Los “controles de la frontera dominicana” talvez nunca existirán

Por Ángel Moreta

Talvez nunca será posible el control de la frontera dominicana-haitiana. Y decimos esto en razón del problema histórico que existió y existe actualmente entre ambas naciones. El pesimismo que tenemos sobre la imposibilidad de instaurar un control exitoso de la frontera proviene de diversos factores culturales que trataremos de explicar más adelante.

La frontera, un gran problema histórico

En el artículo 9 de la Constitución de la República Dominicana, la conformación del territorio nacional es visualizada como inalienable. En dicho artículo se confirman los limites terrestres fijados en el tratado fronterizo del año 1929 y su Protocolo de revisión de 1936. Los bornes que identifican la demarcación fronteriza se hicieron con el tratado fronterizo y según las normas de derecho internacional.

En el tratado fronterizo de 1929 se establece el mar territorial, el suelo y el subsuelo marinos correspondientes. En el párrafo de dicho artículo 9 se establece que los poderes públicos procurarán la preservación de los derechos nacionales en el espacio ultraterrestre con el objetivo de asegurar la comunicación y el acceso de la población a los bienes y servicios que se desarrollen en dicho espacio.

Particularmente la frontera es la línea divisoria que divide el oeste y el este de la isla de Santo Domingo, siendo que el este corresponde a la República Dominicana.

La frontera ha sido un gran problema histórico de ambas naciones. Lo trató sistemáticamente Manuel Arturo Peña Batlle (1902-1954), en su obra “Historia de la cuestión fronteriza dominico-haitiana” en dos volúmenes publicados en 1946, es una exposición detallada de los acontecimientos relacionados con la división geográfica entre Haití y Santo Domingo.

El libro primero examina la época colonial hasta la pagina 107; el libro segundo estudia la formación de estados independientes hasta la pagina 130; el libro tercero examina la frontera dominicana-haitiana de 1844 al 1861; y el libro cuarto, estudia la anexión de Santo Domingo a España hasta la pagina 149. El libro quinto va desde la anexión hasta el 1895 y hasta la página 253; finalmente el libro sexto analiza el arbitraje entre Haití y República Dominicana incluyendo la convención de arbitraje y la actitud de la legación haitiana en Roma con motivo de dicho arbitraje.

Es la historia más completa que se ha trabajado en la República Dominicana hasta el día de hoy. Manuel Arturo Peña Batlle hizo una profunda investigación histórica comenzando en el surgimiento del problema hasta la llamada “era” de Trujillo (1891-1961).

Estudiando la obra de este gran intelectual y pensador conservador se descubre la complejidad jurídica del fenómeno fronterizo, que ha sido fuente de innumerables problemas y disputas legales y territoriales entre ambos países.

Decimos que culturalmente es difícil que se establezcan “controles” migratorios en la frontera dominicana. Aún más, decimos que posiblemente nunca existirán esos controles, ni por parte de la diplomacia dominicana, ni por parte del ejército o de la policía, ni de los demás cuerpos armados.

Y ello así porque Haití es un país pobre y de población analfabeta, con enormes necesidades de empleo, de alimentación de salud y educación. Los grupos gobernantes haitianos organizados en tendencias sectarias e hipócritas se han robado y se roban todo el patrimonio público, sean donaciones, sean prestamos, sean ganancias, sean ingresos diversos, siendo así hemos llamado a estos grupos las “troikas haitianas”, que son grupos corporativos mafiosos que invierten impúdicamente sus capitales en Miami, Puerto Rico, Panamá, República Dominicana y Estados Unidos.

En República Dominicana la inversión haitiana de estos grupos corporativos se realiza mediante en la compra de villas, inmuebles rurales, apartamentos de lujo, bienes urbanos, bienes rurales y otros renglones de inversión privada.

Siendo así, es una necesidad histórica para la población haitiana migrar hacia el este de la isla con el fin de buscar maneras de subsistencia material y la vía para llegar al territorio continental de EU. De ahí surge la diversidad del empleo en la construcción, los servicios, los condominios, actividades de vigilancia privada y trabajos diversos en el medio rural, como trabajadores rurales. Tal situación se ha convertido en costumbre muy arraigadas y difíciles de limitar.

Los ciudadanos haitianos pagan a través de los choferes o por su mediación para entrar al territorio nacional

Hablamos de costumbres muy arraigadas. Efectivamente, el ciudadano haitiano que pretenda entrar a la República Dominicana sabe que tiene que aportar dinero (pagar). El militar que va a la frontera dominicana-haitiana en servicio obligatorio sabe que tiene que percibir dinero. El militar que va a la frontera sabe que no regresa pobre a capital del país o a las ciudades. Y los mandos militares se benefician de ese reparto. No es cuestión de himno nacional ni de bandera tricolor ni de símbolos patrios, es cuestión de bolsillo, de dinero contante y sonante. Todo lo demás son cuentos, fantasías y mentiras.

