Los sicarios de la conciencia dominicana (1de2)

Por Leonardo Suriel Morel miércoles 26 de abril, 2017

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) cataloga la propaganda como blanca, gris y negra, esta última, nunca parte de una fuente oficial o conocida, ni de las personas u organización que se beneficia de ella porque su proceder es clandestino y enigmático; su blanco de ataque no es realmente a la persona o institución, que en principio es afectada, sino que más bien va dirigida a la población menos instruida de la sociedad, y por lo general son los más pobres, quienes son el objetivo a secuestrar su conciencia para que pierdan la capacidad de pensar. El ataque despiadado que se hizo contra la República Dominicana acusándola de racista, xenófoba, que asesinaba a los haitianos, les quemaban sus casas etc.; no estaba dirigido contra el gobierno, sino más bien, contra la conciencia del pueblo dominicano para intentar quebrantar su espíritu de lucha en la conservación de su soberanía, y a la vez, de que sintiéramos complejo de culpa, para esta manera neutralizar nuestra defensa y conservación de nuestro territorio, obligándonos a aceptar la ilegal inmigración haitiana y las pretensiones de potencias extranjeras de querer unificar la isla.

 

Esta propaganda negra es planificada, estratégicamente, se espera el momento de ataque, cuando debe arreciar, retroceder y finalizar; porque no se pretende la aniquilación de la persona sino neutralizar su accionar, cuando se detiene a defenderse de las calumnias y a no exponer la visión que desea transmitir de la nación que se quiere. Este ataque mediático se hace de forma masiva a través de los multimedios, específicamente en las redes sociales, foros internacionales, tribunales, boicot al turismo nuestro, a nuestros productos, asedios en los organismos internacionales a los cuales pertenecemos etc.; acompañado de movilizaciones callejeras para dar una impresión de apoyo masivo de la población, como si nosotros somos partidario de suicidarnos como República con un haraquiri. Conclusión no se conoce su fuente, no se conoce quien la financia, se busca dañar reputación e imagen la acusación se basa en el rumor, en falsedades, calumnias y no en la verdad. Así se articuló la campaña de descredito y que siguen enarbolando organizaciones pro-haitianas contra la República Dominicana junto a organismos internacionales, regionales, personalidades y malos dominicanos que quieren destruir el hogar nacional.

 

Los que intentan liquidar la conciencia dominicana son matones asalariados al servicio de intereses internacionales que buscan como hacer desaparecer a la República Dominicana, estas personas y organizaciones que defienden las peores causas de la humanidad, se han trazado como meta eliminar la conciencia de la dominicanidad, como primer paso para luego apoderarse de la nación y desaparecerla como institución soberana llamada República Dominicana para luego unificarnos con Haití. Han intentado por todos los medios de como dañar la reputación de la mil veces gloriosa República Dominicana a través del engaño, fábula y la difamación, como arma para ir quebrando la conciencia de los dominicanos, acusándole de insolidarios con la súper problemática situación haitiana; para ellos no ha servidos de nada de que nosotros seamos el país del mundo más solidario con Haití, porque lo que se quiere es que nosotros nos echemos encima esa tragedia, que no es de nuestra responsabilidad, ni de nuestra autoría.

 

Las mafias organizadas dedicas a matar la conciencia de los pueblos están al servicio de las transnacionales del crimen político. Estos escuadrones de la muerte tienen trinchera en los medios de comunicación, ONG, políticos, empresarios, sectores de la iglesias, organismos

internacionales regionales y opinadores muy bien pagados en dólares; por suerte son minorías en las aéreas mencionadas, pero son poderosas, mal intencionadas y venenosas.

 

Se ha mercantilizado el asesinato a través de la ley del mercado: de la oferta y la demanda, donde se desvaloriza la vida y la muerte se convierte en un medio de producir riquezas; los asesinos a sueldo o por encargo de personas son fruto de la delincuencia común, inmerso en la estructura del crimen organizado que se mueve en la subcultura del bajo mundo. La mayoría de los sicarios han crecido en la marginalidad y la exclusión social, utilizando la violencia como su ascensor social en busca de dinero, fama y poder; ese reconocimiento social que no encuentran dentro del marco de la legalidad; mezclado con un sentimiento de odio y venganza, inconsciente, hacia un sistema político que lo ha sumergido en la pobreza y el anonimato; por ello, en cierta medida, su trabajo encuentra una motivación entre la violencia y la gratificación emocional del desahogo a su frustración personal como perdedores o víctimas del sistema, pero que van glorificando la muerte a través de una rebeldía desenfocada en pocas palabras son resentidos sociales patológicos.

 

Estos sicarios de la delincuencia común, tienen una estructura bien formada, hasta con un sistema de creencias religiosos con sus respectivas divinidades para que los protejan en su trabajo sucio, como son: la santa muerte, la virgen de los sicarios, como se titula una novela del escritor colombiano Fernando Vallejo, o todas las entidades demoniacas del mundo de la santería; a estas entidades, o falsos dioses, se le pide protección para que sus crímenes sean consumado sin mayores contratiempos.

 

El perfil de los sicario de la conciencia ciudadana son matones a sueldo, lacayos asalariados al servicios de los enemigos de los pueblos, de la humanidad y de Dios, aliados a las tinieblas; ellos son más peligrosos que los sicarios de la delincuencia común y a la vez hacen mayores daño que dicho criminales; porque el sicario común es un inadaptado social y sin nivel académico la mayoría de las veces; sin embargo el sicario de conciencia es una persona con mucha formación política, académica, es culto, bien informado, de conducta impecable, pero su accionar social se haya patológicamente alterado por querer cambiar el sentimiento de libertad, cultura, idiosincrasia y soberanía de un pueblo, aunque tenga que llevarlo a la guerra para lograr su objetivo, sin importarle los miles de muertos que se produzcan. Estos sicarios de la conciencia son peores que un delincuente común porque ellos buscan aniquilar la soberanía de todo un pueblo y; pretenden dar el tiro de gracia, en la nuca, a la dominicanidad para eliminar su conciencia patriótica; pero ellos no han entendido que las ideas, pueden dormir, pero no nunca morir, porque son inmortales, por ser espirituales.

 

Estos sicarios de la conciencia de los pueblos, buscan destruir la estructura mental, la construcción valórica realizada por los padres de la patria y todos los héroes que han luchado por ella y a la vez quieren la aniquilación de nuestra cultura, idiosincrasia, creencia religiosa e identidad como pueblo. Nosotros como nación estamos sumergido en una crisis de identidad producto de la enajenación político-cultural y el bombardeo mediático al que hemos sido sometidos; estamos rodeado de sicarios del crimen ideológico, especialistas en la aniquilación de conciencia. La alienación ideológica y cultural es cada día más feroz por parte del enemigo; nuestra cultura está siendo sitiada por los sicarios de la conciencia; ellos entiende que liquidando nuestra cultura, nos desaparecerán como nación, quieren cambiar nuestras manifestaciones

artísticas, folklóricas, que emana directamente del sistema de creencias de fe, de los valores y tradiciones judeocristiana por el vudú. Pero se equivocaron, porque no pasarán en el nombre de Jesús.

 

 

 

 

 

 

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