Los pasos para convertir la sostenibilidad en una tradición del agricultor

Por Arturo Bisono jueves 15 de agosto, 2019

Antes eran inimaginables para los seres humanos. Muchos avances tecnológicos aplicados a la agricultura que en su mayoría han sido desarrollados por la industria militar, como satélites y drones, hoy nos ayudan a mejorar la productividad e incluso nos permiten identificar de cuál parte de nuestras fincas obtendremos el mejor producto.

La información generada por sensores, satélites y drones, que puede ser interpretada por modelos estadísticos, y que incluso se puede predecir por medio de la inteligencia artificial, pareciera tener respuesta a todos los problemas del agro desde la pequeña unidad productiva gestionada por familias rurales como la agricultura familiar, hasta la gran agroindustria de miles de hectáreas.

Si definimos la agricultura en términos prácticos, podríamos decir que es una sumatoria de toma de decisiones donde estas corresponden a procesos bien complejos como por ejemplo la determinación de cuánta agua necesita un cultivo. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) desarrolló el método conocido como Penman-Monteith, el cual nos permite determinar los milímetros de pérdida de agua del cultivo por cada día,  relacionando variables como la temperatura, la humedad, la velocidad del viento y la radiación.

Esta información compleja al final necesita traducirse en una toma de decisión por parte del agricultor, que permitirá activar un sistema de riego por 25 o 50 minutos y con esto el productor sería capaz de ocupar el mínimo de agua necesario para alcanzar el máximo potencial productivo de su cultivo o actividad productiva.

Estas metodologías, no solo para el uso del agua, sino también para otras decisiones del agricultor, tales como: la aplicación de las dosis exactas de fertilizantes, la determinación de la cantidad de plantas a sembrar por tarea, o la selección de la variedad idónea para usar en una zona en particular, se concretan en las preguntas siguientes: ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿cuánto? y ¿por qué?, estas son las preguntas a las que consciente o inconscientemente se enfrenta el agricultor día a día.

En muchos casos las respuestas ya están arraigadas de generación a generación. Pareciera no ser muy importante la razón de ser del por qué el agricultor toma una decisión u otra pero lo que si es cierto es que cambiar esos hábitos no es tarea fácil.

Esa disyuntiva a la que se enfrenta el agricultor nos genera varias interrogantes de cara a los desafíos que nos plantea la necesidad de asegurar una alimentación adecuada para los seres humanos en las próximas décadas. Pero parece que este fenómeno lo vivimos antes. Desde, por lo menos, la segunda mitad del siglo XX los avances técnicos se tradujeron en aumentos en los rendimientos de los cultivos, los que a su vez, hicieron posible sostener el crecimiento acelerado de la población mundial.

Esto se llamó la Revolución Verde, que si bien en cierto modo generó grandes progresos científicos en términos de la seguridad alimentaria y la producción de materias primas, no es menos cierto que ha generado un costo ambiental elevado y en algunos casos también altos costos sociales.

Hoy en día los agricultores enfrentan desafíos aún mayores, pues por un lado están obligados a mejorar sus procesos de toma de decisiones para lograr mejorar su calidad de vida a través de producir alimentos a precios competitivos, con costos que le permitan hacer rentable su producción; mientras que por el otro lado están obligados a ser los principales responsables en la conservación de los recursos naturales, la protección de la biodiversidad y el cuidado del medio ambiente. Esta nueva revolución necesita a todos los agricultores abordo del tren de la sustentabilidad.

Ing. Agr. Arturo Bisonó

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