Leonel confundió el arco con la flecha

Por Manuel Cruz sábado 12 de octubre, 2019

Existe un famoso refrán campechano que dice que “cuando el domingo será frio desde el viernes se siente la brisa”, si extrapolamos ese aforismo al campo de las campañas electorales debemos concluir diciendo que cuando se busca el poder la guerra está al doblar de la esquina. Desde esa perspectiva, dentro de esta guerra que tiene en ascuas al país por casi dos años Leonel Fernández demostró tres cosas; 1ro que es un verdadero coloso, 2do que muchos de los que le llamaban minoría delante de él son unos insignificantes electorales y 3ro, que hoy no existe posibilidad alguna que el PLD pueda mantenerse en el poder sin el apoyo de él.

Los errores de Fernández

Al margen de lo antes expuesto, la realidad es que Leonel hoy se encuentra en esta engorrosa situación por la gran cantidad de errores que cometió en su campaña. Verbigracia, el 1er gran error fue ignorar la ley 19 del gran Robert Greene y “ofender a la persona equivocada”. El 2do error es casi imperdonable viniendo de Fernández; toda vez que, tener una expectativa plausible del triunfo como él lo expresó en los medios y subestimar a tu oponente es desconocer que él mismo demostró en 1996 que en política no existen enemigos pequeños. A tal punto, que se arriesgó a presagiar que no existía posibilidad alguna de que pudiera perder.

De igual forma, Leonel estaba tan convencido de que era inexpugnable que se dieron el lujo él y su equipo de disparar fuera del blanco, cometiendo el error garrafal de fundar su estrategia en vender al electorado la condición de liliputiense de su oponente frente a Fernández. Empero, obviaron dos cosas fundamentales; que nadie te apoya por tus defectos sino por una fortaleza particular y, que los disparos estratégicos debieron ir a otro lugar ya que su oponente era solo un holograma de su verdadero enemigo. Por eso, la escritora española Concepción Arenal sentenció “que los errores son armas que acaban siempre disparándose contra quien los emplea”.

Era una guerra, no una campaña

Hasta un niño debe haber escuchado que el gran historiador y general prusiano Carl von Clausewitz manifestó, “que la guerra era la continuación de la política por otros medios y viceversa”. En ese sentido, resulta muy paradójico y hasta bufonizo que Fernández se haya empeñado en realizar la campaña electoral más agresiva en la historia del país, cuando lo que debió hacer fue abastecerse de municiones para pelear la guerra más difícil de toda su carrera. Por ello, yo tenía año y medio presagiando que aun Leonel con todo ese poderío que tenía y sus 80 elefantes encontraría su batalla en Zama; igual como le pasó Aníbal Barca frente a Escipión.

Por tal razón, como se enfocó en el arco y no en la flecha ignoró el famoso refrán de que “guerra avisada no mata soldado”. Desde que su oponente en tan solo días avasalló con todo el poder a los 6 precandidatos que tenían dos años recorriendo el país y, cuando se hizo el reporte financiero ante la JCE se observó que su oponente en tan solo 40 días ya había gastado mucho más que él en dos años de campaña. Asimismo, obvió que sus antiguos generales hoy eran sus oponentes y el historiador y teólogo español Juan De Mariana dijo, que “el poder de los príncipes es débil cuando dejan de respetarlo sus vasallos”.

 

El próximo paso

Aquellos que desarticularon en esta campaña el proyecto político de Fernández están tan obnubilados; que al parecer no acaban de comprender que el resultado electoral probó que existe una interdependencia entre él y ellos. En virtud de ello, seguir atacando a un hombre herido que tiene en sus manos un misil Avangard, es lo mismo que subir a todos los peledeistas a un avión y tirarlos sin paracaídas. Con el agravante, de que están ignorando el principio maquiavélico de que “no hay que atacar al que tiene poder si no tienes la seguridad de destruirlo”. Por eso, si quieren seguir en el poder deben ir pensando en tratar a Leonel como una chapiadora, donde todos saben que él no los quiere pero que siempre esté contento.

Dentro de ese contexto, lo peor de todo esto es que aquellos que tenían condiciones para ser árbitros en esta guerra prefirieron ser soldados. En efecto, sino hubiese sido la JCE quien organiza y dirige el proceso es casi seguro que estuviéramos contando muertos y no votos. Además, si ahora no logran cohesionar ese partido van a recibir de Fernández la venganza que vive en todos los seres humanos y, no olvidemos que el escritor y periodista húngaro Sándor Márai estableció con mucha propiedad que, “nunca son tan peligrosos los hombres como cuando se vengan de los actos que ellos también han cometido”.

 

Autor: Lic. Manuel Cruz (M.Sc.)

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