Lo que el Covid destapó

Por Laura Jiménez

Nos encontramos en medio de una de las peores crisis de la historia  humana generada por una pandemia que llevó al colapso a los más competentes sistemas de salud del mundo. Pocos fueron los gobiernos que contaban con un plan de contención efectivo para evitar el derrumbe total de su economía ante una situación como la actual.

República Dominicana, un país en “vías de desarrollo”, tuvo que recurrir a la financiación internacional para poder enfrentar los desafíos que planteaba el progreso de la pandemia. Ha sido exorbitante la cantidad de dinero solicitada que sólo en los primeros 12 días del año 2022 suman RD$28 mil millones en préstamos aprobados por el Congreso Nacional.

El ministro de Economía, Miguel Ceara, indicó en una ocasión que el país sólo contaba con líneas de crédito pero no con la liquidez que se requería para continuar el plan de asistencia económica implementado en el gobierno anterior a favor de los empleados y desempleados.

Lo cierto es que la pandemia ha ocultado el tan cacareado “crecimiento económico” y ha mostrado el lado feo, si pudiéramos ponerle apellido a todas las deficiencias que existen en el país, desde la baja calidad de la asistencia médica a los usuarios de la red privada y pública, exceptuando a las haitianas, quienes tuvieron el 30,5 % de los partos realizados en centros hospitalarios de República Dominicana en 2021, para un aumento de 17,6 % con respecto al 2020. Le sumamos el aumento del precio de los combustibles, el alto costo de la canasta familiar que no se corresponde en ninguna forma con el salario mínimo, la falta de un plan sostenible a beneficio de los adultos mayores, la ausencia de respuesta de las ARS y el mal manejo de las AFP sobre el fondo de los trabajadores; quienes se niegan a entregar a los verdaderos dueños el dinero que estas administran.

En vez del establecimiento de un acuerdo entre las AFP y quienes reclaman que los usuarios tengan acceso al 30% de sus ahorros, para aliviar el bolsillo de muchas familias dominicanas, fue más bien una oportunidad que abrió los ojos de los empresarios locales, quienes se unieron y presentaron la grandiosa propuesta de un fondo adicional de ahorro que de ser aprobado, lo pagarían los trabajadores mensualmente, en vez del empleador, bajo el concepto de “indemnización” por despido y así sustituir las cesantías.

La crisis descubrió el verdadero rostro e interés de las ARS, quienes después de incluir en su catálogo de servicios las pruebas para detectar la enfermedad SARS-CoV2, a través de la resolución 00027-2021 el Ministerio de Salud Pública, luego determinó como requisito obligatorio una prueba antigénica para que las ARS puedan cubrir una (1) prueba PCR al año a sus clientes.

La inflación y tendencia al aumento de los combustibles impidiendo que el dominicano de a pie ahorre mínimamente.

A esto le sumamos la percepción ciudadana de que el gobierno de Luis Abinader realiza una baja la inversión social, y cuyo enfoque esencial ha sido el desarrollo del turismo y su apoyo irrestricto  a los empresarios. Esto se puede palpar con la creación de alianzas y fideicomisos para la administración de sectores neurálgicos para el desarrollo social y económico del país.

El desequilibrio se manifestará cuando los empresarios empiecen a ver números rojos por el déficit que genera la falta de pago, porque si no se realiza aumento de salario a los empleados acorde al costo de la canasta familiar, la inflación impedirá que el dominicano de a pie honre sus compromisos básicos y pueda apenas sobrevivir.

De acuerdo a las proyecciones del proceso inflacionario, en cuestión de meses veremos la soga apretar el bolsillo de las familias dominicanas, y cuando ese momento llegue, ¿Abinader y su gobierno tornarán la mirada hacia el pueblo o seguirán con el apoyo irrestricto hacia los empresarios?… El tiempo nos responderá… Mientras tanto, fiesta de préstamos y mañana gallos.

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