos a traer lo anterior, que representa el poder de la información en el crecimiento de una empresa, al plano local. Aplicaciones como Pedidos Ya manejan, de una forma u otra, información personal diversa de sus usuarios. Saben, y comparten con terceros, nuestra dirección, teléfono, gustos y costumbres. Todo esto ocurre en un área gris donde – salvo las leyes especiales que normalmente aplicarían en relaciones de este tipo – el usuario no está realmente protegido.

Apple, en su búsqueda de transparentar frente al usuario, reconociendo el valor de la información y su manejo, presenta en su tienda de aplicaciones un renglón donde desglosa todo lo que el proveedor indica a Apple estará percibiendo del usuario.

Así, dice, siguiendo con el ejemplo, Pedidos Ya, S.A., a la tienda de aplicaciones de Apple, que usará su aplicación para (a) seguir al usuario fuera y dentro del entorno de su aplicación, (b) analizará la información generada y (c) usará esta información para ofrecer servicios y personalización en los productos.

Entre la información que recibe, según su propio informe, se encuentran (i) compras, (ii) información financiera, (iii) ubicación y dirección física, (iv) identificadores de usuario y (v) información y diagnóstico de la aplicación.

Todo lo anterior se resume en que, Pedidos Ya, una aplicación de uso “masivo” en la República Dominicana, está generando información constantemente, dentro y fuera de su aplicación, para depurarla, utilizarla y compartirla con sus colaboradores y posiblemente terceros.

De igual manera operan sus competidoras directas e indirectas, y todas, de manera masiva y constante, están generando información producto de nuestra interacción con amigos, otras plataformas y páginas web, sin un conocimiento (y consentimiento efectivo) real del usuario. Todo esto sin una (necesaria) regulación administrativa efectiva.

La discusión debe estar en la mesa de los cuerpos legislativos, si algo demostró la pandemia, es que la potencialización de las plataformas digitales en la República Dominicana es ya una realidad, y nuestro derecho positivo no está preparado para ello.

Francisco Álvarez Martínez

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