Los búlgaros se rebelan ante un sistema corrupto fruto de transición fallida

Por EFE lunes 3 de agosto, 2020

EL NUEVO DIARIO, SOFÍA.- Insatisfacción, vergüenza y hartazgo. Eso sienten muchos búlgaros ante el hecho de que su país sea el más pobre y corrupto de la UE, trece años después de su entrada en el bloque y treinta tras una fallida transición en la que la dictadura comunista dio paso a una oligarquía que domina política y economía.

Ese enfado, larvado desde hace años, combinado con los efectos económicos y sociales de la pandemia, ha explotado ahora en una oleada de multitudinarias protestas que desde hace cuatro semanas reclaman la caída del Gobierno y una regeneración política y de las instituciones del Estado.

Los manifestantes han identificado su enfado con el primer ministro, el populista Boiko Borisov, y el fiscal general, Ivan Geshev, a los que acusan de servir a los intereses de una oligarquía económica y no a los ciudadanos.

NUEVA GENERACIÓN

Una nueva generación de búlgaros de entre 20 y 45 años, que ha podido viajar, trabajar y estudiar en Europa Occidental, está en el centro de estas protestas, que ven como una oportunidad de realizar el sueño de democracia que tuvieron sus padres cuando el régimen comunista terminó en 1989.

“En Bulgaria nunca hemos vivido en democracia. Tenemos una oligarquía que controla todas las instituciones, no reconoce la división de poderes y el proceso electoral es corrompido y manipulado por los medios de comunicación”, opina para Efe Atanas Sharkov, uno de los jóvenes que desde el jueves pasado acampa en el centro de Sofía para pedir la renuncia de Borisov.

FALLIDA TRANSICIÓN

La transición a la democracia en Bulgaria fue guiada por los antiguos dirigentes comunistas. No hubo revueltas populares, como en Rumanía; ni movimientos sociales fuertes, como en Polonia; ni una disidencia y oposición política, como en República Checa.

“Hubo un golpe de palacio, ordenado y dirigido por Moscú, que derivó en una privatización que fue un hurto de bienes públicos. Los dirigentes del Partido Comunista se convirtieron en capitalistas de la noche a la mañana. Así nació la oligarquía que evolucionó hasta la actual”, explica Konstantin Sabchev, profesor de Historia en la Universidad de Sofía.

En ese paso del comunismo al capitalismo, la inflación y el paro de dispararon, el Estado prácticamente quebró y comenzó una fuga migratoria; casi dos millones de búlgaros han abandonado el país desde entonces.

En agosto del año pasado, unos 900.000 búlgaros trabajaban en el extranjero, casi el 13 % de la población del país.

La epidemia de coronavirus ha provocado que, sólo en marzo, 200.000 de ellos tuvieran que regresar a casa, entre ellos muchos de los jóvenes que están ahora en el centro de las protestas.

OPORTUNIDADES PERDIDAS

Según indica a Efe un diplomático europeo, que pidió no ser identificado, Bulgaria ha perdido varias oportunidades desde 1989 de liberarse de la “ominosa herencia” de la dictadura comunista, y se ha ido configurando un “sistema de arbitrariedad, desorden y falta de futuro” que muchos búlgaros identifican con dos nombres: Ahmed Dogan y Delyan Peevski.

El primero es un ex agente de la policía secreta comunista, reconvertido en millonario y que hasta 2013 presidió el Movimiento de Derechos y Libertades (DPS), el partido de la minoría turca.

Aunque lleva 30 años en la oposición y es sólo la tercera fuerza del Parlamento, el DPS “controla vastas áreas del sistema institucional búlgaro: judicial, ejecutivo y legislativo”, analiza el politólogo Ognyan Minchev.

El DPS, controlado aún por Dogan en la sombra, ha garantizado la estabilidad parlamentaria de todos los Gobiernos desde 1989, tanto del Partido Socialista, heredero del comunista, como de formaciones conservadoras y, más recientemente, del populista Borisov.

PLAYA PÚBLICA, USO PRIVADO

El detonante de esta ola de protestas fue justo la difusión a comienzos de julio de un vídeo en el que se veía a policías expulsando a un político opositor de una playa pública usada como propiedad privada por Dogan.

A sus cuarenta años, Delyan Peevski es un protegido de Dogan y dueño de un imperio mediático. Su nombramiento en 2013 como jefe del servicio de espionaje provocó una ola de protestas que muchos ven como el antecedente de la actual.

“Lamentablemente, 2013 fue la última vez en estos 30 años en que Bulgaria perdió la oportunidad de convertirse en un Estado de derecho. Nada ha cambiado desde entonces”, apunta ese diplomático europeo de alto nivel.

Según esa fuente, la concentración de medios en las manos de Peevski es lo que hace que Bulgaria esté en el puesto 111, de 180, del índice de Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras.

COMO LA RUSIA DE PUTIN

“Una protesta moral, de una generación de entre 15 y 45 años, que se niega vivir en un Estado que cada vez más se parece a la Rusia de Putin”, define estas protestas Evgeniy Daynov, profesor de ciencias políticas en la New Bulgarian University, y que cree que las instituciones están secuestradas por esa oligarquía.

Una “última lucha por democracia”, las define para Efe un búlgaro que pide que le identifiquen como “simplemente un ciudadano”, que hace 20 años emigró a Alemania con su padre, un médico que en Bulgaria ganaba 300 euros al mes.

“He vuelto a Bulgaria para intentar hacer lo que mi padre no pudo. Para cumplirle el sueño de que Bulgaria sea un mode