Los liderazgos que paga el presupuesto

Por Daygorod Fabián Sánchez

Falacia convertida en mitomanía

El proceso de desideologización de la clase política ha conllevado la falsa creencia de que los liderazgos se sustentan en dádivas y clientelismos.

Cada día observamos menos ideas, menos planteamientos, menos soluciones y en cambio más entrega de estufas, neveras, electrodomésticos de todo calibre y compra de conciencia, bajo el falso escolio de pensar que eso genera adeptos reales.

En mi provincia Montecristi es muy común la confusión de liderazgo con poder. Más aún porque quienes enarbolan el discurso de la supuesta solidaridad no tienen la cultura de dar a los más necesitados, exceptuando cuando están en posiciones y otorgan lo que no es de ellos.

Según Max Weber en su obra el Líder Carismático señala que: el líder es aquel que asciende al poder por métodos democráticos o es elegido porque muestra la calidad de experto que es en la materia que le compete.

Nótese que tanto Weber como otros autores no definen al líder como una persona impuesta con poder o autoridad (no moral) para tomar decisiones, o sea un funcionario no puede considerarse líder pues no es una decisión que emana de un proceso democrático, más bien es alguien que impuesto por quienes detentan el poder, se le otorga poder.

De su lado Bertrand de Jouvenel señala que: el poder (Macht) se define como “cualquier oportunidad en una relación social para imponer la voluntad de uno frente a la resistencia de otros, independientemente de qué de origen a esa oportunidad”.

Fíjense amigos lectores que el poder es la capacidad de imponer frente a la residencia de los demás, independientemente de si la decisión es correcta o no, es adecuada o no, es justa o no.

Por ejemplo, cuando el funcionario empapado del limpiasaquismo, que da el mismo poder, decide entregar recursos, que no son de sus bolsillos, sino provenientes de los impuestos de la ciudadanía, éste no consultó a la población, no preguntó si eso está bien, pero los entrega.

El poder trae consigo (AD HOC) un grupo de hombres y mujeres, que carentes de personalidad propia rinden culto a quien ocupa la posición más alta dentro de la jerarquía gubernamental.

Por tanto, estas personas son del puesto no de quien está en el puesto.

Lamentablemente la mente humana es frágil y se deja engañar al grado que se confunde liderazgo con poder.

Al cabo de un tiempo o cuando el poder del lapicero de los decretos hace que se caiga en desgracia, la pared de la realidad choca con el vehículo lleno de humo que nubló la razón a los supuestos liderazgos que paga el presupuesto nacional.

 Por Daygorod Fabián Sánchez

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