Luis Abinader, la corrupción y el clientelismo 

Por Fernando Peña viernes 14 de agosto, 2020

El combate a la corrupción es difícil, mas no imposible. Tiene que ver con el comportamiento del individuo. Es entendida como la alteración o la violación de reglas morales y éticas de carácter normativas, es decir, es la ruptura de reglas que involucran compromisos morales. 

Para ser creíble la lucha anticorrupción de un presidente, de un gobierno debe basarse en un plan que involucre a sectores nacionales e internacionales, instituciones y gobiernos, sus luchas deben ser integrales y no limitarse a la esfera pública.

La corrupción es un mal terrible que afecta la calidad de la democracia y de las instituciones públicas. 

La corrupción no es la misma en todas las sociedades, lo que puede ser entendido como corrupto para una sociedad puede que no lo sea para otra. 

Autores han definidos algunos tipos de corrupción, se destacan tres tipos, 1) negra, en donde se condenan moralmente tanto por las elites, como por la sociedad en general y existe también una condena legal 

La (2) gris, situación intermedia en que no existe consenso entre la condena de la elite y la sociedad y puede existir o no falta de tipo legal. 

Y la (3) blanca, es tolerada ya sea por la elite y la sociedad, y tampoco existe una falta legal. 

La corrupción es un fenómeno social, definirla solo desde una concepción legal, no da cuenta de la complejidad del fenómeno y su relación con el contexto social, cultural y subjetivo.

Combatir la corrupción, eliminarla, acabar el clientelismo, el padrinazgo no es tarea fácil porque pesan los vínculos familiares y donde los partidos son los que están encargados de asignar los cargos públicos.

El pueblo llano, el pueblo real no asume el tema de la corrupción, porque ella le facilita mecanismo, clientelismo a su favor y a la gente del pueblo poco le importa la alteración o la violación de reglas morales y éticas. Así, ven la corrupción como el resultado directo de las decisiones, elecciones y del comportamiento a nivel del individuo. 

Ver la corrupción solo como el abuso del poder público en beneficio privado, es un grave error, ya que la corrupción no está restringida solamente al sector público, sino que también se extiende al sector privado. 

Clientelismo y corrupción lamentablemente es el sustento de la política, los gobiernos de estas democracias nuestras, aunque debilitan las normas legales y morales y facilitan otros actos corruptos.  

Se puede afirmar sin lugar a equívoco que el clientelismo en República Dominicana ha reemplazado a los partidos políticos. 

La corrupción es una relación entre actores, público y privados, insertado en la estructura del estado y que incumpliendo sus deberes facilite a otro (u otros) actor(actores) privado(s) la obtención de los beneficios perseguidos. 

O sea, hay, se produce una transacción o intercambio. 

Bien, siendo así, está el presidente Luis Abinader preparado, cuenta con la base y apoyo político, público y privado para combatir, perseguir esos actores, no solo político sino privado, empresariales que tienen décadas actuando y en complicidad con ese esquema

Nade negativo que Luis Abinader tenga el tema de la corrupción como un problema central de las agendas públicas y políticas de su gobierno.

En ese esfuerzo debe ser apoyado por todos, solo no podrá combatirla, afecta demasiados intereses.

La corrupción ha sido un fenómeno persistente, en todos los tiempos y bajo los más diversos regímenes y circunstancias políticas.

Sus esfuerzos en esa dirección tienen que llegar aparejado de políticas y medidas económicas y sociales que beneficien a las mayorías de manera presenciar, de manera directa.

Porque podría ser más caro el remedio que la enfermedad y afectar mas profundo, más que el mismo fenómeno de la corrupción a la democracia y de las instituciones.

Desarrollar una cacería, una persecución podría debilitar la capacidad de influencia de los ciudadanos y al verse afectado retiran el apoyo al gobierno a Luis Abinader.

Los militantes y dirigentes del PRM quieren y lucharon por soluciones para ellos, el cierre de instituciones estatales lo ven como medidas que truncan sus sueños de empleos y facilidades.

La gente, los militantes políticos quieren que se apliquen, se elaboren políticas y programas que le den acceso a los recursos estatales, del gobierno.

Los meses por venir nos demostrarán si realmente Luis Abinader no solo cuenta, para ese tema de lucha contra la corrupción, con la bulla mediática, los llamados líderes de opinión y las redes sociales.

Caerán entonces, empresarios, políticos, periodistas, religiosos, líderes del sistema, beneficiarios durante años de la complicidad.

Esperemos…

Por Fernando Peña 

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