Los méritos en los partidos políticos

Por José Núñez lunes 23 de septiembre, 2019

Mérito, es una acción que puede ser digna o no, que está en tres estatus, ya que éste se puede premiar, castigar o dejar en cero, es decir, el accionar de un individuo al evaluarse en cualquier organización de la sociedad, la ponderación puede ser; positiva, negativa o neutra.

Debe quedar claro, que las evaluaciones personales en un conglomerado social nunca son tibias, siempre acumulan puntuaciones que pueden ir desde el número cero, hasta los números positivos o negativos.

Por eso es que los méritos positivos son cualidades de una persona que la hacen digna del aprecio o alabanza, y se dice normalmente, ante cualquier distinción, reconocimiento o ascenso para un puesto, que nadie puede cuestionar la entrega, el sacrificio, comportamiento, aportaciones o el legado a la institución o al país donde acciona el favorecido.

De ahí es que el valor de los méritos en una organización es digno de reconocimientos, ya que los esfuerzos, los sacrificios personales y familiares están a la vista de todos, los cuales tienen siempre un denominador común, y es; que se adquieren después de muchos años.

En el reconocimiento de una persona meritoria, siempre tienen que haber pasado períodos de pruebas difíciles; tanto personales como para la organización a la que pertenece, que podrían ser entre otros; tiempo de crisis económica, sin perspectivas de poder en el corto y mediano plazo (en caso de pertenecer a un partido político), conflictos internos, divisiones, cuestionamientos…, los que hacen que la distinción al mérito, del o los beneficiados, sea de consenso, de ahí, que éste no lo obtiene todo el que lo quiere, sino el que se lo ha ganado.

Otras veces, no hay que dar, decir o pregonar el reconocimiento al mérito, sino que el mismo llega o se pondera, cuando el individuo se expone a aspirar a un cargo, ya sea de elección interna o en unas elecciones generales yendo por su organización, en esos precisos momentos son en los que generalmente se comienza a sopesar el historial de la persona en la institución; sus méritos.

Incluso, muchas gentes meritorias y con una trayectoria de larga data en una organización, no aceptan que los interesados en ocupar un cargo carezcan de méritos, es que no son bien vistos por los miembros con una vida dilata en la institución, y en conclusión, no los apoyan.

En la vida existen ejemplos visibles, de ayer o de hoy con las instituciones que son símbolos de la humanidad en cuanto a organización y longevidad en su trayectoria de estilos centenarios y milenarios, tal cual vemos en la Iglesia Católica, en las Castrenses o Militares…, donde no se puede llegar a esos lugares, y en el corto plazo pretender aspirar a los cargos o puestos principales en las mismas, porque simplemente, esas estructuras no se lo permiten a nadie, y si hacen una excepción, les ponen limitantes para ocupar ciertos cargos.

Por eso usted ve tantas resistencias en los partidos políticos cuando aparecen esos improvisados aspirando a los cargos electivos principales, y cuando es al primer puesto, a la presidencia del país, y por demás, desplazando con los métodos no más sanos a los que han esperado hasta 30 y 40 años preparándose para en una coyuntura presentar sus intenciones, entonces, aparece un Don Juan, o Don dinero con sus propuestas salvadoras.

Hay que tener poca dignidad, haber aprendido a vivir de rodillas, deber favores o ser por lo menos un encartado para no cuestionar y enfrentar el hecho quien sea o sean los afectados.

Estas situaciones han sido y son tan traumáticas en las organizaciones, especialmente en las políticas, que si los de pocos méritos obtienen sus objetivos, las divisiones, fracturas y de paso la institucionalidad, tiende a quedar tan debilitada, sin mística, que el resquebrajamiento del Partido en el corto plazo se hace inevitable.

Un excelente ejemplo lo constituye hoy en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), el aspirante del grupo enquistado en el Estado, asumido de manera muy especial y sorpresiva por el jefe de la corriente, frente a otros de su mismo equipo que tienen méritos y fidelidad acumuladas, que nadie osaría cuestionarles que los apoyen, y entonces, presentar o imponer de sopetón al que no tiene trayectoria, por supuesto, tampoco mérito alguno en la organización, incluso, ni discurso, aunque sí, con muchos recursos monetarios.

En un partido que fundó y desarrolló el Profesor Juan Bosch, con manos duras frente a la organización y la disciplina, esto fue y es tan así, que quien posee tiempo de militancia en el PLD, lo evidencia con los cargos desempeñados, por lo que es cuesta arriba, lo de ese grupo de Danilo, donde dicen que sus días están contados, porque quien es su precandidato, es el primer delfín para dirigir en el futuro la corriente danilísta, gane o pierda en sus aspiraciones, y más, si el dinero es su principal fortaleza, su cualidad por excelencia.

Suerte para ese equipo, que aunque no se vea así, le favorecería que pierde el desmeritado seleccionado como el delfín precandidato, y si se cree que el estratega principal del grupo erró, como errar es de humano, ojalá no repita la acción al ver su pupilo derrotada frente a la decisión y la fuerza de todo un pueblo.

Por la selección abrupta del precandidato presidencial neófito, evidenciada en su falta de discurso y una exposición deficitaria muy preocupante ante los principales temas nacionales, la que es provocada por su desconocimiento del erario, con la negativa de la gran mayoría de las estructuras de base del PLD, y también de la población, por lo tanto, la escogencia del que posee un legado, además de tener los méritos incuestionables en su Partido, bien reconocidos por todos; por los adversarios internos y externos, es una realidad, vuelve Leonel Fernández.

De ahí, que es muy cierta la frase que se expande tal cual la velocidad de la luz con el apoyo de las redes sociales, en pro de lo que va a suceder el próximo día 6 de octubre en las elecciones Primarias Abiertas del PLD, y la mencionada frase dice así: «Tan cogió carajo» en todo el territorio nacional, «¡con la fuerza del pueblo!».

Autor: José Núñez

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