¡Lo casual no existe, todo tiene un porqué!

Por Rolando Fernández jueves 30 de marzo, 2017

Cuando no es posible determinar con precisión la verdadera razón de las cosas, se atribuyen a la buena, o mala suerte, sino a la casualidad, como en estos momentos se están expresando los científicos con respecto a la terrible e incurable enfermedad del cáncer. ¡Nuevo eso!

Claro, es algo que se puede considerar como una salida, para solapar la imposibilidad humana, reconocer lo limitada de la mente de los hombres (general), como poco disminuir los egos envalentonados que intervengan; y, para minimizar importancia a las prescripciones de carácter divino, que para todo rigen en el Universo creado.

¡No es la primera vez que sobre eso se habla!, aunque antes se atribuyó a la suerte. Claro, se regresó recientemente haciendo referencia a otra razón atribuible – la casualidad -, no muy bien fundada, con intermedio de tiempo apreciable para justificar, obviamente.

Como ya la ciencia se ha hartado de buscar explicación a la maligna enfermedad del cáncer, sin encontrarla aún, y no queriendo los cientistas dar su brazo a torcer, y mucho menos asociar la afección a puniciones de carácter kármico, en base a la “Ley Natural de Causa y Efecto”, que guardan estrecha relación con el sendero evolutivo consciente por el cual debe transitar la especie humana durante las corrientes vida que se cursen, presupuestadas por las entidades divinas encargadas, ahora retornan con la inclusión de otro factor de riesgo que relacionan con la afección: la casualidad.

Ya en una ocasión se restó importancia a los modos de vida y factores hereditarios incidentes. Según los abrazados a la ciencia nada más, “el fumar y beber, entre otros, pueden aumentar las posibilidades de contraer el mal, pero no es que lo producen”. ¡Fuera los malos hábitos de vida, con respecto a contraer la enfermedad!

“El secreto está en las mutaciones aleatorias que se producen en la división de las células”. De ahí que se atribuya a la mala suerte en las tantas personas que sufren del mal, se dijo tiempo atrás. Los demás deben ser dichosos, por supuesto, ¡si fuera así en realidad!, agregaríamos nosotros. (Véase: periódico “HOY”, edición de fecha 2-1-15, página 11B).

Ahora se viene con: “Según estudio la “casualidad” juega rol en origen del cáncer”. Se cambió la mala suerte por casualidad. Aunque ambas cosas pueden estar interrelacionada, la concepción es poco asimilable para todas aquellas personas que han tratado de indagar sobre el nacimiento de la especie humana, las características corporales individualizadas, como la verdadera esencia de los hombres: espiritual; y, su rol de Expresión Divina en el plano de la materia densa, Atributos Divinos, para manifestación de Dios Mismo, Su Idea Suprema.

¡Dios nunca se equivoca! Y, menos podría decirse, en la construcción de los templos físicos que habrán de servir de albergues a fragmentos expresivos de su Magna Presencia, manifestándose en el planeta Tierra.

Que, por motivos de la misión divina asignada a llevar a cabo, como la carga kármica que se traiga a la encarnación, se prediseñe una economía corporal, cuyas características individuales aparezcan especialmente codificadas en el ADN correspondiente, ya sería otra cosa, y no en realidad que la células sanas cometan errores de manera natural en su multiplicación que puedan conducir al cáncer. Eso es lo que debe ir, y no es cuestión de errar, como señalan los científicos, con todo el respeto que merecen.

“El estilo de vida y la herencia son considerados los factores principales, pero una reciente investigación deja entrever que la casualidad juega un papel mayor de lo que la gente cree: células sanas cometen errores de manera natural cuando se multiplican y las fallas inevitables en ADN pueden derivar en células portadoras de mutaciones genéticas propensas al cáncer”. (Véase: “HOY”, del 24-3-17, página 8B).

Y, dijeron además los investigadores de la Universidad Johns Hopking, que la proporción en que eso ocurre – errores casuales de copiado – a nivel de las diversas formas de cáncer, es de dos tercios aproximadamente, según el estudio difundido.

Eso de que, ¿por qué a mí?, ¿es algo hereditario, como se preguntan muchos de los afectados por la enfermedad?, ¿es que tuve yo la mala suerte?, que son de las interrogantes más frecuentes que se formulan, quedan respondidas con la máxima esotérica: “Nada es casual; todo es causal”.

Sirva la misma en adición, para responder las pretensiones edificantes sobre el terrible mal, a los envalentonados cientitas investigadores, que solo quieren supeditar sus trabajos a los paradigmas convencionales dentro del ejercicio que llevan a cabo, marginando siempre lo espiritual esotérico – evolución de la especie humana -, con sus respectivos eventos punitivos a conquistar, que incluyen enfermedades terminales, como es el caso del cáncer, con tratamientos costosísimos, que a veces ni siquiera se pueden cubrir, para completar la “tragedia”, no realmente mala en el orden evolutivo espiritual.

Los problemas físicos de los humanos no se pueden tratar e investigar por separados. Hay que hacerlo de forma conjunta, con la energía sutil que les vitaliza: las entidades espirituales encarnadas, sujetas a procesos de evolución condicionados en el planeta Tierra, como a los mandatos de la “Ley Natural de Causa y Efecto”.

No se debe olvidar la inexorable aplicación de esa normativa, y que solo el hacedor de todas las cosas, puede conceder algún tipo de dispensación, por la reivindicación humana que se vaya logrando, con respecto a ciertos comportamientos observados anteriormente, y la firme expresión del amor incondicional en favor de sus congéneres, como las demás especies que habitan en el plano de la materia física densa.

 

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