Los popis y las luchas sociales

Por Jesús M. Guerrero viernes 21 de febrero, 2020

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.” Bertolt Brecht.

Luego del golpe a la democracia ejecutado este pasado domingo 16 de febrero, al anular las elecciones curiosamente al vislumbrarse una victoria avasallante de la oposición. Todo parecería ser una trama oficialista para retrasar lo inevitable, una derrota que viene generándose desde que el PLD perdió y nos han llevado a una crisis sin precedentes al igual que fue la crisis postelectoral del 1994.

La crisis política que viene gestándose desde que iniciaron los aprestos reeleccionistas que fueron truncados y que de haber sido logrados hubiesen significado, por primera vez en nuestra historia republicana, una segunda modificación constitucional consecutiva para habilitar al Presidente de turno para un tercer mandato constitucional cosa que no era posible desde 1994; pasando al fraude de las primarias del 6 de octubre y ahora con la anulación de las elecciones municipales.

Para entender a los niveles que llega esta dificultad, solo hay que ver las declaraciones de uno de los opresores del pueblo venezolano, Diosdado Cabello, para él, la responsabilidad de lo sucedido recae en el gobierno desgastado que “suspendió” porque estaban perdiendo los comicios y peor aún, es que nuestro gobierno no tienen ni cómo responder ni nadie que exhiba credibilidad para responder a nombre del país. Ya podemos saber lo profundo de la crisis internacional que han provocado.

Pero lo peor para el partido de gobierno es que aunque su escenario electoral se percibía derrotado, con la división del PLD y ahora con su papelazo del domingo pasado y demás acciones torpes, han perdido su base social que era la clase media y agregando el rechazo de la juventud (los popis), que ha salido a protestar como forma de expresar la indignación colectiva de todos; no creo que tengan mucho que buscar ni en marzo y mucho menos en mayo.

Con el repudio generalizado contra el PLD, han perdido a la clase media que desde su fundación fue su base social y los que no estaban con ellos era opositores pasivos, que ahora están activos. Ahora tienen en contra a la clase social que históricamente ha encabezado los cambios sociales en el país. Han empezado los juegos del hambre en la casa morada y al parecer tienen los días contados.

El termino popi de la jerga popular fue lanzado alegremente por un comediante sin provocar risas, tan solo se ganó el aborrecimiento de todos y atizó aún más el fuego. Creo que la revolución de los popis es muestra de que estamos volviendo a la ideas como sociedad y ha ido replicándose en cada rincón del país, amarrando al gobierno en lo pelado.

Para muestra un botón, es sabido por todos la posición familiar privilegiada de Juan Pablo Duarte cuando fundó la Trinitaria y como sacrificó su patrimonio familiar por la lucha independista y la restauración, el ideólogo de nuestra soberanía nacional era popi.

Podemos ver que los complotados para ajusticiar a Lilis el 26 de julio 1899, Horacio Vásquez, Jacobito de Lara, Ramón (Mon) Cáceres y Vicente de la Maza, todos hacendados de Moca y Jacobito de Lara hijo del propietario del negocio donde fue ultimado Lilis, todos eran popis.

Los ajusticiadores de Trujillo, Antonio de la Maza y sus hermanos, hijos de Vicente de la Maza, Salvador Estrella Sadhalá, Amado García Guerrero, Miguel Ángel Báez, Manuel (Tunti) Cáceres Michel, Juan Tomás Díaz, Roberto Pastoriza, Luis Amiama Tió, Antonio Imbert Barrera, Pedro Livio Cedeño y Huáscar Tejeda, los hombres que dieron fin a la dictadura de 31 años eran o fueron popis en su juventud.

Las hermanas Mirabal, Manolo Tavárez Justo, Mario Read Vittini, Juan Bosch, Francisco Alberto Caamaño Deño, Rafael Fernández Domínguez, Pichirilo, Eberto Lalane José (El Fiero), Hamlet Hermann, Claudio Caamaño Grullón y otros más eran popis. Las grandes transformaciones sociales han sido conquistas de las luchas sociales que han sido encabezadas por jóvenes de la clase media, otro ejemplo de eso es la marcha del 5% para la UASD que llevo a cabo Hatuey De Camps.

Es decir, el desastre del pasado domingo 16 de febrero, rompió la gobernabilidad en el país y desató la cólera ciudadana que ha sido manifestada por la juventud que representa el 43% del electorado y que antes de esto tal vez, no votarían ni la mitad en el proceso electoral, pero al ver la decisión de dar un voto de castigo, creo que con algo de suerte el PLD podrá retener una que otra alcaldía como cuota de poder.

Las respuestas del gobierno para explicar esta situación engorrosa han sido la ridícula teoría para acusar al técnico de la empresa de telecomunicaciones y terminando con su detención y evidente tortura, a la que fue sometido Regalado. Pero, la torpe línea comunicacional del gobierno es objetar las protestas por la militancia política de algunos que protestamos, sin embargo, no veo sentido alguno. La militancia política no anula ni el derecho constitucional de protestar y mucho menos la indignación colectiva.

Algo evidente es el temor de todos de terminar como Venezuela, nadie quiere terminar en el extranjero compartiendo memorias de cómo era nuestro país con hermanos venezolanos y cubanos.

El estallido de los popis tiene al gobierno que iba de salida, con la peor de las manchas que hemos visto en estos casi 8 años de gobierno, que desde toda óptica han sido equivalentes a veinte años de retraso institucional, tan solo recordar que la última crisis postelectoral fue en 1994, algo superado y hoy estamos nuevamente en la incertidumbre política.

Estamos ante la destrucción de nuestras instituciones democráticas, al anular las elecciones sin precedente alguno en nuestra historia política, se nos arrebató el derecho al voto que desde 1963 nunca había sucedido.

Creo prudente concluir con la siguiente frase de Jaime Garzón, cito: “Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvarlo. ¡Nadie!”

Por; Jesús M. Guerrero

 

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