Las ventajas del teletrabajo en el inabordable terreno de la protección laboral

Por Francisco Cabrera Mata lunes 14 de diciembre, 2020

Si definir teletrabajo suscita diferencias, amén de que la idea promovida por la OIT sobre el lugar de la prestación del servicio y el uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s) resulta común a la mayoría de intentos, el tema asociado a las ventajas que se atribuyen a la modalidad no ha sido menos. Estas, que suenan tan reales como atractivas, no caminan libres de censuras; en algunos expertos el modelo es oportunidad y trampa[1].

Pero la realidad primera es que con el propósito de lograr mayor competitividad y productividad, a nivel global un gran número de empresas ha asumido las TIC’s como mecanismo de organización; con ellas, por su lado, el trabajador tiene a su disposición el control de variables que no estarían a su alcance en el modo presencial. Por eso, pese al esfuerzo conservador, el consenso registra el reconocimiento de beneficios concretos en favor de trabajadores y empleadores que, de paso, aprovechan a toda la colectividad.

En el orden socioeconómico, por ejemplo, el impacto en la distribución de la población que se produce cuando un asalariado puede ingresar al trabajo sin necesidad de abandonar su lugar de origen para llegar o instalarse en las zonas donde funciona la empresa, no parece ficticio [2]. En este contexto, a fin de acceder a mejores expectativas de vida, la persona no aporta a los hacinamientos de las ciudades, contribuye al descongestionamiento del tránsito y, con ello, a mejorar las condiciones medioambientales.

Para el empleador, fuentes consultadas estiman como favorable que la condición de tener acceso a mano de obra escasa o ausente en la localidad-sede, le permitirá disponer de personal con mejores competencias a solo un clic de distancia. Además, a pesar de que el injerencismo estatal propio de las relaciones laborales pretenda desconocerlo, las empresas están llamadas a experimentar reducción en los gastos que requieren la preparación de espacios y la realización del trabajo.

Respecto a los prestadores del servicio, el asunto también lleva gracia. La posibilidad de insertar al sector productivo a prospectos generalmente ignorados en los mercados laborales, caso de las personas con cierta discapacidad, los que han alcanzado determinada edad y aquellas cuya presencia en el hogar es imprescindible para la vida familiar, es un encanto. Esto marca positivamente la vida de quien desde estas circunstancias pueda aprovechar el teletrabajo.

En general, a favor del trabajador, la atención mira hacia la reducción o eliminación del dinero y tiempo usualmente invertidos en transporte y vestimenta. Constituye, por igual, una oportunidad de seguir aprovechando la calidad de la alimentación que ofrece el hogar y de recuperar el contacto familiar que estila robar cada salida obligatoria. En efecto, estar en la casa por más tiempo que lo permitido cuando cumplimos un horario en forma presencial, incide en el crecimiento integral de las personas. Esto fortalece los lazos familiares.

Empero, no se trata de una carta sin reglas. Pues, mientras un ser humano preste servicios bajo la dependencia de otro, habrá Derecho del Trabajo abriendo sus alas protectoras para  preservar la dignidad. Lograr esos propósitos sin afectar la esencia del teletrabajo es tarea que nos desafía. Ahora, reducir el esfuerzo a elevar los compromisos del empleador y restar al trabajador la decisión de jugar con el horario, parece poco creativo. A nuestro juicio, tira por la borda incentivos emblemáticos del esquema.

Dicha preocupación no surge del vacío, viene de una señal tan recurrente como para ser considerado tema a valorar con actitud crítica. Por solo citar dos casos recientes, nuestra norma acomoda las bases para dejar sobre el empleador la obligación de proporcionar equipos y costear la operación de estos trabajos a la distancia; en tanto que, en México una reforma en gestación busca conminar al empleador a cubrir tales costos. En el otro orden, es cada vez más frecuente delimitar los espacios destinados a descansos definiendo previamente una jornada. Así, la amenaza apunta a ambos frentes e invita al debate.

Es que en esas condiciones el régimen nace endeudado con los beneficios a derivar del  modelo. El teletrabajo responde a un contrato de lealtad reforzada que suele ser ejecutado desde plataformas que el trabajador tiende a poseer y que de ordinario infrautiliza. Observemos que todos los trabajos no llevan vocación para ser ejecutados en la modalidad. Esta actividad exige del trabajador habilidades y capacidad específicas para responder a distintos requerimientos y condiciones[3]; méritos que facilitan su incorporación al sistema.

Por tanto, en función a su especificidad, el teletrabajo respira flexibilidad con fuerza suficiente para marcar distancia razonable de aspectos que son innegociables bajo el modelo presencial. Los riesgos y los daños eventuales que acarrea teletrabajar no ensombrecen ni su potencial laboral ni los beneficios que comporta de cara a conciliar la vida laboral y familiar[4]. De ahí que, al momento de reglamentar, la clave estará en saber armonizar con criterios de utilidad los intereses que allí convergen.

[1] SÁNCHEZ, Carmen Pérez; MOZO, Ana María Gálvez. Teletrabajo y vida cotidiana: Ventajas y dificultades para la conciliación de la vida laboral, personal y familiar. Athenea Digital. Revista de pensamiento e investigación social, 2009, no 15, p. 57-79.      Disponible en: Teletrabajo y vida cotidiana: Ventajas y dificultades para la conciliación de la vida laboral, personal y familiar (atheneadigital.net)

[2] MEJÍA, Marcela Rodríguez. El teletrabajo en el mundo y Colombia. Gaceta laboral, 2007, vol. 13, no 1, p. 29-42. Disponible en https://www.redalyc.org/pdf/336/33613102.pdf

 

[3] HAVRILUK, Lubiza Osio. El Teletrabajo: Una opción en la era digital. Observatorio Laboral Revista Venezolana, 2010, vol. 3, no 5, p. 93-109.] Diponible en https://www.researchgate.net/profile/Lubiza_Osio_Havriluk/publication/45376896_El_Teletrabajo_Una_opcion_en_la_era_digital/links/56e7795708ae438aab883bbe/El-Teletrabajo-Una-opcion-en-la-era-digital.pdf

[4]   SÁNCHEZ, Carmen Pérez; MOZO, Ana María Gálvez. Ob. Cit.

Por Francisco Cabrera Mata

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