Líderes para el museo

Por Manuel Hernández Villeta Miércoles 1 de Marzo, 2017

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La oposición y el sector oficial tienen un punto de coincidencia; están varados, quedados, en el pasado. Su lenguaje no es articulado en base a necesidades del hombre común, el de la calle, o el pensante de clase media, sino que están en un anaquel de recortes políticos que ya son añejos.

Oficialistas y opositores tienen que remozar el lenguaje. Sus frases pueden ser el deleite de sus seguidores, pero al pueblo no les llegan. Los políticos dominicanos viven en el siglo 20 con las máquinas de escribir mecánicas, cuando ya vamos entrando a la etapa digital y algo más.

Los males de la humanidad no han variado, son los mismos desde hace siglos. Hay la explotación de unos pocos hombres sobre la inmensa mayoría. No hay reparto equitativo de las riquezas y de ahí proviene la mayor de las injusticias.

Los grandes conflictos entre los hombres parten de motivaciones económicas. Desde el amor a la religión, el color y el sabor del oro lo dirigen todo. Males viejos, sufridos por viejas generaciones, pero al discurrir del tiempo, la emergente camada necesita nuevas metodologías para explicarlas.

Para los políticos dominicanos la peor de las experiencias es pensar en el relevo generacional. Nadie se quiere jubilar. Todos quieren seguir por siempre desempeñando un cargo, ser líderes, aunque sea de un grupo que no cabe en una esquina, antes de ser parte de necesarios cambios y transformaciones generacionales.

Pero se quiera o no, los cambios se dan. El viejo liderazgo es sepultado por los nuevos, pero surge un problema existencial. Si no es preparada la transición de forma inteligente, se da de una manera burda y se convierte en una farsa.

De ahí que en vez de superar a sus maestros, el nuevo liderazgo político dominicano luce endeble, efímero, sin pies de plomo para caminar, y más bien con las rodillas de barro, listos para caer al primer vendaval.

La República Dominicana necesita líderes fuertes, de ideas firmes, que se comprometan en cambios trascendentales. Nunca los procesos sociales pueden ser detenidos por los caprichos individuales. Por las buenas o a empujones el relevo se dará, y las ideas de museo de muchos dirigentes activos con mentalidad del siglo 20 serán enterradas en el basurero de la historia. ¡Ay!, se me acabó la tinta.