Maduro: envalentonado y desafiante

Por José Flández Viernes 21 de Abril, 2017

En una acción propia de las tiranías, el despiadado dictador Nicolás Maduro amenazó en un discurso propio del chavismo, cargado de odio, violencia y revanchismo, que entregaría armas a colectivos civiles compuestos por medio millón de milicianos paramilitares, para enfrentar una supuesta amenaza imperialista para derrocarlo a través de un golpe de estado.

La amenaza y virulencia de Maduro han sido motivadas porque la oposición llamó a una movilización general el 19 de abril recién pasado, para exigir elecciones generales inmediatas, con el fin de salir de la dictadura y restablecer el orden democrático roto por el chavismo con el desmantelamiento y boicot de las instituciones violando flagrantemente su propia constitución.

Pero las manifestaciones multitudinarias fueron celebradas, pese a las amenazas oficiales, siendo estas brutalmente reprimidas por las fuerzas represivas regulares y por los llamados colectivos paramilitares y delincuenciales, dejando un saldo de varios muertos, heridos y centenares de detenidos.

Mientras se celebraban las manifestaciones y en una acción desafiante contra el gobierno de Donald Trump, un envalentonado Maduro, tomó el control de la planta de la General Motors, lo que la compañía norteamericana a denunciado como un embargo ilegal de sus activos.

La empresa que emplea a 2700 personas denunció que el gobierno retiró los vehículos de la empresa y anunció acciones legales para contrarrestar la acción confiscatoria.

Como es sabido la dictadura Castro chavista, aparte de sus típicas acciones agresivas contra la inversión privada, que son precisamente las que han provocado la profunda crisis de su arrogante régimen dictatorial, sistemáticamente se ha encargado de ir paso a paso eliminando obstáculos del camino en la construcción de una estructura totalitaria que le permita eternizarse en el poder.

De ahí que primero hayan inhabilitado al dirigente del partido Voluntad Popular, Leopoldo López por medio a una falsa acusación y condena arbitraria a 14 años de prisión, y recientemente al dirigente de la Mesa De La Unidad Democrática, (MUD) Henrique Capriles, a quien inhabilitaron de por vida como candidato, todo esto sumado a la inhabilitación de la Asamblea Nacional y al secuestro de todas las instituciones que ahora conforman un estado totalitario.

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, ha advertido que la única solución que tiene actualmente la crisis venezolana, es la realización inmediata de elecciones generales que conduzcan a un verdadero cambio de gobierno. Y yo diría que lo primero es exigir la liberación de los presos políticos y la habilitación de los dirigentes que han sido inhabilitados, para que estos participen y las elecciones tengan asidero.

Pero unas elecciones generales que no sean garantizadas por una estricta supervisión internacional, tampoco deberían ser aceptadas. Estas tienen que ser elecciones donde los resultados sean avalados y deben ser respetados por todas las partes siempre y cuando sean nítidas y transparentes. De lo contrario el régimen no dejaría otra alternativa que la desobediencia civil indefinida hasta que caiga la dictadura.

Y es que lo que una vez fue tierra de esperanzas, donde acudían migrantes de distintos puntos del planeta a buscar un mejor porvenir, hoy es un espectáculo dantesco, matizado por la mediocridad de su desgobierno, una profunda miseria, desabastecimiento espantoso de mercancías de todo tipo, incluyendo las medicinas, hiperinflación sin precedentes, una asombrosa corrupción dirigida por el mismo gobernante, crisis monetaria, una brutal criminalidad, exiliados, la huida masiva de venezolanos creando problemas a otros países y un largo etc.

La tierra que en su subsuelo posee las mayores riquezas petroleras del globo. Esa nación otrora orgullosa de sus logros en el marco civilizado de la democracia; donde las instituciones no eran perfectas pero funcionaban con respeto unas de las otras, fue convertida por el socialismo desestabilizador, en un dramático y anárquico infierno muy difícil de superar.

Un mesiánico caudillo, Hugo Chávez, se encargó de socavar profundamente todos los aspectos de la sociedad, la cultura, la economía, la infraestructura, la superestructura, en fin , todo un estado de cosas funcional, para transformarlo en lo que es hoy Venezuela dirigida por el forajido régimen de Maduro: una aberración disfuncional, con su carga de monumentales distorsiones.

Y aunque el régimen se empecina en denunciar la situación de crisis como algo provocado por una conspiración de la burguesía, la oligarquía y el imperialismo, muy bien sabemos que esas denuncias no son mas que perversas estrategias copiadas del castrismo, ya que esta ha sido producida por la aplicación de políticas propias del comunismo, las que fueron diseñadas por Marx y Engels, para destruir lo que los marxistas consideran un “orden injusto” que hay que aniquilar por completo para luego instalar su “paraíso” comunista.