Leandro Erlich lleva a Arco su juego con la realidad en “Certezas efímeras”

Por Carlos Luis Baron Jueves 23 de Febrero, 2017

EL NUEVO DIARIO, MADRID.- La realidad "no es una materia fija, establecida y finita", asegura el argentino Leandro Erlich y por eso la interpela y juega con ella en su exposición "Certezas efímeras", donde las cosas no son lo que parecen.

Erlich, uno de los artistas visuales argentinos con mayor proyección internacional, lleva a Espacio Telefónica de Madrid dos de sus obras en una de las muestras que configura el programa alternativo de la presencia de Argentina como país invitado de honor en la Feria Internacional de Arte Contemporáneo ARCO.

"Nido de las nubes" y "Changing Rooms" son las dos instalaciones que conforman "Certezas efímeras", en las que mapas y espejos sirven al artista para jugar con los conceptos de realidad y certeza.

Erlich (Buenos Aires, 1973) explica a Efe que con "Certezas efímeras" reflexiona sobre la necesidad de "tener capacidad crítica, de cuestionar aquello que es un hecho incuestionable" y es que "hay que estar alerta porque nada de lo que construye el hombre tiene la perennidad de una montaña o de un océano".

Como no son perennes las fronteras, que en "Nido de las nubes" parecen difuminarse. Encerradas en siete vitrinas otras tantas nubes suspendidas en el aire recuerdan los mapas de los seis países fundadores de la Comunidad Económica Europea -Francia, Bélgica, Luxemburgo, Italia, Holanda y Alemania- más España.

Vistas de frente, las nubes parecen estar hechas de humo que se disipa, pero de perfil tal humo no existe, son pantallas de vidrio colocadas a corta distancia unas de otras y entre ellas solo hay vacío. Así el autor desafía la percepción del visitante, una de las señas de identidad de su obra.

El juego de buscar formas en las nubes "es muy antiguo", pero esas imágenes que se creen reconocer son transitorias, señala Erlich, quien con esta obra quiere "generar esa suerte de contradicción entre algo que muta, se esfuma o se agranda y los límites que ponemos a las cosas: las convenciones geográficas o políticas a las que, de alguna manera, les damos un carácter de perdurabilidad como eterna".

"Nido de las nubes" cuestiona la realidad de una manera muy diversa a la que se experimenta con "Changing Rooms", que requiere la participación activa del espectador, una de las señas de identidad de la obra de Erlich, a quien le gusta jugar con la realidad y crear ilusiones.

"La realidad es para mí un campo de trabajo y de permanente interpretación, desde el chamán en la cueva siempre nos ha interpelado la realidad, el orden de las cosas y nos ha movido a investigar, a saber más", precisa.

Y es que, "si no nos cuestionamos la realidad, ¿qué nos queda?, aceptar un orden donde la realidad es una materia fija, establecida y finita, pero no es así", dice Erlich, que es "definitivamente inconformista", en el sentido de seguir haciéndose preguntas, "aparezcan las respuestas o no", pero sin perder el sentido crítico.

Cuestionar y cuestionarse hasta la propia identidad, como sucede con "Changing Rooms", un laberinto creado por 30 probadores de ropa del que el visitante debe salir desafiando a un juego de espejos en el que a veces su reflejo es infinito, otras desaparece y otras se convierte en el de un tercero.

"En la medida en que el público va ingresando (en la instalación) se da algo muy interesante. No es solamente perderse en un laberinto, sino también descubrir que el otro se transforma, por un momento, en nuestro reflejo y nosotros somos el otro", es un pensamiento "bastante borgiano".

A Erlich, que representó a su país en la Bienal de Venecia de 2001, le gusta usar espacios cotidianos en los que usa la técnica del trampantojo y otras ilusiones ópticas, para retar al espectador a que descubra cosas antes que para engañarle.

"Busco que mi arte dé libertad al espectador", señala el argentino, quien no cree que la interpretación que él da a sus obras sea la única válida.

Antes al contrario, para Erlich es importante que el público que acude a sus exposiciones haga "ese 50 por ciento de trabajo que tiene que ver con interpretar la obra", además de "sorprenderse, divertirse y pensar".