Los gatos barcinos

Por Rolando Robles lunes 23 de enero, 2017

Durante mucho tiempo creí que los “gatos barcinos” eran gatos malos, gatos mañosos, semisalvajes, que ni siquiera se dejaban acariciar, algo que -en todo caso- nunca me ha gustado; sin embargo, he de admitir que los gatitos son muy cariñosos, especialmente una llamada Princess, perteneciente a mi nieta Mi’Lany.

El asunto me lo aclaró Fremio López, un gatófilo confeso que ha criado a Tita, una hermosísima gata de 9 años. Sostiene Fremio que los gatos no son barcinos porque les guste robar la carne mal puesta, hacer añicos los cojines o el forro mismo de las butacas y sofás mas apreciados por nosotros. En realidad, los gatos son barcinos cuando “aruñan hasta con el rabo”.

Esta metáfora de “aruñar hasta con el rabo”, alude a la costumbre que tienen los gatos de rozar las piernas de las personas con el cuerpo, suave, continua y lentamente, tocándolas -casi a modo de caricia- con la cabeza primero, luego todo el cuerpo y finalmente con su mullido rabo. Este rito felino, aunque no sé cómo explicarlo, lo disfruto en particular y lo comparo -en belleza y placidez- con el arco al rozar las cuerdas del violín.

Esa especial característica de estos felinos domésticos, también está presente en muchos políticos, especialmente cuando se hayan en el último tramo del periodo que les toque gobernar -si es que han sido elegidos- y en funcionarios que por razones similares, esperan ser sustituidos en corto tiempo. Por lo general, los políticos malandrines muestran su condición de “gatos barcinos”, durante el período de transición, o sea, cuando ya es inminente su salida del cargo.

Tengo dos ejemplos muy emblemáticos: el de Barack Obama y el de uno de sus subalternos, James Brewster, mas conocido en los callejones del Village como: Wally la Bala, que inexplicablemente fue condecorado por el gobierno dominicano. Ambos, al momento de finalizar sus mandatos, se desdoblaron, perdiendo la compostura y se dedicándose a minar el escenario donde actuaron.

En el caso de Obama, hizo ingentes y evidentes esfuerzos para entorpecer al futuro presidente, tanto en el frente internacional, como a los adentros de la nación. Las imprudentes sanciones y la expulsión de los diplomáticos rusos, es quizás la chicana que mas daño pudiera causar a Donald Trump; y si le sumamos el voto contra Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU y el movimiento de prisioneros en Guantánamo, tenemos tres hechos en los que él (Trump) tendrá que emplearse a fondo para sortearlos.

En el ámbito doméstico, sobresalen varias acciones -unas de último minuto y otras planificadas con antelación- que apuntan a dinamitar los planes del nuevo presidente. La ampliación del seguro de salud, cuando ya se había anunciado el propósito de modificarlo, la prohibición de las perforaciones en el océano Ártico, la designación de los nuevos monumentos nacionales en Utah y Nevada, a pesar de la oposición de sus congresistas y el cierre del registro civil nacional, son solo cuatro intentos de obstaculizar la nueva administración.

Pero no todo lo que hizo Barack Obama afectará negativamente a Donald Trump, aunque esa fuera la intención. La derogación de la Ley de Ajuste Cubano (pies secos-pies mojados) en vigor desde 1966, que la gente interpreta como un ajuste de cuentas contra el estado de Florida por haber votado republicano, en el fondo favorecerá a Trump, que lo había prometido en campaña y ya no tendrá que hacerlo.

Algunas de las medidas mencionadas anteriormente, evidencian que Barack Obama tenía desde la Convención Demócrata, los informes de inteligencia de que Hillary Clinton no tenía posibilidad alguna de ganar las elecciones de noviembre y decidió actuar en consecuencia; en uno y otro sentido.

Por un lado, se metió de lleno en la campaña demócrata, con todo y su esposa Michelle, algo nunca visto en la historia lectoral de esta nación; mientras que por el otro, tomaba medidas administrativas que dificultarían el ejercicio del futuro presidente.

Este comportamiento me sorprendió personalmente, porque la impronta de Obama apuntaba al conservadurismo en materia de acción pública. El antiguo senador estatal y federal, nunca adoptó posiciones definidas sobre tema alguno. Su voto siempre fue conciliatorio, es decir “presente”, que es lo mismo que no tomar partido en las discusiones senatoriales.

Pero si yo estaba sorprendido, no sucedió igual con el coronel Freddy Díaz (el Gallo), mi amigo y colaborador cercano. Freddy sostiene que ciertamente, Barack Obama actúa como un “gato barcino”, aruñando hasta con el rabo al final de su mandato; pero que si se quiere tipificar su comportamiento con justeza, la figura que mas le acomoda, no es la del “gato barcino” sino, la del “ratón de ferretería”.

Como desconozco la expresión, le pedí explicación y esta es su opinión: ‘Robles, los ratones de ferretería, como no encuentran comida, porque no hay comida en las ferreterías, ellos se orinan sobre los candados, para oxidarlos y que no se puedan vender; porque su intención es siempre hacer daño’

Sobre el flamante “embajador” que nos mandó a Santo Domingo, es necesario que hablemos en otra entrega, para dilucidar los hechos y sus consecuencias, desde el espectáculo de “las tantas locas metidas en la piscina”, hasta la vergonzosa condecoración que le otorgó el gobierno de Danilo Medina al despedirse.

¡Vivimos, seguiremos disparando!