Leonel, Danilo y la historia III

Por Borja Medina Mateo lunes 25 de noviembre, 2019

Durante más de siete años he conversado de manera permanente con mi gran amigo, el Ing. Pedro García, sobre la evidencia política de la relación entre el Dr. Leonel Fernández y el Lic. Danilo Medina. Esto, por supuesto, vinculado en cierta forma a nuestra modesta cercanía con el primero.

Lo que he podido pensar al respecto lo he recogido en dos partes anteriores de este mismo título. Pero, en esta tercera entrega, estableceré (por última vez a través de mis artículos) lo que a nuestro humilde entender ha ocurrido con estos dos personajes de la política vernácula contemporánea, que ha resultado claramente develado con sus últimos discursos: El de Leonel Fernández de renuncia del PLD y el de Danilo Medina en respuesta a ese discurso.

Sin embargo, muy al margen de esa cercanía, he procurado testimonios, lecturas, vivencias y otros elementos documentales que sustenten objetivamente lo que plantearemos a continuación, aunque no todo pueda ser público en este momento.

El Gobierno del PLD del 1996

El Partido de la Liberación Dominicana llega al poder por vez primera en el año 1996, bajo el liderazgo del Dr. Leonel Fernández. En su primera ocasión en el despacho presidencial fue recibido por tres personas: el periodista Juan Delancer, la Dra. Margarita Cedeño Lizardo y el Lic. Danilo Medina. A este último se le atribuyen muchas cosas: ser el estratega y armador estelar del PLD y sus dos primeros gobiernos, entre otras cosas.

Medina ha demostrado de múltiples maneras sus dotes para maniobrar en la política de forma estratégica. Pero, luego del desenlace ocurrido en el PLD, he arribado a la siguiente pregunta: ¿Danilo Medina fue quién construyó a propósito el mecanismo de trabajo de Leonel Fernández que muchos entienden impersonal, burocrático y no apto para el ejercicio político en la República Dominicana?

Con esto nos referimos a que, como Danilo Medina era la persona de mayor poder, influencia y cercanía con Leonel Fernández, era quien podía dirigir el ambiente, el ánimo y el comportamiento de toda la estructura del partido y del gobierno que operaba y ejecutaba las decisiones de ellos. Es decir, al Danilo conocer tan bien la personalidad y la conducta de Leonel que, por ejemplo, podía pautar el ritmo de una jornada laboral y, por consiguiente, establecer límites, formas y mecanismos de comunicación con quien a la sazón era su superior directo.

Cosas como: “El presidente tiene prioridad en tal tema”, “para hablar con el presidente hágalo de tal forma, en tal tiempo y por esta vía”. Esas expresiones pueden crear un mecanismo de trabajo que no necesariamente le haya resultado efectivo al presidente Leonel Fernández, pues se trata de un modelo anticuado que ubica a los dignatarios tan por encima de lo cotidiano que requieren de un intermediario para comunicar y trabajar temas específicos. En este caso, el intermediario fundamental era el entonces Secretario de Estado de la Presidencia: Lic. Danilo Medina.

¿Le dio el Dr. Fernández ese poder a Danilo Medina? Si. ¿Por qué? Por dos razones principales: la primera es que a quien se le atribuye haber armado la estructura electoral de campaña es a Danilo. También a quien se le ha atribuido haber armado, en gran medida, la estructura interna del PLD. A eso fue que Danilo Medina llamó “mis fuerzas” en su discurso de respuesta al Dr. Fernández.

En segundo lugar, el que llega a conocer ligeramente a Leonel Fernández puede darse cuenta con rapidez que su personalidad podría ser, en ocasiones, ingenua y confiada. Sin embargo, lo enfocaríamos esta vez en su alto sentido del mérito. O sea, de que entendía merecedor a Danilo Medina de tales facultades, debido a que había ejercido con éxito sus funciones en la campaña para llegar al poder.

Ahora bien, Leonel Fernández no previo que, precisamente por la irrenunciable condición humana que mencionó en su discurso de salida del PLD y por la personalidad de Danilo Medina, se había creado un patrón de trabajo poco efectivo para él o que siempre dependería de la intervención o tratamiento de un tercero para la consecución de los objetivos. Es por ello, que cualquiera pudiera preguntarse, ¿Por qué los escándalos más graves de corrupción en el segundo y tercer gobierno del PLD fueron exactamente luego de la renuncia de Medina de la Secretaría de la Presidencia? ¿Tendrá eso alguna relación?

