Los privilegios de la cúpula

Por Daygorod Fabián Sánchez miércoles 16 de febrero, 2022

El fenómeno de distanciamiento de las elites partidarias, de su base social, se ha convertido en común entre los partidos políticos tradicionales de toda América.

Las elites subestiman los niveles de inteligencia de las bases políticas y su dirigencia, que observan como con artificios legales se conculcan los derechos de participación para sortear el destino o rumbo de las parcelas políticas.

La sociedad cambió y quienes no entiendan eso simplemente se quedarán formando parte de las reliquias del pasado. Pensar que, por el hecho de retener la formalidad legal, de una agrupación (Siglas del partido), la gente emitirá el voto de forma masiva, es un equívoco rotundo.

Cuando eso sucede la gente busca vías para obtener espacios de respiros democráticos.

En verdad una de las causas de que los partidos políticos, por grandes y poderosos que sean, pierdan el norte y terminan siendo lo que comúnmente le llamamos bisagras, es la personalización de los proyectos colectivos, o sea cuando el partido lo desean convertir en un instrumento puramente personal de quien lo dirige.

Otro error es pensar que la sociedad no ausculta las mañas internas de los que dirigen los partidos, pues automáticamente la gente entiende que esas mañas podrían ser efectuadas desde el poder, pero ahora no contra una facción de un partido sino a toda la sociedad.

En el poder o en la oposición las cúpulas de los partidos, los mayoritarios específicamente, no importando que esta haya llegado a la posición dirigencial mediante métodos democráticos, buscan mediante cualquier mecanismo cercenar la posibilidad de ser sustituidos de sus funciones, en la mayoría de casos por su desconexión con la base social, política y de apoyo que los llevó a donde están.

Fruto de que los partidos se han desideologizado, el pragmatismo clientelar ha colaborado con la noción de compra de conciencias, para calmar las disidencias internas. No obstante, no existe dinero que detenga la fuerza de una idea cuando se apodera del pensamiento de las masas.

En el 2020 la idea de cambió era inevitable, de ahí que el poder del Estado en manos del PLD no pudo detener su fuerza.

Claro ese cambio fue bajo ciertas reservas, por lo que el reto de la actual gestión es no reproducir los vicios del pasado en su ejercicio gubernamental y en términos políticos mantener la unidad y fortaleza interna de su partido, el PRM.

Por Daygorod Fabián Sánchez

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