Latinoamérica sin Chávez

Por Aneudy Ramírez Núñez martes 7 de marzo, 2017

El liderazgo regional se ha visto menguar y cuasi desaparecer desde la desaparición física de Hugo Chávez dejando prácticamente en el anonimato figuras trascendentales que se cobijaron bajo la sombra del comandante.

Como era de esperarse, algunos de sus fieles y más cercanos colaboradores enarbolarían sus rudos discurso contra el imperialismo pero no sería suficiente para superar aquella antítesis capitalista que por más de una década precedieron la política latinoamericana.

A cuatro años de su muerte nadie ha podido ocupar su lugar, nadie ha tenido los recursos suficientes, su ambición y su misión de ser un Bolivar que defiendan los intereses de la “Gran Colombia.”

Con la llegada de Chávez al poder se crearon organismos regionales para contrarrestar el poderío de los Estados Unidos en Latinoamérica. Junto a Brasil y su petrodiplomacia Chávez se ocupó de crear la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) así como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe (Celac) dejando fuera a la nación imperialista.

De igual modo fue el artífice de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) que integra a nueve países que se han sido beneficiados de las ayudas que otorgaba Chávez a través de proyectos petroleros, inversiones energéticas y proyectos de infraestructuras.

La izquierda sin Chávez ha sido silenciada cuando se pensaba que Rafael Correa que ha mantenido su fiel discurso, tomaría el relevo del fenecido presidente pero no cuenta con los recursos necesarios para provocar una integración más radical entre los líderes de la izquierda latinoamericana.

Los pronunciamientos más certeros han sido revocados por el surgimiento de una clase social que no da paso al fortalecimiento de la política de izquierda donde pocos han visto esperanzados sus sueños de ver una América latina unida y una región más integrada a las luchas sociales y patrióticas.

Latinoamérica sin Chávez está a merced de su verdugo y pronto veremos cambios sustanciales en la política regional provocada por la llegada de la antipolitica representativa a los atrios de la Casa Blanca.

 

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