Los tránsfugas políticos, ¡basta ya!

Por Venecia Joaquín sábado 22 de agosto, 2020

En medio del coronavirus, el cambio de gobierno y climático, los problemas económicos, el debate por posiciones en el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), etc., vemos salir los tránsfugas políticos, complicando el escenario.   ¿Quiénes son? Son aquellos representantes de un partido, quienes traicionando a sus compañeros de grupo y a quienes creyeron en su lealtad, luego de alcanzar sus objetivos, los abandonan por una mejor tajada personal.  Generalmente, no siguen ideologías sino individuos, pero saben ocultarse.

Los tránsfugas suelen manipular a su favor, la ignorancia y el hambre del pueblo; lo engañan dándole limosnas y promesas, a fin de ganar su confianza y alcanzar importantes posiciones nacionales. Inmediatamente, la logran, sin ningún pudor, lo abandonan, cruzando hacia otro escenario donde con esa nueva posición, encontraran más beneficios personales. ¡Eso no es justo!  De alguna manera, deben ser controlados.

Comprendo que los tránsfugas tienen débil personalidad, vacíos emocionales, necesidades insatisfechas, pero eso no justifica que utilicen sus habilidades para burlarse del pueblo.  Hay que tener “cachaza” como dirían en mi campo, para promoverse como candidato de un partido político, conseguir los votos, ganar las elecciones, abandonar a quienes lo apoyaron y buscar otros, para compartir los beneficios.

Sabemos que la esencia del tránsfuga es: engaño, traición, robo, corrupción. Sus lecciones deberían darle vergüenza, al menos, con sus hijos.   Debemos enseñar la población a ser honesta, leal, agradecida, a buscar en buena lid los mecanismos para hacer realidad los sueños. Algunos consideran que las acciones de los tránsfugas son política y que todo está permitido. No es verdad. La política es la ciencia que trata del gobierno; también ha sido definida como un arte, que se fundamenta en valores, principios, normas, disciplina, envuelve honestidad, ¡firmeza y coraje!, en la posición adoptada. Lo observamos en Bosch, Peña Gómez y Balaguer; quizás equivocados pero firmes en sus metas, en los principios en que se formaron, no como tránsfugas.

La política no es ni debe ser para débiles y menos para oportunistas, capaces de venderse al mejor postor. Debemos ser cautelosos; hay muchos enmascarados, que han ganado elecciones esgrimiendo los valores de un partido político; pusieron sus militantes a votar por ellos y una vez conseguido el triunfo, lo abandonaron. Es obvio, que, desde cualquier escenario, actuaran igual; no piensan en educar ni ayudar el pueblo a desarrollar sus potencialidades, sino en darle limosna para mantenerlos incondicionales. No es coincidencia que los tránsfugas, terminen agrupándose en el mismo espacio.

Urge que los congresistas, revisen la manoseada Ley de Partidos, para que los cargos sean del partido; los tránsfugas no deben llevarse el galardón de donde obtuvieron el triunfo; pueden salir, pero deben dejarlo. Procede enseñar los candidatos a ponderar bien el partido que han elegido para promoverse, a ser leales; procede legislar para que entiendan que si son electo no podrán cambiar de partido y si desean cambiar, no podrán “llevarse la posición alcanzada” por el voto popular.

De alguna forma, debemos detener esa nauseabunda hemorragia del transfuguismo político; enseñar a ser honesto, leal, a pensar en el bien común; a no andar enmascarado para traicionar. Me duele ver los tránsfugas políticos, abandonando la que creíamos su casa y por lo que muchos los apoyaron; corriendo rumbo a otra, para quitarse la máscara. ¡Basta ya de tránsfugas políticos! Necesitamos congresistas y funcionarios honestos, que respeten y ayuden a elevar el nivel de vida de la población.

Por Venecia Joaquín

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