Los Niños de la calle

Por Manuel Hernández Villeta miércoles 3 de julio, 2019

Uno de los vicios del sistema, es que se adoptan consignas y en base a ella sectores mediáticos quieren hacer carrera. La protección a la niñez y la adolescencia es una excelente medida, pero ahora salen muchos a pontificar, porque el tema está en los titulares de los periódicos.

El abandono de la familia nacional, la brutal marginación, son causas fundamentales del gran maltrato a la infancia. Cosa aparte son las aberraciones de los que seducen sexualmente a menores, y todavía ahí, el dinero del adulto juega un papel en este tipo de relaciones.

La violencia sexual contra los menores tiene que ser atajada. Se tiene que iniciar una amplia labor de divulgación en las escuelas. No se olvide que muchas de las denuncias y sometimientos a la justicia, llegan cuando en las escuelas se notan cambios de comportamientos en los niños y niñas.

Pero la triste realidad es que el desmembramiento de la unidad familiar constituye el punto causante de la mayor parte de estos problemas de abandono a la infancia. Y en muchas ocasiones la familia colapsa debido a las penurias económicas.

Hay tradicionalistas que se jalan los cabellos en protesta de la utilización de la mano de obra infantil. Pero no tocan que ese problema viene siendo arrastrado por los altos grados de marginalidad social. Las familiares destruidas apenas si consiguen para comer, y los muchos son lanzados a las calles.

Aquí los niños de la calle no es el título de una película. Es una realidad que miles de niños dominicanos viven en las calles, o donde les coja el sol. No hay futuro para los niños de la calle, y ellos a su vez amenazan lo que sería el futuro dominicano.

Hay que mejorar las condiciones de vida de todos los dominicanos, para de esa forma hacer frente a la marginalidad y el abandono, requisitos básicos para entonces hablar de que se deben rescatar los niños de las calles.

Hay una injusta distribución de las riquezas, hay un creciente e indetenible desempleo, hay un turismo que deja beneficios selectivos, y hay miles de personas que carecen de las facilidades mínimas para llevar una vida decente.

Un país que puede ser rico, pero con un abandono total a la sensibilidad social, de los que tienen todo en sus manos. Crece esa mayoría que lleva su carga de miseria al hombro, mientras un puñado de empresarios se ríe de sus ganancias.

No se puede actuar a medias, sino hay una reformulación social y política, si no se busca la protección de la familia y si no se destinan mayores recursos en integrar a los núcleos de los pobres a la producción, nadie evitara que siga creciendo la legión de los niños de la calle. Cuando se conviertan en adultos pueden ser el pilar de la democracia, o los soldados rasos del crimen organizado. Hay que trabajar para mantenerlos dentro del programa futurista de paz y desarrollo. ¡Ay!, se me acabo la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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