Los mansos con los cimarrones

Por Enrique Alberto Mota martes 27 de noviembre, 2018

La mayoría de los dominicanos padece de una gama de problemas propios de países en vías de desarrollo, como eufemísticamente se les llama, pero uno de los principales de ellos es, sin dudas de ninguna especie, la incapacidad que padecemos de ver más allá de nuestras narices.

Esa incapacidad nos lleva en la mayoría de las ocasiones por senderos que, lejos de contribuir a la solución de algunos de nuestros ancestrales males, complican aún más la maraña de la problemática nacional.

Un vivo ejemplo de esta afirmación es la actitud asumida por importantes sectores de la sociedad, incluidos algunos a los que se les supone cierta madurez y principios, que, sin alcanzar a ver las consecuencias de su actitud, han hecho causa común con una llamada “Coordinadora Nacional de los Derechos del Pueblo y la Rebaja de los Combustibles”, que se arroga la representación de “numerosas organizaciones populares”.

De esa forma se juntan o se reburujan—como usted prefiera–, los mansos con los cimarrones, como se suele decir en buen dominicano.  Coinciden sectores que predican poseer impolutos principios de patriotismo y dizque abogan por el imperio de la ley y el orden, con otros que han hecho un medio de vida del chantaje, el irrespeto a los derechos de los demás y a las leyes y el caos.

Es decir, que quienes  propugnan por la más perfecta democracia, la erradicación de la corrupción y el más absoluto respeto a la Constitución y las leyes, coinciden con aquellos que, con el alegado propósito de conseguir la rebaja de los combustibles y “otras reivindicaciones”, no buscan más que la permanencia del caos y la obtención de ofensivos privilegios que perjudican principalmente a los sectores de la población que dicen defender.

Eso significa que quienes  también abogan por la modernización del Estado y la creación de facilidades para los dominicanos a tono con los requerimientos del mundo moderno  tienen coincidencia de propósitos con quienes  apoyan en la necesidad de los menos pudientes para obligarlos a circular en destartaladas y sucias bombas ambulantes, apretujados como sardinas en latas por vías por cuyo uso cobran no se sabe en virtud de que disposición o ley.

En otras palabras, los llamados a jugar un papel protagónico en la creación de las condiciones para incrementar la calidad de vida de los dominicanos y el desarrollo del país en un ambiente de armonía y respeto a los derechos humanos se han convertido en aliados de los que representan el proceder más arcaico y una de las principales trabas para que la República Dominicana se inserte definitivamente en el mundo moderno, con todas sus ventajas.

Y, entonces, cabe preguntarse: ¿es más importante desprestigiar a nuestros adversarios políticos, sin importar cuáles éstos sean, que contribuir a la implantación de un régimen de derecho de pleno respeto a las libertades públicas?

Seguimos afilando cuchillos parra nuestras gargantas. Después no nos quejemos.

 

Por Enrique Mota (Tuto)

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