“Logan”: La aburrida despedida de Hugh Jackman

Por admin Miércoles 15 de Marzo, 2017

EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- El otro día fui al cine más emocionado que un niño de teta para ver esta película, "Logan", porque prácticamente finaliza el ciclo de Hugh Jackman como Wolverine después de interpretarlo por 17 años.

También por haber notado a una fanaticada de espectadores y de críticos diciendo que es la mejor película de los X-Men.

Pero después de salir de la sala de ver este supuesto acontecimiento de carretera, me pregunto, ¿qué rayos han fumado para decir que es la “mejor”?Entendemos que esta película de James Mangold quiere distanciarse de la fórmula estandarizada de las cintas de superhéroes para lograr un mayor impacto dramático con la historia de Logan como un vejestorio vulnerable de aspecto descuidado. Y gracias a eso Jackman interpreta a Wolverine con una pizca de drama que se ve fidedigno, pero en el trayecto su último viaje se vuelve aburrido, reiterativo, con efímeros instantes placenteros que terminan en un descarado clímax que intenta ser sentimental.

Durante dos horas seguimos a Logan en un recorrido de violencia extrema para defender a los últimos mutantes que quedan en la tierra. Y el tipo le saca provecho a la gratificante clasificación R. Hace de padre, de niñera y de brutal asesino en una serie de escenas que se repiten inútilmente para sustentar el mundo lóbrego en el que se encuentra.

Nos encontramos en el año 2029 con James “Logan” Howlett (Hugh Jackman) desanimado, preocupado por los traumas del pasado y sobreviviendo al hecho de que los mutantes se hallan al borde de la extinción. Su desgastado organismo cubierto de cicatrices oculta la debilidad de que ya no puede regenerarse a causa del adamantium que ha comenzado a envenenarlo, por lo que ha envejecido gradualmente.

Logan pasa los días perdido en el alcohol y trabajando como chófer de limusina en Texas. Sabe que los X-Men son un recuerdo de las historietas. Y andando sin rumbo, el avejentado profesor Charles Xavier (Patrick Stewart), quien ahora sufre de una enfermedad mental que lo ha convertido en un chiflado decrépito, lo convence de que asuma la misión de salvar a Laura (Dafne Keen), una joven reservada que representa la única salvación de la raza mutante.La vida de Logan es el epítome de la soledad inacabable, sobre todo porque su historia ha estado atiborrada de dolor por más de 200 años.

Es un hombre que ha decidido volverse solitario porque no quiere que los seres queridos que le quedan atestigüen ese sufrimiento. Es por eso que defiende al Profesor X y a la pequeña X-23 de los villanos que han erradicado a los mutantes.La película cuenta con una química palpable con la relación paternofilial existente entre Logan y la silente Laura, especialmente cuando tiene que ayudarla a escapar de la exhaustiva pandilla liderada por Boyd Holbrook (Donald Pierce), quienes se niegan a abandonar la típica técnica del gato y el ratón para perseguirlos.

La recurrencia de los villanos consigue que sea más predecible de la cuenta, pues como ellos desatan las escenas de acción, las secuencias en las que se involucran nos resultan rutinarias.Cuando las escenas de acción se toman una siesta, Mangold, en su segunda película de Wolverine, adaptada parcialmente del tebeo “Old Man Logan”, maneja el ritmo de la narración con una mesura dramática que, aunque parezca interesante para el relato planteado, se siente emocionalmente vacía. A pesar de todo, contiene un par de referencias de los cómics de los X-Men y un guiño vital de “Shane”, de George Stevens, que funciona como una metáfora de la crudeza que vive Logan.

Lo que sabemos es que Wolverine es el personaje más icónico de los X-Men, pero irónicamente Hugh Jackman también ha hecho del personaje la efigie distintiva de la saga de películas. Sin embargo, pensamos que esta película siempre será recordada como la carta de despedida de Logan que nunca tuvo un momento memorable.