Los ancestrales problemas en las relaciones dominico-haitianas

Por Víctor Manuel Peña

Al compartir el mismo territorio insular, las relaciones entre República Dominicana y Haití son inevitables.

Pero los problemas son intrínsecamente inevitables también en el marco de esas relaciones, dada la desigualdad en los niveles de desarrollo entre ambas naciones.

Y por la asimetría en los niveles de desarrollo económico y social y de institucionalidad, los problemas vendrán y surgirán más de allá para acá, que de aquí para allá.

Esos problemas estructurales entre ambas naciones se agravan en la medida en que las crisis de todo tipo se profundizan en Haití.

Crisis económicas, sociales, políticas, institucionales, medioambientales, humanitarias, por lo que hay una verdadera crisis civilizatoria y de la cultura y de los esquemas de organización social, política e institucional que han adoptado los haitianos.

Y la síntesis obligada de ese colectivo de crisis es que no hay Estado ni hay gobierno en Haití: no hay una dirección política capaz y responsable

Hay tres grandes problemas que se dan en el marco de las relaciones dominico-haitianas: los masivos flujos migratorios de haitianos hacia la parte Este de la isla en calidad de indocumentados e ilegales, el tráfico ilegal de armas y el tráfico ilegal de drogas (contrabandos de armas y de drogas operados por mafias).

Y esos problemas cruciales que hay entre las dos naciones se dan con la complicidad de sectores nacionales: los empresarios y el sector militar

No se debe ni se puede justificar la migración ilegal sobre la base de que el baratísimo costo de la mano de obra haitiana, que se usa en diferentes sectores de la economía nacional, es lo que favorece o determina la competitividad de las exportaciones dominicanas frente a Haití y por eso tenemos un superávit en las relaciones comerciales con esa nación.

La competitividad de las exportaciones frente al mundo, y no solo frente a Haití, están determinadas en el corto plazo fundamentalmente por la depreciación del tipo de cambio -depreciación de la moneda nacional frente al dólar- e influyen también el mejoramiento de las condiciones técnicas de producción en la productividad.

En el caso del comercio con Haití, la competitividad de las exportaciones dominicanas está en función de la altísima depreciación de la moneda nacional frente al dólar y el hecho de que los sectores productivos en República Dominicana están más avanzados tecnológicamente que esos mismos sectores en Haití y cuentan con una mano de obra nacional mejor entrenada que la haitiana como es el caso de la industria nacional.  Claro, influye en esa competitividad, sobre todo, de las exportaciones agrícolas el bajísimo costo de la mano de obra haitiana.

Pero el bajísimo costo de la mano de obra haitiana no justifica, jamás, la migración o inmigración ilegal de nacionales haitianos en nuestro país.

La externalidad positiva del bajo costo de la mano de obra haitiana no justifica, jamás, la externalidad negativa de la migración o inmigración ilegal de haitianos en la parte este de la isla.

Los empresarios dominicanos vinculados, sobre todo, al sector agrícola y al sector industrial se benefician grandemente de esa migración o inmigración ilegal de haitianos.

En la era de Trujillo y cuando Balaguer también se importaban braceros haitianos en el marco de contratos suscritos entre los gobiernos de ambos países.

Al terminar la zafra, muchos de esos braceros haitianos se quedaban viviendo ilegalmente en los barrios de haitianos que se desarrollaron en los municipios donde había ingenios.

El sector azucarero estatal fue desmantelado a partir de 1990 cuando el ingeniero Carlos Morales Troncoso decidió cerrar algunos ingenios y otros fueron arrendados.

Pero hay un maldito comercio ilegal de armas y tráfico ilegal de drogas por la frontera.

El Estado dominicano tiene que definir y aplicar políticas claras y transparentes que coadyuven efectivamente a enfrentar esas dos grandes lacras y para ellos hay que moralizar también al sector militar que está en la frontera.

En el marco de políticas de Estado hay que combatir enérgicamente todas las mafias que operan en la frontera y en el país con relación a la masiva migración ilegal haitiana, el tráfico de armas y el tráfico de drogas.

Es cierto que hay que darles seguimiento a esos problemas con Haití y a la crisis global y estructural que hay en ese país vecino, pero la agenda nacional nunca debe pasar a un segundo plano.

El gobierno no debe soslayar ni descuidar los grandes problemas internos, por lo que no es correcto refugiarse en la crisis haitiana y en los problemas que hay en esas relaciones entre estas dos naciones.

Pero siempre hay que defender y garantizar la soberanía del Estado dominicano, la seguridad e integridad del territorio nacional.

POR EL DR. VÍCTOR MANUEL PEÑA

*El autor es economista, abogado y dirigente nacional de la Fuerza del Pueblo (FP).

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