Desde época antigua, a fines del siglo XIX, particularmente en los gobiernos de Ulises Hereaux se arraigaron estos malos hábitos, esta cultura del reparto se desarrolla como algo normal y natural. Y después de la intervención imperialista norteamericana de 1916 se desarrollaron hasta hoy las llamadas “cantinas” militares, verdaderos negocios para la oficialidad militar y policial.

Las cantinas son administradas cada seis meses por oficiales diferentes, y esto se hace con la finalidad de darle a ciertos oficiales la “oportunidad” de enriquecimiento dudoso.

Las cantinas militares son parte de una antropología militar y policial, mediante la cual ciertos puestos como los de “intendentes” se convertían y se convierten en oportunidades de enriquecimiento por un tiempo determinado (6 u 8).

¿Cómo se hace la “negociación” interfronteriza?

La negociación se realiza a través del conductor del vehículo que viene del oeste al este y del soldado que se hace de la vista gorda para dejar pasar al ciudadano haitiano; esta paga para que le permitan entrar, todo con la mediación del conductor del vehículo entrante.

¿Quién puede con esa “costumbre”? Ni el presidente de la República que gobierna en un momento de turno, ni los senadores ni los diputados, ni los gobernadores. Exagerando un poco podríamos decir que ni el máximo tribunal del país (Tribunal Constitucional). Pero tampoco el Ministerio Público, por lo cual es claro que es una costumbre arraigada que será difícil eliminar, por más “inspecciones” que se hagan en las filas castrenses.

La ultima “inspección” fue realizada por el comandante general del ejército de la República Dominicana, en el mes de septiembre del corriente año 2021. Dicho funcionario realizó una gira de norte a sur en todo el territorio fronterizo hasta Pedernales.

Pero se trata de una inspección más; rutinaria, de simple visibilidad; sin teoría ni estrategia, sin problematización de asuntos diversos, sin detenimiento para construir propuestas creadoras.

Ocupación territorial e intervención militar

Actualmente para nadie es un secreto que en la frontera dominicana-haitiana están de puesto militares extranjeros. Particularmente militares norteamericanos que conversan normalmente con militares dominicanos. Que yo sepa, ni el Congreso haitiano ni el Congreso dominicano han dictado autorización para tal presencia. Esto revela el desorden institucional la prepotencia de los Estados Unidos y la flojera de las autoridades de ambos países.

Mientras para Estados Unidos se trata de una estrategia política y militar, para la República Dominicana es algo que hay que mantener sin comentarios, que hay que mantener en silencio. Es que somos el patio de Thomas Monroe que declaró en 1823 que “América es para los americanos”, doctrina que combatió en ese mismo momento Simón Bolívar, enemigo del colonialismo y del neocolonialismo de los Estados Unidos, quien antes de venir desde Jamaica a nuestro país, prefirió irse directamente de Jamaica a Puerto Príncipe, donde el presidente Petion lo acogió en su desgracia, lo fortaleció, lo animo para continuar su guerra de liberación: le dio 15 toneladas de pólvora, armas, municiones, embarcaciones y soldados. Y Bolívar no vino a la parte este porque ninguna de las facciones del poder entonces cuestionaron el colonialismo español, contra el cual luchaban en el continente americano, precisamente en un momento en el cual Núñez de Cáceres y su grupo tenían esclavos a su servicio en sus negocios y hogares.

Hoy las tropas extranjeras son aplaudidas por la ignorancia quienes actúan como si fuéramos el patio trasero de los Estados Unidos, como si fuéramos sus esclavos que no merecen ninguna explicación.

Es la herencia que tenemos del problema fronterizo complejo, en el cual la dominación imperialista actúa a sus anchas sin autorización y sin permiso, después de cien años de invasiones, de opresión y humillaciones: tres intervenciones en República Dominicana y cine años en Haití. Y actualmente República Dominicana intervenida por Estados Unidos, que desarrolla estrategias económicas y políticas, trae sus ingenieros a Manzanillo sin licitación pública internacional; y también sin licitación “gana” el contrato de exploración de la plataforma continental sur de la isla, en búsqueda del oro negro, todo en silencio, pero también mencionemos, lo cual haremos luego la “red limpia”.

Por:  Ángel Moreta

Comenta

Apple Store Google Play
Continuar