Madre con amor infinito

Por María Hernández

El amor de una madre hacia su bebé comienza desde el mismo momento en que recibe la noticia de que está embarazada y no tiene límites durante toda su existencia.

La ternura, el cariño, el mimo, el desvelo, las atenciones, en sentido general, de una madre hacia su hijo o hija son constantes y van impregnando en ellos sus valores y rasgos característicos de una manera inconsciente desde la gestación.

Mirar a un recién nacido despierta emoción aún si se tratara del retoño de otra madre, de ahí que los padres adoptivos experimentan sentimientos tan reales como los que viven los progenitores biológicos.

La maternidad ha ido cambiando y a medida que las civilizaciones van superando etapas así se manifiesta esta transformación en las futuras generaciones a lo largo de todo el planeta.

Las madres cuidan a sus hijos de una manera tal que han dado sus vidas por dejar vivir a sus bebés aún cuando los médicos les aseguran del peligro que le puede producir llegar al final del embarazo y deciden sacrificarse para dar aliento a un nuevo ser. Teoría que no comparten los que defienden el aborto y para los que la vida del No Nacido está relegada a un segundo plano sin importar el tiempo que tenga la mujer con ese niño o niña,  en su vientre.

En República Dominicana hay un problema que crece sin propuestas de solución por parte de las autoridades del gobierno y en especial del sector salud, que es el embarazo en las adolescentes que en la mayoría de los casos se debe al descuido de sus familias y a la poca instrucción que tienen muchos de sus padres, que por lo general también se han unido a una edad temprana.

Nuestro país se encuentra dentro de las naciones de la región que tienen mayor cantidad de embarazos a temprana edad, de acuerdo a datos del Servicio Nacional de Salud, en 2019, en el que se registraron unos 27,734 partos de adolescentes lo que representa un 23.5% de todos los partos que se registraron en nuestro país en ese año.

Hay factores externos que influyen en esta tendencia que no respeta clases sociales y cuyo problema cuando viene a aflorar es porque ya no se puede hacer nada. Las escuelas, iglesias, clubes deportivos y otros, deben hacer un receso en sus prácticas habituales y enseñar a los adolescentes la forma en que deben cuidarse para poder llegar a una edad prudente para definir su vida en términos sexuales que siempre deja sus consecuencias adversas cuando no son orientadas correctamente, como son los  embarazos no deseados.

Y qué decir de las madres que han tenido que pasar toda su vida al cuidado de sus niños porque los mismos han nacido con condiciones especiales producto de malformaciones y otras condiciones de origen genético.

En nuestro país se ha descuidado a este sector de los niños que tienen algún tipo de discapacidad y recordamos que en la pasada gestión del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) el Despacho de la Primera Dama que dirigió Cándida Montilla de Medina  tenía una atención especial mediante el programa del Centro de Atención Integral para la Discapacidad (CAID) por lo que llegó a recibir incluso algunos premios de la Asociación Dominicana de Pediatría, entre otras instituciones nacionales e internacionales.

Es justo reconocer el sacrificio de muchas mujeres que cuidan a niños que por circunstancias especiales de diferentes tipos quedan en la orfandad en albergues públicos y privados y que tratan a esas criaturas con un amor tan especial como si hubiera salido de su vientre. Dentro de algunos de los orfanatos que hay en el país se encuentran: Orfanato Niños de Cristo, Escuela Hogar Nuestros Pequeños Hermanos, Residencia Hogar Santo Domingo Savio, Hogar Madelaes, Orphanage Outreach, Fundación Red de Misericordia, Fé y Alegría, Hogar Doña Chucha, entre otros.

Recuerdo que en  una ocasión el Papa Francisco criticó a las parejas por no querer hijos o tener uno solo: Perros y gatos ocupan el lugar de los hijos. Hace reír, pero es la realidad”, dijo el Papa en informaciones que recogen medios como CNN en Español. En realidad hay personas que debido a su edad, no apta para tener hijos, en el caso de las mujeres y, por otras razones, optan por dejarse acompañar de un fiel perro o gato, entre otras mascotas.

El trato que una madre da a su hijo desde su concepción moldeará su trayectoria de principio a fin aunque hay que reconocer que han salido correctos hijos de madres que, por alguna circunstancias de la vida, no han podido ser tan buenas y los casos los tenemos en actores, cantantes, ingenieros, médicos, maestros, escritores y otros, que han dedicado libros a dejar plasmada su historia en ellos.

También vemos el complicado escenario en que muchas madres han tenido que traer a sus hijos al mundo en países como Ucrania sumida en una guerra que parece no tener final después de haber sido invadida por Rusia.

Además, nos detenemos a pensar qué ha pasado en países como Afganistán y otros de tendencia musulmana en donde el rol de la mujer como madre o esposa se limita a los cánones escritos o vivenciales de grupos cuya tradición los lleva a maltratar a la figura de la madre poniendo en primer lugar a los varones.

Recompensar el amor de una madre es sencillo y para lo cual no se necesita dinero, solo entrega y dedicación infinita, como ella lo hizo con nosotros.

Valoremos a ese ser querido mientras tengamos tiempo pues, quizás, al final, solo nos queden los recuerdos de ese ser humano que marcó nuestras vidas como lo hacemos, en la actualidad, con nuestros descendientes.

Expresar amor al ser que nos dio la vida, de manera infinita, como ella lo ha hecho con nosotros, sin condiciones ni espacios de tiempo ni distancia. Llevarla en el corazón hasta el final de nuestros días. Felicidades mamá.

 

Por: María Hernández

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