Lo que me queda por vivir…

Por Rolando Robles lunes 11 de mayo, 2020

­­Alberto Vera Morúa, compositor cubano del siglo pasado, escribió lo que, para mi gusto, es una de las mejores canciones de todos los tiempos, escritas en castellano. La escuché por primera vez, hará cuestión de unos treinta y tantos años, en tiempo de bolero y en la voz de Omara Portuondo, “la diva del feeling” cubano.

Desde entonces ha sido una de mis favoritas, aun y cuando “me faltaba todavía, mucho tiempo por vivir”. Pero, lo que yo quiero hoy, no es evocar el sentido de satisfacción y auto realización que nos insufla el autor cuando llegamos al otoño de la vida en íntimo romance con la persona elegida. Lo que yo pretendo es, compartir mi visión sobre el futuro nuestro, después de esta tragedia que se llama COVID-19, pero, enfocando las relaciones familiares y personales.

Sin dudas, que la familia será la mas beneficiada de las “nuevas reglas” de convivencia que impondrá esta epidemia. Aún con la tendencia actual de sociedades como la nuestra, a renegar de los valores familiares, se prevé que la reflexión y el acercamiento filial forzoso -aunque sea un período breves- dejará un sedimento que ayudará al entendimiento entre padres e hijos.

En el orden de la interacción dentro de la casa, el tiempo compartido se hará mas extenso y, por tanto, el diálogo -elemento básico de la armonía- tendrá mayor preponderancia. El seno familiar volverá a ser el escenario para discutir e imponer las reglas del juego que deberán regir el accionar de nuestros hijos en la sociedad futura. Ésta, mas que una conclusión científica, es una aspiración muy personal.

En realidad, esta epidemia va a cambiar hasta la manera de enamorarse

de nuestros muchachos y también de los “otoñales”, a quienes nos queda menos tiempo por vivir. Pero que, además, somos el objetivo #1 de esta plaga maldita. Ese contacto físico prematuro de la juventud va a mermar debido a la crisis y, por vía de consecuencia, reducirá los inconvenientes que trae consigo. Y ello, podría resultar muy beneficioso para el futuro de las jóvenes parejas.

A los que ya pasamos el ecuador de la vida y esperamos por la llegada del “invierno”, este COVID-19 nos puede resultar de gran ayuda, en particular,

a los llamados “viejevos”, que se resisten a “colgar” los guantes e insisten en cambiar el curso de la naturaleza, permaneciendo en el ring mas allá de lo racional. Sus motivos, no son el objeto de esta conversación, pero, imagino que están relacionados con el hecho de tener “algunas materias pendientes de aprobación en la universidad de la vida” o tal vez, es que no han logrado domesticar el animal que habita en el animal.

En el aspecto económico, se adivina alguna mejoría para ciertos “viejos verdes” -digo, si es que sobreviven- debido a la dificultad que tendrán para conservar su “chapeadora”, y no será porque les falte el dinero, ni porque ellas desistan de seguir esquilmándolos sino, porque el largo período de vuelta a la normalidad, una vez se domine el virus, impondrá el alejamiento físico en los encuentros ocasionales, como práctica cotidiana.

Por la singularidad del virus y el contexto mundial en que se desarrolla, esta experiencia es única para tres generaciones. Nunca habíamos tenido una pandemia global. Las epidemias anteriores, siempre fueron sectoriales y afectaron a un grupo determinado de países. El VIH o Sida, por ejemplo, se extendió por todos los continentes, pero, sus víctimas no eran al azar. Eran personas que estaban en riesgo muy preciso para contraerlo. La gran mayoría de los habitantes del mundo, nunca estuvo expuesta al virus.

Como este es un acontecimiento sin precedente, las consecuencias serán múltiples. Yo cité tan solo algunas, y ya verán ustedes cuántas mas hemos de reconocer. Sin embargo, hay una experiencia en especial que a mi me ha llamado la atención, de la que creo, ustedes también se han percatado, por lo que envuelve.

En estos dos meses de aislamiento, mi familia ha podido comprobar, que realmente no necesitamos tanto para vivir. Que no tiene sentido acumular cosas que ni siquiera tendremos oportunidad de usar. El dinero, por citar un bien tangible, aunque “siempre escasea”, no pudimos gastarlo, Y entonces, ¿por qué nos desvivimos atesorarlo?

Creo firmemente que, el coronavirus, COVID-19, o cómo se le llame, al final nos dejará tristeza, dolor y grandes pérdidas; pero también, enormes enseñanzas.

¡Vivimos, seguiremos disparando!

 

POR ROLANDO ROBLES

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