Los cambia chaquetas

Por Manuel Hernández Villeta

A Pleno Sol

En los próximos meses,  el cambio de chaquetas será una de las principales actividades de los militantes de  todos los partidos políticos. El activista va buscando sus cargos electivos, y cuando ve cerrado el camino, se monta en otro caballo. El partidismo es clientelista, y lo lógico es que una de sus exhibiciones básicas sea lo que en el país  mal se llama transfuguismo.

Ya el partidismo no constituye una misión para ayudar  a los más humildes y provocar cambios sociales. Eso pertenecía a las décadas perdidas. Años de lucha que convirtieron las calles en tumbas, pero que no catapultaron los esperados cambios sociales.

De ahí devino el tremendismo de trepar a como de lugar. Si un partidista solo busca beneficios personales, será difícil que permanezca donde no tiene seguros sus intereses muy particulares. Los dirigentes lo saben, pero juegan con la variante.

En ocasiones, y es en la mayoría, los partidos que están en el gobierno son los que más disponibilidad tienen para satisfacer las tarifas de los chaqueteros, pero en una parte proporcional esa receta no es válida. También los grupos oficialistas tienen que hacer selecciones y dejar fuera a sus amigos.

Muchos ya están buscando nuevos horizontes, porque  se huelen que los van a dejar fuera de las selecciones para regidores, síndicos, diputados y senadores. Si están en el gobierno se pueden conformar con un buen cargo. En la oposición, no tienen paciencia para esperar ganar unas elecciones. Es una tarea pesada por satisfacer las necesidades de las tendencias.

Y eso son los partidos. Una integración de todos los sectores sociales, donde las medidas se tienen que tomar en forma equitativa, para satisfacer a todos por igual. Desde luego, cada uno  de acuerdo a su capacidad intelectual, líneas de trabajo, y fuerza muscular.

El arribismo de los militantes de los partidos hace tormentoso poder lograr satisfacer las necesidades de los integrantes de los frentes de masas. El obrero que sale diputado se cambia de casa, de estatus, no visita más el barrio, y su lenguaje ahora va de acuerdo al vehículo  que lo transporte y el salario que recibe.

Hay que retornar la lectura de  los viejos folletos políticos, donde el sacrificio lo era todo. La lucha no era por beneficios personales, ni para conseguir riquezas. Las oportunidades eran para favorecer a la comunidad y no para dar un salto social. Épocas idas, ideas marchitas, esperanzas frustradas y caminos que no conducen hoy a ninguna parte.

A corto plazo, tan cercano como las venideras elecciones, no hay solución a la vista. A largo término, sí. Posible solución es  el surgimiento de una nueva clase partidista donde lo más importante no sea conseguir un empleo, donde se escuchen las voces del frente de masas. Donde, sobre todo, ante todo y por encima de todo, se lucha y trabaja por el bien general del país y no por facilidades personales. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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