A nuestro modo de ver si, tienen relación. Pues quien tenía el trato directo con los funcionarios sobre los proyectos y su ejecución diaria era el Secretario de la Presidencia; quien les dictaba la línea gubernamental era el Secretario de la Presidencia. Además, era quien conocía perfectamente de las pasiones del expresidente por la academia, las relaciones internacionales y el mundo macro e intelectual en todo el sentido de la palabra y el tiempo que le dedicaba a ello. En tal caso, el ex jefe de Estado resultaría una víctima.

Esta idea cobra mayor sentido cuando vemos que el discurso político de Danilo Medina en sus campañas del 2012 y del 2016 ha sido vender cercanía, trato directo, conversación llana y simple. Todo eso en franca diferenciación del modelo presidencial que sustituyó. Esto se convierte en irrefutable cuando hemos visto que su seleccionado a sucederle eventualmente, intenta manejar el mismo discurso de distancia con el estilo anterior.

En síntesis, ese método de trabajo indirecto y de intermediación le resulta cómodo a una personalidad proclive a la reflexión, contemplación, la academia y los altos estudios sociales. Por tanto, no ve necesidad en cambiarlo. Pero, al mismo tiempo, llegada la hora, le permitió a una personalidad pragmática y de escasas luces intelectuales variar las lealtades y las amistades que se ofendieron con aquel viejo formato.

En la política dominicana eso obra en el plano personal y emocional de la relación gobernante y gobernados, o, en la relación líder y seguidores. Ya que nadie puede renegar de la naturaleza humana y, en tal sentido, no todos optan por el método racional y conceptualizado de actuar en la política como en países desarrollados.

En consecuencia, habría que analizar qué tanto eso ha influido en todo el tiempo fuera del poder y en la precampaña de las pasadas primarias del 6 de octubre.

 

Desenlace: la verdadera diferencia

Luego de las primarias abiertas del PLD y las denuncias de fraude automatizado, ocurrió lo inesperado: el Dr. Leonel Fernández pronuncia un discurso de renuncia y el Lic. Danilo Medina reaccionó con una alocución de respuesta. La división se había consumado.

La gran diferencia radica en el carácter personal que tomó la contienda y, de esa manera, en los principios y valores de cada individuo. Así como en sus fortalezas y debilidades. Pero, esto fue evidente en los mencionados discursos de uno y otro respectivamente.

Por un lado, una exposición de hechos que deja demostrada una conspiración e intención de dañar un legado, a la cual nos adherimos. Por otra parte, una reacción airada, resentida y explosiva, que lució con algunas certezas.

Lo cierto es que el Dr. Leonel Fernández no fue presidente porque se lo propuso y se entendía merecedor de ello, sino, más bien, por sus cualidades y aptitudes innatas. En cambio, Danilo Medina, se entendió merecedor de la presidencia por haber sido el constructor de la estructura del partido y pieza fundamental de sus primeras dos victorias. Siendo el primero un ejemplo de liderazgo natural, ya que el líder no se autoproclama como tal. En cambio, el segundo es un líder por su función de jefe de Estado.

Finalmente, lo que demuestra el carácter personal dado por el discurso de respuesta es que todo tiempo se hablaba en primera persona y como titular de cosas que son asuntos de Estado y de institucionalidad. Es decir, corresponden a una función y no a la persona en sí. Por ejemplo: el hecho de haber trabajado arduamente en la creación del aparato partidario no lo hace acreedor de este para considerarlo “sus fuerzas”, como dijera en dicha alocución. O, cuando mencionó que funcionarios designados en el exterior habían venido al país “sin su permiso y que nunca los llamó para pedirle cuentas de por qué se encontraban en el país”, la ley prevé mecanismos para esos casos, no se trata de niños que fueron al parque sin avisar.

En fin, habrá visiones e interpretaciones de los hechos nuevas cada día, pero será asunto de la historia establecer una versión final.

Pese a todas las anécdotas privadas que puedan surgir, lo incontrovertible, público e irrefutable es que: Leonel Fernández fue quien hizo presidente a Danilo Medina y no al revés. Eso es lo que reconoce el pueblo como la verdadera diferencia.

 

Por Borja Medina Mateo

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